La Compañía de Jesús y su servicio en tiempos de desastre

El Padre General de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás Pachón SJ, ha escrito una carta a los jesuitas para que sigan unas directrices ante los deastres naturales, para que su servicio a los afectados sea más eficaz y más evangélico. En ella insta a los jesuitas de las zonas afectadas a que se hagan presentes entre los necesitados, trabajen en un primer momento desde las comunidades locales colaborando con otros hombres, instancias eclesiales y ONGs para ofrecer ayuda material y espiritual. Y a todos los jesuitas les pide que estén abiertos a dar y recibir la solidaridad internacional, que sean transparentes con las donaciones y que reflexionen a largo plazo sobre las causas que han podido motivar el desastre para minimizar o evitar riesgos en el futuro.

El pasado 12 de marzo, con ocasión del 390 aniversario de la canonización de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, el Padre General de los jesuitas escribió una carta a todos los superiores mayores sobre el servicio que la Compañía de Jesús está llamada a prestar cuando suceden desastres naturales. En ella les recuerda cómo Ignacio, Francisco Javier y los primeros compañeros jesuitas también sirvieron al prójimo en estas situaciones. Así, cuando en el invierno de 1538-39, la ciudad de Roma se vio azotada por desastres naturales, los primeros jesuitas atendieron a más de 3000 refugiados campesinos que tras una cosecha malograda y rigurosas temperaturas fueron a refugiarse a la ciudad donde muchos murieron a causa del hambre y del frío. Dice el P. General en su carta: “Derrochando ingenio y compasión, Ignacio y los primeros compañeros salieron al paso de esta emergencia reuniendo los pocos recursos con que contaban (…) Aquellos hombres, con toda su formación académica, mendigaban desde el alba al anochecer pan, verdura y leña. A la caída de la tarde invitaban a los que no tenían otro techo a que compartieran con ellos el cobijo de su propia casa, donde llegaron a dar comida y alojamiento a unas 400 personas a la vez”. Como la situación se agravó, abrieron otra casa atendiendo en total a más de 3.000 refugiados.

En su carta, el P. General recordó los terremotos de Haití (2010) y de Chile (2011), el triple desastre de Japón (11 de marzo de 2011), las inundaciones en Tailandia, Camboya, Filipinas (2011) y Madagascar (2012), y la sequía y hambruna en el cuerno de África (2011-2012). Y cómo estos desastres “han hecho nacer un impresionante movimiento de compasión y solidaridad en el seno de numerosos grupos, en muchas organizaciones y en personas individuales”. El P. General quiere que sus indicaciones sean una guía para “prestar un servicio más eficaz y a la vez más evangélico”. Las directrices se resumen en:

– Estar presentes: “La experiencia enseña que, tras un desastre, quien ha salvado un mayor número de vidas es la población local, sobre todo gracias a su actuación en los días inmediatos a la catástrofe”. El Padre General recuerda cómo en las últimas catástrofes muchos jesuitas y obras de la Compañía han abierto sus escuelas y locales convirtiéndolos en albergues; y cómo muchos novicios se han puesto al servicio de los afectados en los primeros momentos. “Esta reacción rápida, compasiva y generosa (…) ha significado, en más de una ocasión, un giro decisivo. En cualquier situación de desastre, independientemente de lo limitados que puedan ser nuestros recursos, la primera y más decisiva respuesta debe surgir del ámbito local”.

– Ofrecer ayuda espiritual y práctica: “Proporcionar medios económicos y apoyo material es importante, pero no suficiente. Nuestra presencia debe ser un cauce de consuelo, de sanación y de esperanza evangélica. El servicio que prestamos (…) debe dar testimonio de que somos discípulos del Señor compasivo, quizá muy especialmente en aquellos contextos multiculturales y multirreligiosos en los que tenemos que entrar en respetuoso diálogo con la fe que profesan otros”.

– Colaborar: “Los jesuitas tenemos que estar abiertos a cualquier tipo de colaboración”, desde la propia provincia afectada, estableciendo redes entre sus obras y comunidades, entre la Compañía y sus colaboradores, así como colaborando con el entorno inmediato: la Iglesia local, las organizaciones de Caritas Diocesana, otros grupos religiosos u ONGs y hombres y mujeres de buena voluntad pertenecientes a otras religiones. Y por supuesto, colaborando con otras provincias, conferencias y otras redes internacionales de la Compañía, como es el Servicio Jesuita a Refugiados.

– Informar: El Padre General indica a los jesuitas que deben informar a las instancias superiores (conferencias, curia general) y enviarles informes actualizados y sus necesidades de ayudas ya que “para recabar fondos y coordinar esfuerzos es crucial tener información clara y precisa”.

– Dar y recibir solidaridad internacional: Indica Nicolás Pachón que “La solidaridad se puede hacer real de muchas formas”: creando redes de concienciación internacional, suscitar atención internacional a través de las redes de comunicación social, organizar oraciones colectivas, canalizar las ayudas económicas. Y recuerda que la ayuda se suele necesitar más en un segundo y tercer momento, “cuando otras instancias han abandonado ya la zona afectada y cuando los medios internacionales de comunicación han perdido interés en ella reclamados por otros asuntos”.

– Ser transparentes: “Transparencia y rendición de cuentas son dos niveles de calidad profesional que debe alcanzar cualquier proyecto del que la Compañía se haga cargo. Nunca podemos olvidar nuestro tradicional respeto a la voluntad del donante”.

– Pensar a largo plazo: “Nuestra compasión y nuestro compromiso tienen que ser capaces de una constancia mayor, porque el proceso de recuperación es frecuentemente largo y complejo”. Además “cuando haya pasado la crisis inmediata, será importante hacer una reflexión sobre lo que causó tanta destrucción (…) Frecuentemente las que aparecen como calamidades naturales tienen su origen, al menos parcialmente, en decisiones, acciones y planificaciones humanas (…) Por eso será bueno que algunos jesuitas o algunas obras de la Compañía se dedicaran a estudiar las medidas a largo plazo capaces de reducir o eliminar riesgos”. “Al hacer estas reflexiones en el aniversario de la canonización de San Ignacio y San Francisco Javier”, dice el P. General, “he querido recordar a la Compañía que no puede olvidar a los pobres”.

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