San Juan de Ávila nos recuerda que "este negocio es todo de amor"

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Sermón 65 [1], Obras completas, BAC (2000), Vol III, pp. 864-876

Anunciación de Nuetra Señora, 25 de marzo

1. Día es hoy de buena nueva; si hoy calláremos, grande culpa será nuestra. Hoy se hizo Dios hombre por los hombres. Creed que si se hiciera piedra, que hablaran hoy las piedras, dando las gracias por tan grandes mercedes.

Las buenas nuevas que hoy se trujeron al mundo, se notificaron primero a la sacratísima Virgen nuestra Señora y verdadera Madre de Dios.

2. […] Missus est angelus Gabriel a Deo (Lc 1,26). «Cuando quiso Dios hacer misericordias al mundo, cuando quiso mostrar hasta dónde llegaba su amor»… Anduve buscando qué día fue éste, cómo llamalle, y no lo pude hallar ni le supe dar el nombre. ¿Qué día es hoy? Día de tales nuevas llámase día de las misericordias de Dios. ¡Bendígante los cielos, Señor! (cf. Dan 3,59). Si le llamamos día del remedio del mundo, eslo; si día de redempción de captivos, eslo; si le llamamos día de desposorios, eslo; si día de dar grandes limosnas, eslo también. El que supo la misericordia, aquél sea el que nos dé a entender el día que es hoy y nos dé a entender cuán grande sea la gracia que hoy recibió el mundo, y la ponga en nuestros corazones, para que la conozcamos.

16. No te llegues con corazón y ojos mundanos, no con corazón profano y deshonesto; desnuda tu razón, llégate con pies descalzos, desconfiado de ti, desarrimado de ti, arrimado y pidiendo socorro a Dios. ¿Qué es esto? Llegaos un poco: ¿qué tiene esta doncella? ¿Qué fuego es este que tiene dentro de sí? Responderos han: No ángel ni arcángel, sino el mismo Dios que está en ella: Yo soy el Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. […] ¿Qué hace el Dios grande encerrado en una doncella? […] Vi el trabajo y penas de mi pueblo y los trabajos y angustias que padece, y he descendido a librarlo yo.

19. Hácese hombre y no deja de ser Dios; dos naturalezas y una persona, de manera que se diga Dios es Hombre, y el Hombre es Dios, y lo que se dice del uno se diga del otro, y que se comuniquen los bienes del Verbo al hombre, y los trabajos del hombre al Verbo. […] Desciende Dios hasta hombre y sube hombre hasta Dios. ¡Qué baja y qué alta! Para que sepáis cuánto puede Dios en bondad, es abajado a hacerse Dios hombre, hasta juntar la humanidad y darle supuesto y personalidad de Dios.

23. Descendir quiero, dice Dios. ¿Qué fue esto? ¡Dios os guarde de amor! Quísonos bien el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. Este negocio es todo de amor. No pidas igualdad, no te metas en ese trabajo, no pidas razón de amor; es amor. ¿Habrá ojos para ver esto, que, por el grande amor que nos tuvo, se bajó y se encerró en el vientre de la Virgen, determinado de pagar y padecer y morir por los hombres, y pagar todas sus deudas, aunque a Él le cueste la vida?

26. Este amor prevaleció tanto en Dios, que lo tenéis hoy Dios y hombre; no procura el amor su descanso, sino el de los otros […] Pues tanto pudo el amor en Dios, que sale de sí, y que pudiese padecer, pues razón es ya que pierdas tú tu sosiego por el prójimo porque él lo tenga; que te metas en trabajos por sacallo a él; que por dalle la vida mueras, pues este amor venció a Cristo a morir por ti. Pues si ves a Dios que perdió su descanso por los hombres, ¿qué es la causa de que no te humillas para ensalzar tu prójimo? No cumplas contigo por cumplir con los otros; pasa necesidad por remediar a los otros; toma ejemplo en Jesucristo, que, siendo rico, se abajó y se hizo pobre; siendo alto, se hizo bajo; siendo honrado, dejó su silla. Cásase con el hombre, olvídase de su grandeza, disimula su divinidad. Aprende, aprende, cristiano. ¡Dios hombre por amores! Razón es que, como la Virgen dice: Ecce ancilla Domini (Lc 1,38), así como Cristo dice: He aquí tu siervo, así tú digas: «He aquí que soy esclavo, no se haga mi voluntad, sino la vuestra» (Mt 26,39), como Él dijo al Padre: «Yo vuestro esclavo soy, hágase vuestra voluntad». En tiempo próspero y adverso, en la vida y en la muerte, ahora y para siempre llámate a boca llena esclavo de Dios, pues que la Virgen así se llama.

29. La subjecta a la voluntad de Dios: Hágase en mí según tu voluntad. Yo esclava soy, para consuelo de todos. Pues si Cristo se llama esclavo del Padre, y la Virgen se llama esclava, ¿qué haces, cristiano? […] Ya tenemos a Dios por nuestro hermano, carne de nuestra carne y hueso de nuestros huesos (cf. Gén 2,23; 37,27); hoy se ha engendrado […]

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