El Domingo de Ramos

Mons. Escudero   Estamos a punto de comenzar un año más la Semana Santa, durante la cual la Iglesia celebra los misterios de la salvación realizados por Cristo en los últimos días de su vida en la tierra. La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos ‘de la Pasión del Señor’, que comprende a la vez el triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión. En la lectura del Evangelio que precede a la procesión de las palmas leeremos: «Llevaron el borrico, le echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás gritaban: “Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. ¡Hosanna en el cielo!”» (Mc 11, 7-10).

En el Domingo de Ramos la liturgia conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén con una procesión, presidida por el Obispo. Éste representa a Jesús y los demás clérigos y fieles acompañan con ramos y palmas. Jesús, el verdadero Mesías enviado por Dios Padre, entra en la ciudad santa sin un ejército en armas, defraudando a los falsos mesianismos de la época. Por el contrario, Jesús muestra su verdadero mesianismo entrando, humilde y sencillo, montado sobre un borriquillo. Cumple así la profecía de Zacarías cuando anunciaba: «¡Exulta Sión, grita de alegría Jerusalén! Que viene a ti tu rey: justo y victorioso, humilde y montado en un asno, en una cría de asna» (Zac 9, 9). La muchedumbre lo saluda gritando «Hosanna», que significa «¡sálvanos!», «¡danos la salvación!». Igualmente lo aclaman diciendo: «¡Bendito el que viene en nombre del Señor!». Esta frase, tomada del Salmo 118, indica el reconocimiento de Jesús como Mesías, que viene de parte del Señor, el Dios de Israel. Jesús es aclamado como el Mesías esperado por el pueblo. Por unos momentos parece que el reino de Dios puede hacerse realidad ya en esta tierra. Diríase que el pueblo va a convertirse definitivamente. Que las autoridades religiosas van a tener que reconocer al profeta venido de Galilea como el enviado definitivo de Dios.

Pero, Jesús sabe lo que le espera en Jerusalén… Él mismo lo había anunciado repetidamente a sus discípulos, aunque éstos no lo habían entendido. Parte de ese pueblo que ahora lo aclama, va a pedir, hábilmente manipulado por las autoridades, su muerte en la cruz. Y el Señor, cumpliendo la voluntad del Padre, entra libremente en Jerusalén…

La celebración del Domingo de Ramos irá precedida por una tradición muy popular en Palencia, como en otros muchos lugares de la cristiandad, armonizándose así la celebración litúrgica con la piedad popular. A las 10.30 de la mañana, se procederá a la bendición de las palmas en la capilla de la Cofradía Penitencial del Santo Sepulcro. A continuación se iniciará la procesión litúrgica.

La festividad continuará con la Misa en la Catedral, durante la cual se leerá entera la Pasión del Señor, sirviendo así de pórtico solemne a las celebraciones de toda la Semana Santa. El Prefacio de la Misa resumirá el sentido de estas celebraciones cuando diga: «El cual, siendo inocente, se entregó a la muerte por los pecadores, y aceptó la injusticia de ser contado entre los criminales. De esta forma, al morir, destruyó nuestra culpa, y, al resucitar, fuimos justificados».

Posteriormente, como camino de vuelta a la Cofradía, tendrá lugar la procesión conocida popularmente como “de la borriquilla”, donde los hermanos del Santo Sepulcro portarán palmas y ramos. Y, como curiosidad, señala el programa oficial de actos, cultos y desfiles procesionales, “desde hace varios años se ha impuesto como saludo de homenaje filial el pasillo de despedida que se hace a la imagen de Jesús sobre la pollina con un emocionante batir de palmas de todos los hermanos y hermanas participantes en la procesión”.

Finalmente, muchos de ellos conservarán en sus hogares los ramos de olivo o pondrán en los balcones las palmas que llevaron en la procesión. Refiriéndose a estas costumbres populares, el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia de la Santa Sede insistirá en que lo verdaderamente importante es participar en la procesión “y no simplemente procurarse una palma o ramo de olivo; que éstos no se conserven como si fueran amuletos… sino que la palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual”.

La bendición de las palmas y ramos de olivo, la procesión, así como la costumbre de conservar estos ramos de olivo o adornar los balcones de las casas con las palmas adquieren todo su sentido por la participación en la Santa Misa del Domingo de Ramos y por la comunión con Cristo, que entra en Jerusalén, mediante la recepción de su Cuerpo y de su Sangre en el sacrificio eucarístico.

