Hacer el camino en el desierto

Mons. Alfonso Milián     Ya estamos en el tercer domingo de Cuaresma. ¡Cómo pasa el tiempo! Casi sin darnos cuenta celebraremos la Semana Santa para la que nos estamos preparando.

Porque la Cuaresma es un tiempo de preparación, como un viaje de cuarenta días que nos lleva al Triduo Pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor.

Durante los primeros siglos de la Iglesia, los que habían oído y aceptado el mensaje de Jesucristo realizaban a lo largo de estos cuarenta días un camino de conversión y crecimiento en la fe para recibir el sacramento del Bautismo en la Vigilia Pascual. Más adelante, también los penitentes, y todos los cristianos fuimos invitados a recorrer este camino de renovación espiritual para conformar más nuestra vida con la de Cristo.

La Cuaresma es tiempo de purificación, anhelando que el Señor se manifieste.

En la Pascua es Señor manifiesta su victoria sobre la muerte y anuncia así su regreso final. Es el tiempo para tomar decisiones maduras. Cuarenta días de preparación, un número simbólico para el pueblo de Dios, que nos ayuda a recordar la historia de nuestro itinerario espiritual.

Cuarenta días pasó Noé en el arca que le salvó del diluvio. Cuarenta días permaneció Moisés en el Sinaí, en ayuno y oración, antes de recibir la Ley del Señor.

Cuarenta años peregrinó el pueblo de Israel por el desierto hasta alcanzar la Tierra Prometida. Cuarenta años de paz disfrutó Israel bajo la guía de los Jueces. Cuarenta días caminó Elías hasta llegar al Horeb y encontrarse con Dios. Cuarenta días de penitencia hicieron los ninivitas para alcanzar el perdón de Dios. Cuarenta son también los años que reinaron Saúl, David y Salomón, los tres primeros reyes de Israel.

Y Jesús, antes de comenzar su predicación del reino de Dios, se retiró al desierto durante cuarenta días, alimentándose de la Palabra de Dios. Durante cuarenta días instruyó a sus discípulos después de la resurrección, dejándoles preparados para recibir el Espíritu Santo.

La Iglesia, como Jesús, peregrina por el desierto del mundo y de la historia. En este desierto, nos dice el Papa, los creyentes tenemos la oportunidad de vivir una profunda experiencia de Dios que fortalece el espíritu, confirma la fe, nutre la esperanza y anima la caridad.

Pero el desierto representa también los aspectos negativos de la vida: la aridez, la pobreza de palabras y de valores, el secularismo y la cultura materialista, que encierran a las personas en un horizonte mundano, sustrayéndoles toda referencia a la trascendencia. Se ciernen sobre nosotros las nubes del egoísmo, de la incomprensión y del engaño. Sin embargo, el tiempo de desierto puede transformarse para la Iglesia en tiempo de gracia, porque tenemos la certeza de que incluso de la roca más dura, Dios puede hacer brotar el agua viva que refresca y restaura.

Que el Espíritu nos fortalezca en esta camino de conversión.

+ Alfonso Milián Sorribas

Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Alfonso Milián Sorribas
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Mons. Alfonso Milián Sorribas nació el 5 de enero de 1939 en La Cuba, provincia de Teruel y diócesis de Teruel y Albarracín. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza y fue Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1962. En 1992 obtuvo la Licenciatura en Teología Catequética por la Facultad de Teología ‘San Dámaso’ de Madrid, con la tesina «La iniciación a la dimensión contemplativa del catequista por medio de la oración de Jesús». La segunda parte de la misma fue publicada en 1993, en la revista ‘Jesus Cáritas’ con el título «La invocación del nombre de Jesús, camino de encuentro con el Padre». Además del español, conoce el francés. Después de su ordenación, ha desempeñado los siguientes cargos: - 1962–1969:Párroco de Azaila (Teruel); - 1962–1967:Coadjutor de la Parroquia de La Puebla de Hijar (Zaragoza); - 1967–1969:Encargado de las Parroquias de Vinaceite (Teruel) y Almochuel (Zaragoza); - 1969–1983:Párroco de ‘San Pío X’ en Zaragoza; - 1970–1976:Delegado de Cáritas de Arrabal (Zaragoza); - 1978–1990:Miembro del Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1980–1981:Consiliario del Movimiento ‘Junior’; - 1982–1990:Vicario Episcopal de la Vicaría IV de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1992–1996:Delegado Diocesano de Apostolado seglar y Consiliario Diocesano del Movimiento ‘Junior’; - 1992–1998:Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional; - 1996–2004:Vicairo Episcopal de la Vicaría II; - 1998–2004:Consiliario de ‘Manos Unidas’; - Nombrado Obispo Auxiliar de Zaragoza el 9 de noviembre de 2000 y elegido para la sede titular de Diana, recibió la ordenación Episcopal el 3 de diciembre de 2000. - El 11 de noviembre de 2004, el Nuncio Apostólico en España comunicó al Administrador Diocesano el nombramiento de Don Alfonso Milián para la sede barbastrense-montisonense, de la que tomó posesión el 19 de diciembre de 2004 en la catedral de Barbastro. - En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Episcopal de Asuntos Sociales y Obispo Delegado para Cáritas Española.