El Cardenal de Madrid alienta a una renovada presencia de la Iglesia en el campo educativo

Con motivo de la XXVII Jornada diocesana de Enseñanza, que se celebrará el próximo sábado, 10 de marzo, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha dirigido una carta pastoral a los educadores en la que explica que con dicho encuentro, “además de disponer de una nueva ocasión para seguir afianzando vuestra vocación educativa, que debéis de ejercer con la responsabilidad propia del cristiano, se os presenta una nueva oportunidad para el encuentro, en un clima de convivencia y oración, de todos los educadores que estáis trabajando a favor de una renovada presencia de la Iglesia, maestra de humanidad, en el campo educativo”.

Aprovecha el texto para reflexionar “sobre la importancia de la educación para la formación de la persona. Como sabéis, el proceso educativo procura conducir el crecimiento de la persona avivando su deseo de perfección y de excelencia en todos los sentidos desde la perspectiva de su vocación trascendente como imagen de Dios y de su llamada a la filiación divina. La familia es el primer ámbito educativo que se encarga de ofrecer a los hijos la configuración y el desarrollo de las primeras imágenes sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea. Aunque la tarea educativa no se reduce sólo al ámbito familiar, puesto que a ella contribuyen también otros agentes educativos”. Así, apunta a las escuelas, explicando que “la importancia de esta labor docente ha llevado a la Iglesia a estar presente, ya desde sus comienzos, en la escuela con el fin de ofrecer a los niños y jóvenes la necesaria formación integral que ha de perseguir todo proceso educativo”.

En referencia al lema elegido para la Jornada, ‘Educar en la Justicia y la Paz’, explica que “guarda relación con el Mensaje del Santo Padre para la XLV Jornada Mundial de la Paz, celebrada al comienzo de este año nuevo, con el que ha querido recordarnos la esperanza que late en el corazón del hombre –especialmente viva y visible en los jóvenes- así como la aportación que éstos, con su entusiasmo y su impulso hacia los ideales más nobles, pueden y deben ofrecer a la sociedad. De ahí que el ‘prestar atención al mundo juvenil, saber escucharlo y valorarlo, no es sólo una oportunidad, sino un deber primario de toda la sociedad, para la construcción de un futuro de justicia y de paz’. Ante este panorama, ‘la Iglesia mira a los jóvenes con esperanza, confía en ellos y los anima a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver cosas nuevas’”.

En referencia “a esta búsqueda de la verdad”, recuerda las palabras pronunciadas por Benedicto XVI en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, en su encuentro con jóvenes profesores universitarios, durante la JMJ: “los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad. La juventud es tiempo privilegiado para la búsqueda y el encuentro con la verdad”. Y afirma que “la verdad es Cristo”. Pero, añade, “el clima de relativismo imperante en amplias capas de nuestra sociedad supone un duro golpe a la tarea educativa pues, al no reconocer nada como definitivo, la persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común”. Como respuesta a esta situación, prosigue, “hemos de procurar despertar en los niños y jóvenes los interrogantes oportunos y acompañarles en la búsqueda que les lleve a descubrir que Dios, lejos de ser el rival de su felicidad, es el garante de su libertad y de su plena realización”.

“El actual escenario de la crisis económica”, añade, “es un estímulo para educar en la justicia y la paz a los niños y jóvenes, partiendo de las orientaciones que la doctrina social de la Iglesia propone en diálogo con todos los que se preocupan por el bien del hombre y del mundo”. “La plena verdad sobre el hombre, asegura, permite superar la visión contractual de la justicia, que es una visión limitada, y abrirla al horizonte de la solidaridad y del amor”.

Para el Cardenal, la “paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación espontánea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual. Es absolutamente necesaria la firme voluntad de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad, y el ejercicio apasionado de la fraternidad para construir la paz. Así, la paz es también fruto del amor, que va más allá de lo que la justicia puede aportar”.

“La paz es, ante todo, don de Dios, que exige de nosotros disponibilidad y compromiso con la justicia, el amor, la verdad y la misericordia para los más necesitados. Ante la fragilidad de nuestra voluntad, herida por el pecado, descubrimos el difícil desafío que supone recorrer la vía de la justicia y de la paz”. El auxilio, añade citando a Benedicto XVI, “no puede ser otro que la mirada al Dios viviente, que es la medida de lo justo, y al mismo tiempo, es el amor eterno”.

Concluye manifestando su deseo de que esta nueva Jornada de Enseñanza “aliente, junto al ánimo y la esperanza de toda la comunidad educativa, deseos de justicia y de paz”.

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