Monseñor César Franco, Obispo auxiliar de Madrid: "Solo una Iglesia vuelta a Dios puede hacer la Evangelización"

La XII Jornada Diocesana de Apostolado Seglar de Madrid se inició con la Eucaristía que presidió Monseñor César Augusto Franco Martínez, Obispo auxiliar de Madrid y responsable del apostolado seglar. Monseñor Franco señaló en su homilía que: “Un año más nos reunimos en esta Jornada, -que pretende además de crear la comunión y fomentarla entre todos los que trabajáis decididamente en el apostolado seglar-, pretende animarnos en esa tarea nada fácil de la Nueva Evangelización, tal como reza el lema de esta Jornada. Siempre buscamos un lema que sea llamativo, que sea sugerente. Pero si analizáis lema tras lema, todas estas jornadas apuntan a lo mismo: ser testigos de Cristo en la sociedad y en el mundo, testigos que llevan la gracia del Señor, testigos convincentes por la grandeza de su dignidad aunque seamos pecadores, que llevan el mensaje de Cristo a la humanidad, testigos que traigan al único rebaño de la Iglesia pastoreado por Dios como dice el texto de Miqueas, aquellos a los que Dios busca y ama”.

Monseñor Franco continuó diciendo que “En realidad la Nueva Evangelización como nos ha recordado el texto de los Lineamenta para el Nuevo Sínodo de los Obispos en Octubre, pone a la Iglesia ante el reto de ser ella misma. Nos preguntamos muchas veces lo que significa la Nueva Evangelización, y todos recordamos aquellas palabras emblemáticas del Beato Juan Pablo II: “Una evangelización nueva en sus métodos, en su lenguaje, en su estilo”. Pero la Nueva Evangelización queridos hermanos no se diferencia nada de la primera. Nada. Es la misma. En un mundo distinto, en unas circunstancias históricas, sociales, culturales distintas, pero Evangelizar es lo mismo hoy que ayer y que mañana. Y Paulo VI decía que evangelizar era hacer público el nombre de Cristo, su vida, sus milagros, su enseñanza. Todo en el nombre de Jesús. Y esa es la Iglesia, que tiene hoy la tarea preciosa de evangelizar”.

Monseñor César Franco en sus palabras de la Homilía analizó las lecturas de la Misa y recordó que: “solo una Iglesia que viva con la consciencia de que ha sido salvada, redimida; solo una Iglesia convertida a Dios, pastoreada por Dios, vuelta a Dios, puede realizar la tarea de la Evangelización.

Y por tanto lo primero que debemos hacer para evangelizar es dejarnos amar, pastorear y perdonar por Dios. Porque entonces nuestro corazón será nuevo, profundamente nuevo y entonces la gente no necesitará muchos discursos sino que les bastará en cierto sentido, el testimonio de una vida nueva, evangélica, que es capaz de provocar a la consciencia del mundo moderno y de cada persona. Y es capaz de invitar a otros a decir: venid y experimentad que Dios es Bueno y misericordioso”.

Monseñor Franco recordó que “en el Decreto del Concilio Vaticano II que trata de los seglares, “Apostolicam Actuasitaten” cuando se dice que es el apostolado, se dice, se le define como todo el esfuerzo del Cuerpo Místico de la Iglesia por llevar a los hombres la Salvación. Pero es ese cuerpo místico que late, que vive en sintonía con Cristo, lo que es capaz de llevar a otros la salvación y anunciarles el Evangelio”.

Comentando durante la Homilía la parábola del Hijo Pródigo que en el Evangelio había sido proclamado, Mons. Franco recordó que hay dos modelos de sentirse en la casa de Dios: “Nosotros podemos estar en la casa de Dios, pero cómo caigamos en la tentación de pensar de que somos buenos, de que podemos pasar a Dios la factura de lo que hacemos por El. Como caigamos en la tentación de pensar que lo que tenemos es mérito nuestro… desde luego no nos podemos plantear la Evangelización. Haremos chapuzas, componendas, y planes que nacen de nuestra voluntad de ser y no de nuestra voluntad de ser amados.

Estoy seguro que el Hijo pródigo no necesitaría mucho para hablar del amor del padre y de explicar a otros la misericordia que el padre había tenido con él. Y de invitar a otros a amar a un padre así. Es todo un símbolo lo que significa esta parábola.
Yo les invito queridos hermanos en vuestras asociaciones apostólicas y movimientos –seguro que lo hacéis- pero os invito a recordar lo que dice la Exhortación Apostólica Post Sinodal Christifidelis Laici sobre el fin de todas las asociaciones y movimientos: no es su carisma particular el fin. El fin es previo, el fin es el de la Iglesia entera.

El fin es -dice la Christifidelis Laici- la santidad de todos sus miembros, por eso todos los movimientos y asociaciones apostólicas coincidimos y nos unimos en lo fundamental y en lo esencial de la vida de la Iglesia.

El fin no es llegar o que me haga presente en tal ámbito o en tal otro, en tal escenario, o en tal aeropagos de la cultura.

El fin es el de la vida bautismal. El fin es -dice también la Crhristifidelis Laici- es aportar a la Iglesia cada uno su propia santidad personal. ¿Qué es esto?, mostrar que Dios es compasivo y misericordioso, mostrarlo. Para que cuando la gente lo vea, dice Jesús en el Sermón de la Montaña, alaben a Vuestro Padre que está en el Cielo. Este es el fin. Y esto queridos hermanos es muy exigente ciertamente. Pero es muy sencillo, como el evangelio mismo.

Es exigente porque nos hace preguntarnos a cada uno si yo estoy en ese camino de conversión personal y de vuelta a Dios. Si mi movimiento, si mi asociación está en ese proceso de conversión permanente hacia Dios. Porque si lo está, si lo estamos, Dios nos dará el fruto de nuestra fe, el fruto de nuestro trabajo.

Vamos a pedirle al Señor que nos conceda esto: que seamos protagonistas de la Evangelización, porque somos protagonistas de ese amor que Dios ha derramado en nuestros corazones, cuando nos ha salvado en su Hijo y nos pastorea con su callado de compasión y misericordia. Que Santa María la Virgen, nuestra Madre, nuestra Señora, nos ayude siempre a permanecer junto a Cristo, con esa obediencia de la Fe que a Ella le caracterizó y que hizo de Ella sin lugar a dudas la primera y la más sublime evangelizadora”.

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