Yo confieso a Dios…

Mons. Francesc Pardo i Artigas    ¿Qué pasa con la confesión? El sacramento de la alegría para la reconciliación y el perdón se ha convertido en el sacramento más difícil —por lo que se refiere a un buen número de fieles-— y, por ello, olvidado o abandonado. 

Así lo expresan muy bien algunos comentarios espontáneos al término de una reunión con los padres de los hijos que se preparan para su primera comunión,  reunión en la que, precisamente, se reflexionaba sobre la confesión, la primera para sus hijos y la propuesta formulada también a ellos. 

¿Qué necesidad hay de confesarse con un sacerdote? ¿Acaso no es una cuestión entre Dios y uno mismo? ¡Es humillante y vergonzoso explicar las propias miserias! ¡No se exactamente de que confesarme; no tengo necesidad alguna de ello!  ¿Es necesario hacerlo personalmente, no sirve el acto penitencial del inicio de la Misa? 

Es posible que algunos lectores del Full, penséis de forma semejante y experimentéis dificultades ante la confesión. Precisamente por ello quiero animaros a celebrar el sacramento del perdón, y que os confeséis antes de Pascua. 

En primer lugar confesamos el amor misericordioso de Dios, un Dios que perdona, que ofrece su gracia, se alza y abraza a los hijos que lo han abandonado, que han pretendido seguir su camino para ser más libres. Por medio de Jesús sabemos que el Padre siempre espera el retorno del hijo para abrazarlo y restituir su dignidad. 

En segundo lugar, ciertamente, confesamos nuestros pecados. Si, debemos hablar claro y referirnos a pecados, no a  “faltas o equivocaciones”. Dado que lo que hago o dejo de hacer, rompe o ha roto la comunión con Dios, con el prójimo, con mi entorno y conmigo mismo. Romper o fracturar un vínculo o atadura los rompe todos, pues todos están relacionados. Debemos ser conscientes que nuestra vida se vive des de una relación con Dios y el prójimo. Por ello debemos hablar de pecado. 

Al mismo tiempo debemos ser conscientes que todos somos unos “pobres pecadores”.

Podemos hallar mil justificaciones, pero no engañarnos. También darnos cuenta que debemos cambiar, que debemos levantarnos, volver al Padre y comportarnos como hijos amados. 

Es fundamental experimentar la necesidad de perdón porque somos muy conscientes  de que somos “pecadores”. El mayor de los peligros es el fariseísmo: pensar que somos “buenos” y que Dios, incluso ha de premiarnos. Puede que esta sea una de las causas más importantes para olvidar la confesión como sacramento necesario para la vida cristiana.

Si, somos pobres pecadores, confesamos el amor de Dios y confesamos nuestros pecados ante un hombre que también es pecador como nosotros, e incluso puede que más –sólo Dios lo sabe-, pero que ha recibido la sagrada misión de representar a Jesucristo, el que puede perdonar los pecados. Por ello escuchamos en el momento más importante de la confesión: “Yo te absuelvo de tus pecados…” 

Jesucristo quiere  seguir ofreciendo sus dones y ofreciéndose a si mismo por medio de unos hombres escogidos y ordenados que consagren, perdonen, bauticen, bendigan, guíen… 

Cuando rompemos la comunión con Dios —como he señalado— también la rompemos con los demás, con la sociedad y con la Iglesia. No se trata únicamente de un hecho íntimo y sin repercusiones. Por ello el perdón nos viene por medio de la propia Iglesia, tal como el Señor lo ha querido y en la forma que lo ha decidido el magisterio de la Iglesia. Por ello el sacramento es también una muestra de confianza y de seguridad en que Dios, por medio de Jesucristo y con la fuerza del Espíritu, nos perdona, nos sana y nos fortalece. 

Que alegría escuchar: “¡el Señor te ha perdonado, ve en paz! 

Así si que viviremos más intensamente la Pascua y la vida cristiana. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 438 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.