“Servidores de la paz entre las armas”

Mons. Juan del Río    Queridos capellanes, seminaristas, fieles en general.

1. La Iglesia en España celebra, alrededor de la solemnidad de San José, el Día del Seminario, que este año lleva como lema: El sacerdote, pasión por el Evangelio. Es un momento de gracia para que la comunidad cristiana tome conciencia de que los futuros presbíteros han de salir de sus filas. El aumento de las vocaciones es un signo, entre otros,  de la madurez de la fe que profesan y celebran nuestras asambleas dominicales.

2. Los curas que han resistido a la sangría de las secularizaciones en estas  últimas décadas, en su mayoría, se han afanado pastoralmente. Sin embargo, en ocasiones, por querer servir a tantos sitios, algunos han caído en un activismo que ha sido perjudicial en muchos sentidos. En general, ha habido muy buena voluntad para que, inclusive en los rincones más lejanos o desasistidos, no faltasen  los sacramentos  y los auxilios más elementales de la fe.  Esa generación de sacerdotes está desapareciendo y las nuevas incorporaciones no llegan a cubrir las muchas necesidades que tienen las diócesis españolas, esta Iglesia particular castrense incluida.

3. El católico medio de nuestro país no ha percibido a fondo, en general,  la gravedad de la situación en que nos encontramos y las consecuencias que esto trae para la transmisión de la fe católica a las nuevas generaciones. No debemos caer en el espejismo al que nos conduce un cierto optimismo voluntarista. ¡Las cifras hablan y la situación es la que es! Al contemplar  esta situación a la luz del Evangelio, viene a nuestra mente aquella instrucción que Jesús dio a los primeros discípulos: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, por tanto, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Lc 10,2).

4. Tradicionalmente, los capellanes castrenses que atendían pastoralmente a los militares españoles, procedían del clero secular y regular que, con permiso de sus ordinarios, accedían por oposición a pertenecer administrativamente a los diferentes Ejércitos, para  prestar sus servicios pastorales al personal de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Formaban una especie de “asociación o colegio sacerdotal”, presidido por la autoridad vicaria del Papa, que recaía en el Vicario General Castrense, con el título de Arzobispo.

5. Araíz del Concilio del Vaticano II se promulgó en 1986  la Constitución Apostólica Spirituali Militum Curae, (SMC), del Beato Juan Pablo II, que supuso una nueva ordenación canónica para la asistencia espiritual de los militares, respondiendo a la eclesiología de comunión y misión que se deriva de los documentos conciliares. Se constituye, de esta manera, una “Iglesia particular” que, como cualquier otra diócesis, tiene fieles y territorios que la componen, “los cuarteles y los lugares reservados a los militares” (SMC V), y su pastor “goza de los mismos derechos de los Obispos diocesanos y tiene las mismas obligaciones” (SMC SMC II, 1; III). Esta Iglesia particular cuenta con su presbiterio, curia, seminario, consejos diversos, e instituciones pastorales adecuadas a cada lugar y circunstancias (SMC XIII y XIV). La jurisdicción castrense no es algo etéreo. Es “personal, ordinaria y propia” (SMC IV). El Arzobispo y sus capellanes tienen que “dedicarse de una manera plena a la labor castrense” (SMC II, 3). Su misión, la nuestra, es la de comunicar a Cristo “Príncipe de la paz”, a un colectivo especifico como son los militares y sus familias. Esta labor ha de ser misionera, itinerante, personal, salvífica y samaritana (SMC IV). Al ser un ministerium pacis inter arma, imprime un determinado sello en el ejercicio diario del sacerdocio, que requiere una específica formación, que se va adquiriendo en los años de preparación del Seminario Castrense Juan Pablo II[1].

6. Todo esto ha requerido un cambio en la concepción  eclesiológica  y pastoral de lo castrense, que no se ejecuta en dos días. En estos veinticinco años de la SMC, se han ido dando prudentes pasos en la configuración del Arzobispado, como pide dicha Constitución. Pero también han influido las transformaciones que se han producido en  la realidad social, política y militar de España.  Además, en este tiempo, la participación de capellanes en misiones internacionales,  acompañando a nuestros militares en más de medio centenar de operaciones de paz, ha creado una nueva imagen del sacerdote castrense y de su labor  pastoral, espiritual y humanitaria. Su alta disponibilidad, generosidad y comportamiento ejemplar ha contribuido a una mejor valoración del Servicio de Asistencia Religiosa en tiempo de paz y de conflictos.

7. Se trata ahora de preparar capellanes castrenses para el siglo XXI. Su procedencia no puede ser sólo del clero diocesano y religioso como hasta hace poco, porque la crisis vocacional alcanza a todos. Si un obispo diocesano o un superior  provincial no tienen sacerdotes para cubrir sus necesidades pastorales e institucionales ¿cómo va a liberar presbíteros para que presten sus servicios en el Arzobispado Castrense? Fue providencial que el curso 1991-1992,  Mons. José Manuel Estepa Llaurens, hoy Cardenal-Arzobispo emérito Castrense, erigiera el Seminario Juan Pablo II. Desde aquella fecha hasta este momento, han salido veintidós capellanes de nuestro centro. A ellos hay que añadir los cuatro que, al final del presente curso, serán ordenados para nuestra diócesis castrense.

8. En la actualidad, nuestro  Seminario, después de diversas vicisitudes de ubicación y organización, se encuentra perfectamente situado en las nuevas instalaciones, adjuntas al edificio del Arzobispado, que están dignamente dotadas para su misión.  El presente curso académico se inició con dieciséis seminaristas que realizan sus estudios en la Universidad Eclesiástica  San Dámaso de Madrid. Hay, además, cuatro en el pre-seminario. Como cualquier centro de preparación al sacerdocio, se rige por la Ratio de los Seminarios Mayores, siendo fieles a las indicaciones del Santo Padre y del Arzobispo. Está atendido por un Rector, Jefe de Estudios y Director Espiritual. Al inicio de cada curso se comienza con los Ejercicios Espirituales anuales, cada mes tienen los seminaristas su día de retiro y la vida comunitaria  está tutelada por un horario y  un  Reglamento Interno. En períodos no académicos van adquiriendo conocimiento del mundo militar.   ¡El Seminario Castrense es el corazón de esta Iglesia particular!

9. Las exigencias pastorales del momento, los desafíos eclesiales, la nueva ordenación de los Ejércitos, y el aumento significativo de los Cuerpos de Seguridad del Estado, demandan un mayor número de capellanes “convenientemente preparados” (SCM  VI). En la actualidad, estamos bajo mínimos. En el año 2000 había ciento cuarenta y seis capellanes, en el presente contamos con sólo ochenta y dos en activo y las bajas, por jubilación o reserva, en este curso, serán de 8 capellanes. Un capellán castrense no se improvisa de la “noche a la mañana”  para que se embarque en una fragata o vaya a una misión internacional. Tampoco vale pensar que sirve cualquier cura que venga facilitado por una diócesis. Para que nuestros militares “por sus condiciones peculiares de vida” (Conc. Vat II, Christus Dominus 43)sean atendidos espiritualmente, se precisa un clero especializado. Para ello necesitamos que todos los que formamos este Arzobispado nos involucremos seriamente en una campaña  vocacional castrense, a fin de que aumente el número de miembros de nuestro Seminario, de donde saldrán los futuros capellanes  que atiendan el Servicio de Asistencia Religiosa en las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado español.

10. ¿Cómo puede promover las vocaciones castrenses un capellán en activo, retirado o jubilado? La mejor manera es siempre el testimonio de coherencia sacerdotal, de alegría ministerial, de entrega a todos, desde el soldado que acaba de llegar hasta el general, siendo el primero en el cumplimiento del deber, no ocultando su condición sacerdotal, hablando cuando sea preciso de Cristo y de su Iglesia, orando y celebrando los sagrados misterios por las necesidades de los servidores de la patria. El capellán  que hace esto no tiene que ir a buscar a los jóvenes para hacerles la oferta vocacional castrense, porque los tenemos en nuestras academias, unidades, parroquias de plaza y demás instituciones militares. Esta tarea no debería ser ajena a los capellanes retirados o jubilados que hoy continúan ejerciendo su ministerio sacerdotal como  ayuda pastoral en las diócesis donde residen. ¡Os animo!: vuestros años de experiencia castrense son una gran riqueza testimonial, que dice lo mucho que os habéis entregado a la Iglesia y los militares españoles. El Seminario castrense es fruto de vuestra propia historia y señal que piden los tiempos de la “nueva evangelización”,  convocada por el Concilio Vaticano II y por las enseñanzas de los últimos Papas.  Ruego encarecidamente a todos los capellanes en activo, retirados o jubilados, que os sintáis  llamados a suscitar y a pedir por las vocaciones sacerdotales para el ámbito militar. Implorad a Dios por el buen discernimiento de los candidatos y por la perseverancia de los seminaristas. Colaborad económicamente al sostenimiento de nuestro Seminario, apreciándolo como algo vuestro.

11. En la actualidad, los comienzos de la vocación al sacerdocio son más variados y diversos que en el pasado. La procedencia religiosa es muy amplia, desde aquellos que vienen de familias de militares católicos, hasta otros que viene de hogares muy alejados de los principios cristianos.  La decisión en algunas ocasiones es tomada en la primera juventud, otras después de algún tiempo de trabajo o de haber finalizado una carrera. Lo cierto es que, hoy como ayer, sigue habiendo personas que se sienten atraídas por  ser curas y ejercer su ministerio sirviendo a los servidores de la defensa de la patria. Los que acogen esta llamada específica, y son admitidos en nuestro  Seminario, han de tener muy claro, desde el principio, aquello que dijo Benedicto XVI a los seminaristas en la Jornada Mundial de la Juventud, Madrid-2011: “para imitar al Señor, vuestro corazón ha de ir madurando en el Seminario, estando totalmente a disposición del Maestro. Esta disponibilidad, que es don del Espíritu Santo, es la que inspira la decisión de vivir el celibato por el Reino de los cielos, el desprendimiento de bienes en la tierra, la austeridad de vida y la obediencia sincera y sin disimulo”.

12. ¿Cómo vivir estos años de preparación? Ante todo, el Seminario es un periodo necesario en el que uno aprende con los otros y de los otros. Es la espiritualidad de la vida oculta de Nazaret, que va capacitando al aspirante al sacerdocio para la actividad pública del ministerio. Ha de ser un tiempo de maduración de la decisión tomada mediante la oración, el estudio, la convivencia fraterna y la aproximación pastoral al mundo militar. Todo ello se realiza con profunda alegría, docilidad de espíritu, tolerancia, fidelidad evangélica y actitud amorosa hacia los semejantes.

13. ¿Cómo entusiasmar a otros del camino que uno ha elegido? Los seminaristas han de ser los primeros promotores de las vocaciones castrenses. A vosotros os pido: debéis llevar a cabo esta tarea, mostrando con sencillez y sin miedos que sois felices en el camino que habéis escogido y en la parcela pastoral donde queréis ejercer  vuestro futuro ministerio. Seguramente tendréis que desmontar, a vuestros amigos y conocidos, muchos prejuiciosque hay sobre los curas por no hablar de las “leyendas urbanas” referidas algunos capellanes. Optar por ser sacerdote castrense es vivir “la pasión por el Evangelio” en primera línea de misión, sirviendo a aquellos servidores que, por defender la seguridad, la libertad y la paz de la patria, están dispuestos  a dar su vida. Esta labor pastoral se realiza en un  marco muy concreto: donde los espacios son muy provisionales, donde hay mucha movilidad, donde el tiempo está contado y, además, en circunstancias posiblemente muy adversas. Sin embargo, como “nos urge la caridad de Cristo” (2 Cor 5,14), se nos reclama un tipo de capellán  apostólico, sabio y santo que lleve el Evangelio de la paz al corazón del soldado, dentro de esa estructura jerarquizada y compleja que  es el mundo militar. Puede que parezca muy difícil, y hasta imposible, para un timorato. Sin embargo, “de todo somos capaces, pues Cristo nos da la fuerza” (Filp. 4,13).

14. También los fieles en general de este Arzobispado deben ser agentes activos de la promoción de las vocaciones sacerdotales para nuestra Iglesia particular. Porque, como dijo Benedicto XVI: “acompañando los capellanes a los militares católicos y a sus familias, la Iglesia desea ayudarles a realizar su tarea específica basándose en los valores humanos y morales del cristianismo, para que sirvan fielmente a su patria y edifiquen su vida personal y familiar…Es conveniente que los miembros de las Fuerzas Armadas puedan constituirse en comunidades cristianas particulares, bajo la guía de un pastor que sepa reconocer y respetar la especificidad del mundo militar” (26-6-2008). Con esto el Papa quiere decir que debemos despertar, tanto en las familias cristianas de nuestros militares, como en el personal civil católico que trabaja en instituciones castrenses, no sólo la valoración y estima por la figura de su capellán, sino también instarles a que pidan a Dios para que continúe suscitando vocaciones castrenses. Que no pongan obstáculos a la vocación sacerdotal de sus hijos, y que descubran la posibilidad de que sean curas castrenses, que conozcan su Seminario y colaboren con él, por medio de las becas establecidas si está al alcance de su generosidad. ¡Sólo se ama aquello que se conoce: únicamente se valora una misión si nos sentimos corresponsables de ella!

Que la intercesión de la Virgen Inmaculada, Patrona de los Capellanes, haga que no falten jóvenes que, enamorados de Cristo y siendo sacerdotes castrenses, quieran llevar la pasión por el Evangelio allí donde están los hombres y mujeres que cada día se juegan la vida por España. 

Con afecto y bendición

+ Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense                                                              

 

 



[1]  Cf. ARZOBIPADO CASTRENSE DE ESPAÑA, Documentos Oficiales  1976-2009; ID., 25 años de la Constitución Apostólica “SpiritualiMilitumCurae”, 2012.

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma.Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla.Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana.CARGOS PASTORALESEn los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992).El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año.El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017.El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".