Como he dicho en mi saludo a la Hermandad de Cofradías en el librito con el programa de los actos que se van a celebrar durante estos días, “a través de estas líneas quiero invitar a todos los palentinos a participar en los actos litúrgicos que se celebran en las iglesias en estos días santos y después salir a las calles a contemplar piadosamente las imágenes y pasos que nos muestran plásticamente los acontecimientos celebrados en la liturgia”.

Con mi afecto y cariño a todos los miembros de las cofradías y hermandades penitenciales y a todo el pueblo palentino, recibid la bendición de vuestro obispo

+Esteban Escudero

Obispo de Palencia

Mons. Esteban Escudero Torre
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Mons. Esteban Escudero Torres nació en Valencia, el 4 de febrero de 1946. Cursó los estudios primarios y el bachillerato superior en el Colegio de los PP. Agustinos, de Valencia. A la edad de 17 años entró en el Seminario Metropolitano, sito en Moncada, donde cursó tres años de Filosofía y tres de Teología. Tras el bachillerato en Teología, obtuvo, en 1970, la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Con permiso del entonces Arzobispo de Valencia, don José María García Lahiguera, inició estudios de Filosofía en la Universidad literaria de Valencia obteniendo, en 1974, la Licenciatura en Filosofía pura. Durante el tiempo de sus estudios civiles, trabajó activamente en la Comisión Diocesana del Movimiento Junior, organizando frecuentes cursillos de formación religiosa y de técnicas de tiempo libre para los educadores de los distintos centros Juniors de la diócesis. Tras un año de diaconado en la Parroquia de San Martín, en la ciudad de Valencia, fue ordenado sacerdote el 12 de enero de 1975 y destinado, como coadjutor, a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, de Carlet. Durante cuatro años, simultaneó los trabajos pastorales de vicario parroquial con las clases de religión en el Instituto de Bachillerato de la localidad. Igualmente dirigió y animó espiritualmente el centro del Movimiento Junior de Carlet. Enviado a Roma en 1978 para ampliar estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana por el Arzobispo don Miguel Roca Cabanellas, obtuvo el grado de Doctor en Filosofía de la Universidad con una tesis sobre el pensamiento filosófico de don Miguel de Unamuno. De regreso a la actividad pastoral de la diócesis, colaboró en la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y, posteriormente, en la Delegación Diocesana de Enseñanza y Educación Religiosa, donde desempeñó el cargo de Coordinador de la Enseñanza Religiosa Escolar y Director de la Escuela Diocesana de formación del profesorado de Enseñanza Religiosa Escolar. Igualmente, fue adscrito a la Parroquia de Nuestra Señora del Socorro, de Valencia, donde ha venido trabajando pastoralmente hasta su ordenación episcopal. Durante seis años fue profesor de Filosofía en el C.E.U. San Pablo de Moncada y, desde 1988, profesor, jefe de estudios y posteriormente director de la Escuela Diocesana de Pastoral. Al erigirse en 1994, por el Arzobispo don Agustín García-Gasco, el Instituto Diocesano de Ciencias Religiosas, fue nombrado Director, recorriendo regularmente las distintas sedes del mismo, e impartiendo clases de Fe-Cultura y Teología Dogmática. Desde 1982 impartió diversas asignaturas en la Facultad de Teología «San Vicente Ferrer», de Valencia, haciéndose cargo, como profesor agregado de dicha Facultad, desde el curso escolar 1988-1989 hasta su nombramiento episcopal, de las asignaturas de Historia de la Filosofía Antigua, Historia de la Filosofía Moderna y Filosofía y Fenomenología de la Religión. También fue profesor de Antropología Filosófica en la sede española del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, desde su erección en la diócesis de Valencia. Desde 1988 es miembro de la asociación «Viajes a Tierra Santa con los PP. Franciscanos», habiendo dirigido y animado espiritualmente en numerosas ocasiones peregrinaciones a los lugares santos del cristianismo. Ha participado en varias reuniones y simposios sobre el diálogo, cristianismo y judaísmo. En 1999, don Agustín García-Gasco, Arzobispo de Valencia, le nombró canónigo de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana, donde desempeñó el cargo de Secretario Capitular. Es autor de varios artículos de Filosofía y Teología de las Religiones, publicados en los números de la Revista Anales Valentinos de los años 1983, 1989, 1990, 1991 y 1999. Igualmente publicó, en 1994, el audiolibro en seis volúmenes Contenidos básicos de la fe cristiana, Valencia 1994, y el libro Creer es razonable. Introducción a la Filosofía y a la Fenomenología de la Religión, Valencia 1997. El 17 de noviembre de 2000, fue nombrado, por Su Santidad el papa Juan Pablo II, Obispo Titular de Thala y Auxiliar de Valencia, recibiendo la consagración episcopal el 13 de enero de 2001.