Amar y cuidar toda la vida humana

Mons. Julián López    Queridos diocesanos: 

El día 26 de marzo, solemnidad este año de la Anunciación del Señor al caer el 25 en domingo de Cuaresma, dedicaremos nuestra oración y otros actos a la promoción y defensa de la vida humana. Dos noticias recientes, sin conexión aparente entre sí, me mueven a compartir esta reflexión. La primera noticia, del día 2 de marzo, se refería a la “indignación mundial” provocada por un artículo publicado por dos filósofos italianos defendiendo que no hay diferencia entre un feto y un recién nacido y justificando, por tanto, lo que llaman “aborto postparto” y que podría estar permitido en los mismos supuestos en que lo está el aborto o cuando el nacido presenta anomalías graves, y en este caso sería también una forma eutanasia. La segunda noticia, el día 8, lamentaba que no se haya podido revelar lo que distingue al hombre de los simios, una vez que se ha logrado descifrar el genoma del gorila, el único gran simio del que se desconocía la secuencia de cromosomas. En ambas noticias veo hay una coincidencia de fondo. Es esa especie de obsesión por ignorar la esencia de la vida humana, aquello por lo que el ser humano es persona y sujeto de derechos, el primero de los cuales es la vida misma. 

La primera noticia ha producido gran escándalo porque lo que han llamado “aborto post parto” es un infanticidio y, sin embargo, abre camino a la idea de que no todo ser humano es persona sino cuando este alcanza un umbral de autonomía, autoconsciencia, etc. Esto es un ejemplo de hacia dónde conducen los planteamientos que no reconocen que hay vida humana desde la concepción y por tanto un nuevo ser personal con derecho a vivir. Los que se han escandalizado ante el infanticidio deberían rechazar también todo aborto procurado del no nacido incluso dentro de las primeras semanas señaladas por algunas leyes. ¿O es que el feto de pocas semanas no tiene categoría de ser humano ni tiene derecho a vivir? ¿Es que cambia la naturaleza de la vida humana por el hecho de estar dentro o fuera del claustro materno, o de tener más o menos semanas de gestación? Establecer plazos para el aborto, lo mismo que poner en cuestión el derecho a vivir del recién nacido que padece un grave daño cerebral -como sucede también con el anciano que padece degeneración cerebral-, es un terrible engaño y una excusa para acabar impunemente con un ser humano. 

La segunda noticia, en cambio, tiene un aspecto positivo, porque deja abierto precisamente el “misterio” de la persona. En efecto, en el ser humano hay algo más que ADN, de manera que la ciencia genética no tiene la respuesta a lo que nos distingue como personas. 

La próxima Jornada Pro Vida recordará que todos los seres humanos somos iguales en el derecho a la vida y que cada vida humana es única, irrepetible e insustituible, de manera que cada ser humano es, en este sentido, un valor absoluto. Pero fijémonos bien. No es, sin más, la vida en abstracto lo que debemos cuidar y amar, sino la vida de cada persona, sea cual sea su circunstancia física, psicológica o social en la que se encuentre. Hemos de amar y cuidar la vida humana desde la concepción y en cualquiera de sus etapas frente a la pseudocultura de muerte que nos envuelve. Por lo mismo la Jornada reclamará también el valor de la familia como el ámbito más seguro en favor de la vida, de todas las vidas. Os saluda y bendice:

 

+ Julián López

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella