El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa

Mons. Manuel Ureña    Toda la vida de Jesucristo está presidida por una meta: llevar a cabo la redención de los hombres. La redención, que supone liberar al hombre del pecado y de la muerte, y abrirle a la participación de la vida de Dios, no puede ser fruto del hombre. Es necesario que sea Dios mismo quien tome la iniciativa y que, saliendo de su inmanencia intratrinitaria, se acerque al hombre, comparta su ser contingente y herido, y salde la deuda del pecado humano, lo cual implica practicar la expiación vicaria del pecado de los hombres.

Ahora bien, dada la profundidad del pecado humano, tal expiación pasa necesariamente por la asunción de la muerte, y de la muerte en cruz, la cual, en el caso de Dios, termina en la Resurrección.

De ahí que Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre por nosotros y por nuestra salvación, comprenda su vida como camino hacia la cruz. Él sabe que ha venido a salvar a los hombres y que el acto salvífico comporta la muerte en la cruz.

Pues bien, desde estos grandes principios teológicos comprendemos la verdad nuclear de la Semana Santa, que celebramos con fervor año tras año y que comienza con la memoria de la subida de Cristo a Jerusalén para morir por nosotros en la cruz. El Domingo de Ramos se ofrece así como el pórtico de la Semana Santa, pero este pórtico anticipa ya en su liturgia las dos dimensiones del acto salvador de Cristo celebradas a lo largo de esta Semana Mayor: la muerte en la cruz y la vida, la humillación del Siervo de Yahvé y su triunfo, la crucifixión y la resurrección.

Consecuentemente, el domingo de Ramos nos señala el núcleo de esta gran semana de gracia. Este núcleo litúrgico es sin duda la celebración del Misterio Pascual de Cristo, del misterio de su muerte en la cruz y de su resurrección gloriosa, sacramentalmente pre-celebradas en la Eucaristía instituida por Cristo en la Última Cena la noche de Jueves Santo.

Recordando, pues, con fe y devoción la entrada triunfal de Jesucristo en la ciudad santa, acompañémosle en este domingo con nuestro cantos para que, participando ahora de su cruz, merezcamos un día tener parte en su resurrección.

Y, estemos en donde estemos, en los límites geográficos de nuestras parroquias o fuera de éstos, de viaje o de estancia en el monte o en la orillas del mar, participemos en la celebración del Triduo Pascual en el que se despliega la celebración del misterio de la Pascua del Señor.

No olvidemos la misa que tiene lugar en las horas vespertinas del Jueves Santo, con cuya celebración empieza la Iglesia el Triduo Pascual y evoca aquella cena en la que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores también los ofreciesen (Ceremonial de los Obispos, 297).

Tres centros de atención presenta esta misa: la institución de la Eucaristía misma, la institución del Orden Sacerdotal y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna.

Al día siguiente, Viernes Santo, celebramos litúrgicamente, en torno a las tres de la tarde, el acontecimiento histórico de la Pasión y de la Muerte del Señor. El centro de esta celebración es Jesucristo inmolado por nosotros, el cordero verdadero que se pone en lugar de la oveja para librar a ésta de la muerte eterna. De este modo, el Señor con un único sacrificio, esto es, muriendo una sola vez, destruyó nuestra muerte.

Seamos generosos en la colecta de este día, que la Iglesia ofrece por los Santos Lugares de la tierra de Jesús. Es una colecta que ofrecemos para que se cuiden los lugares geográficos que guardan la memoria de la vida terrena de Jesucristo y para que sean atendidas las necesidades de los fieles cristianos que allí viven, pues son hermanos nuestros que cuidan aquellos lugares santos y que no pocas veces son víctimas de la incomprensión de musulmanes y de judíos.

Y, el Sábado Santo, antes de la Vigilia Pascual, de la que nos ocuparemos en  La voz del Prelado del próximo domingo, permanezcamos junto al sepulcro del Señor, meditando sobre su pasión y muerte, sobre su descenso a los infiernos para llevar consigo a los justos que allí se encontraban esperando su venida.

Os deseo a todos que viváis una santa semana. Cristo va a pasar un año más por nuestras vidas. No nos quedemos en las gradas del estadio simplemente contemplando su acontecer. Salgamos a su encuentro y participemos existencial y sacramentalmente en su drama. 

+ Manuel Ureña

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.