La vigilancia del espíritu

Mons. Juan del Río     La persona que no está atenta a si misma  malgasta  su vida. Quedará  a merced del ambiente, de los demás y sobre todo del enemigo número uno que es el diablo. Estamos en una sociedad que adormece al individuo. De esta manera,  el pensamiento dominante  puede contralar más fácilmente sus intereses. La madurez humana se muestra en la vigilancia diligente para que: el vértigo de la pasión no ciegue la mente y la influencia maligna no endurezca el corazón.

Quienes no son cuidadosos en el cultivo de la interioridad, nunca podrá conocerse, jamás descubrirá la riqueza o pobreza que pueda haber en “la bodega interior”. Dijo Abba Arsenio: “es necesario que cada uno vigile sobre sus propias acciones para no fatigarse en vano”. De ahí que, vivir con atención, da unidad a nuestro pensamiento, palabra y acción. Cuando falta esta conexión, sucede que ya no vivimos, sino que somos vividos, nuestra historia nos la trazan otros. Quienes piensan, hablan y actúan  de manera inconsciente e irreflexiva hiere a los demás y se hace daño a sí mismo.

La virtud de la vigilancia requiere la prudencia y la mansedumbre para evitar trastornos personales y comunitarios que causan las falsas seguridades. Porque el pecado que ha cometido un hombre lo puede hacer  otro. Por lo tanto: “quién se sienta seguro que tenga cuidado y no caiga” (1Cor 10,12). Por ello concluye  Basilio de Cesarea: “¿Qué es lo propio del cristiano? Vigilar cada día y cada hora y estar dispuesto a cumplir perfectamente lo que agrada a Dios, sabiendo que el Señor viene a la hora en que menos lo pensamos”.

Para ser centinelas de una misión eclesial, primero tenemos que ser celosos guardianes de nuestras almas. Uno de los valores de la Cuaresma es despertar la atención espiritual sobre nosotros mismos.  Nunca se debería olvidar que la vida cristiana es un continuo combate contra los adversarios de la fe: mundo, demonio y la carne. San Pablo compara esta vigilancia a la “guardia” de un soldado bien armado que no se deja sorprender, por eso dirá: “no durmamos como hacen los demás, sino vigilemos y vivamos sobriamente…cubiertos con la coraza de la fe y del amor, y con la esperanza de la salvación como casco protector” (1Tes 5,6-8; cf. 1Pdr 5,8). Es necesario estar alertas contra los enemigos de Dios tan presentes en el mundo actual. Pero también, contra la complicidad que ofrecen nuestras malas inclinaciones que nos envuelven en un seductor sopor. Por eso, Jesús dijo a sus discípulos  en Getsemaní: “vigilad y orad para no caer en la tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil” (Mt 26,41).

Un buen vigilante realiza su cometido con todos los sentidos del cuerpo y las potencias del alma. No permitirá las distracciones. Ni  abandonarse  a las improvisaciones que surjan,  sino que en todo momento estará atento a poner  en práctica los valores que motivan su misión. Eso mismo sucede en el orden espiritual. El cristiano centinela no  sólo ha de estar atento, sino que además ha de cultivar la espiritualidad de las pequeñas cosas. Porque como dice el Señor: “el que es fiel en lo poco, lo será en lo mucho” (Lc 16,10).

En esta lucha no estamos solos. Dios mismo se presenta como nuestro guardián “que no duerme, ni reposa” (Sal 120). Su gracia nos precede y nos acompaña. El cristiano por los sacramentos de la iniciación se convierte en un soldado de Cristo revestido con las “armas de la fe” que son: las virtudes teologales y morales, la austeridad de vida, la oración continua, la caridad sin límites y el cultivo de los deseos de santidad (cf. Ef 6, 10-18).

 

+ Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense de España

 

 

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma.Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla.Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana.CARGOS PASTORALESEn los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992).El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año.El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017.El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".