Pasión por el Evangelio – Día del Seminario 2012

Mons. Amadeo Rodríguez     ¡Qué bien elegido está el lema para el día del seminario! “Pasión por el Evangelio”. En estas breves palabras se refleja la verdad de lo que sucede en el alma de los jóvenes que forman la singular familia que viven en esa casa que todos reconocemos como el corazón dela diócesis. Ellos han sido elegidos entre la juventud de nuestras diócesis, tras un maravilloso encuentro con Jesús que les dio una orientación decisiva a sus vidas. A partir de ese encuentro, los jóvenes seminaristas viven con pasión el Evangelio. Eso significa que en su rico y libre mundo interior, en su alma, se ha instalado el amor de Cristo, que ha sido decisivo para la elección de su camino, para la verdad que les ha cautivado y para la vida que han decidido vivir para siempre. En Cristo han encontrado la fuerza que los empuja y la luz que les hace ver con ilusión y esperanza el futuro.

“Pasión” es el nombre de ese encuentro, que ha quedado gravado en su alma para siempre, que ha transformado sus vidas y les ha dado un horizonte que ni ellos mismos soñaban; por eso a muchos les resulta difícil de comprender e incluso de aceptar la decisión de aquellos que han descubierto un sueño que rompe los esquemas habituales de las ilusiones que mueven a otros jóvenes. El que les ha enamorado y ha puesto pasión en sus corazones tiene, por supuesto, un nombre, es una persona. Nosotros le llamamos Evangelio porque es la buena noticia de Dios y, sobre todo, porque con ese nombre inmenso y divino, la relación apasionada de los jóvenes seminaristas con Jesús incluye también a todos los que ama Jesús, a todos aquellos por los que él vino al mundo para a ser buena noticia del amor de su Padre. En efecto, la pasión por Jesús incorpora la pasión porla misión. Poreso, la vida del sacerdote sólo es pasión, y si no lo fuera es porque se ha roto el encanto que les enamoró para siempre y para ser, como Jesús, servidor de todos por el amor. “A nadie le debáis más que amor” (Rm 13,8).

Mirando así la misión de los sacerdotes, se comprende bien que el seminario y los seminaristas deban ser un patrimonio especialmente apreciado por toda la Iglesia y por cada una de nuestras comunidades diocesanas. El seminario nos pertenece porque la pasión del corazón de nuestros seminaristas es un don de Dios para la Iglesia de Plasencia. ¡Ojalá esos corazones apasionados se multiplicaran! Rogad al Señor que pase por muchos corazones juveniles y los mueva al amor y el servicio a sus hermanos. Nuestras parroquias necesitan más sacerdotes que alivien de su trabajo a los que tan generosamente y con tanta carga pastoral os están sirviendo ahora.

El Obispo, que tiene que velar por el bien de toda la diócesis, consciente de lo que significa el seminario, como sabéis muy bien, se ha metido en una empresa compleja, pero imprescindible: no dejar que se caiga el viejo edificio del seminario, considero modestamente, que también es poner pasión. Lo he hecho, consciente de que no estaba sólo en este empeño. Conté desde el principio con el consenso de todos los sacerdotes y de los consejos que me asesoran; y, por el interés que ha despertado en todas las parroquias, sé, en efecto, que cuento con el apoyo de toda la comunidad diocesana. Por eso os pido el esfuerzo de ayudar, en la medida de vuestras posibilidades, en le restauración que se está realizando en el edificio del seminario. Estoy convencido de que esta segunda colecta, al realizarla en el día del Seminario, va a ser especialmente generosa y abundante. Que Dios os lo pague.

Por mi parte, estoy muy agradecido por todos los gestos que hasta la fecha estáis teniendo, que son muchos y muy significativos, como se puede ver en la página de Internet: unseminarioparatodos.org. Con nuestra oración por las vocaciones y con nuestra ayuda económica a favor del seminario, también nosotros estamos participando de esa pasión por el Evangelio, que siempre es un maravilloso contagio que viene del corazón de Cristo hasta corazón de todos nosotros. Todos hemos recibido su amor, todos sentimos la gracia de la vocación cristiana y todos estamos llamados a llevar a Cristo a nuestros hermanos. Lo hacemos en la misión de la Iglesia, contagiándonos los unos a los otros con la fuerza que el Señor nos da y guiados por pastores que sólo se mueven por el amor a Cristo y a sus hermanos, a los que sirven incondicionalmente.

Toda esa cadena en el contagio vocacional, como sabéis muy bien, empieza en nuestros seminarios, donde se fragua, en el corazón de los jóvenes llamados y elegidos la pasión por Cristo, la pasión por el Evangelio.

Con mi afecto y bendición. 

+Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Plasencia    

 

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador.Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970.Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983).Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003.Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española.El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003.En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011.El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.