Homilía de Mons. Francisco Pérez en la primera Javierada, "Cristo buena noticia para el mundo"

1.- Cuando era pequeño, me llamaba mucho la atención el cuento del niño que iba echando piedrecitas por el camino para poder recordarlo al volver a su casa. Hoy me imagino el mapa de Navarra con todos los caminos empedrados de todos los que hoy habéis recorrido las mismas sendas del año pasado, porque en este día todos los caminos de nuestra diócesis llevan a Javier que es el punto de atracción. Me alegra veros de nuevo aquí y doy gracias a Dios, que me concede participar con vosotros en esta maravillosa peregrinación. Mirad el castillo, especialmente esplendoroso con los primeros rayos del sol de marzo; mirad a Francisco de Javier que nos convoca y nos recuerda hoy con fuerza que Cristo es la buena noticia para el mundo y que nosotros somos los encargados de darlo a conocer.

En el episodio de la Transfiguración que recoge el Evangelio de este segundo domingo de cuaresma los apóstoles oyeron asombrados aquella voz del cielo que decía: “Éste es mi Hijo amado; escuchadle”. Jesús, es el Hijo de Dios, el predilecto, el que ha venido al mundo para darnos a conocer a Dios, para salvarnos. Nosotros, como los apóstoles estamos contentos: ¡qué bien se está aquí! En este ambiente de alegría nos llega la apremiante invitación: ¡Escuchadle! No tengáis miedo a abrir el corazón a Jesucristo, no tengáis miedo a creer en Él, no tengáis miedo a ser mensajeros de Jesús, como lo fue Javier.

Hoy es un día de fe y esta javierada es una manifestación de fe; los aquí presentes habéis venido fundamentalmente porque creéis en Dios, porque estáis convencidos de que la fe puede transformar el mundo. En la historia de la Iglesia siempre se ha afirmado que los creyentes se fortalecen creyendo y nosotros hoy hacemos una vibrante y profunda profesión de fe y un acto sincero de amor a Dios y al prójimo. Sabemos bien que la fe crece cuando se vive como experiencia vital, lo mismo que el amor se recibe y se comunica como experiencia de gracia y de gozo. La experiencia de gracia la vivimos acercándonos a los sacramentos y en este tiempo de Cuaresma, de modo especial en el sacramento de la Confesión, como habéis hecho muchos durante el Vía Crucis y como podéis hacerlo ahora acercándoos a los sacerdotes que están a vuestra disposición.

2.-La fe nace, se desarrolla y se nutre de la escucha a Jesucristo. ¡Escuchadle! Os repito una vez más. Pero, ¿dónde y cómo escuchar a Jesús? Tres son los momentos de acogida de la Palabra del Señor, la lectura de la Escritura, la atención a nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados y la oración.

*La Sagrada Escritura contiene la palabra de Dios para que los hombres alcancen el conocimiento de Dios y de Jesucristo. San Jerónimo gran estudioso de la Biblia, que la tradujo al latín de su época, solía decir que “quien no conoce las Escrituras, no conoce a Cristo” (Commentariorum in Isaiam libri, prol.). Los primeros cristianos ya desde el principio proclamaban la Escritura convencidos de que es “útil para enseñar, para argumentar, para corregir y para educar en la justicia” (II Tim. 3:16). En los monasterios, ya en la Edad Media, se vivía con especial atención la lectio divina, es decir, la lectura meditada de la Biblia como alimento de vida interior y apoyo firme de la propia identidad monástica. En nuestros días el Papa aconseja a todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la lectura orante de la Biblia, unas veces en la liturgia, otras en los distintos grupos bíblicos, otras personalmente, porque la lectura nos lleva a la oración y la oración nos une con Jesucristo. El gran San Agustín escribió con palabras certeras: “Cuando lees, Dios te habla; cuando oras, hablas tú a Dios” (Enarrationes in Psalmos, 85, 7). No debe faltar en vuestras casas la Biblia, pero no como un libro decorativo, sino como un libro de lectura diaria. Leer la Escritura es escuchar la Palabra de Dios, escuchar lo que Jesús quiere decirnos a cada uno. Por eso he invitado a los jóvenes y ahora a todas las familias para que se asocien a la Escuela de la Palabra que hemos instaurado durante este curso.

*Otro modo imprescindible de escuchar a Jesucristo es la fraternidad, la atención a nuestros hermanos. El Papa ha dedicado este año el mensaje de Cuaresma a comentar un texto de la carta a los Hebreos: “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras” (10,24) e insiste con un lenguaje profundo y sencillo a la vez en la reciprocidad. ¡Saber escuchar! “Una sociedad como la actual, dice, puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante la exigencias espirituales y morales de la vida; en la comunidad cristiana no debe ser así” (Mensaje de Cuaresma, año 2012). Nosotros, queridos jóvenes y queridos peregrinos todos, queremos tener los oídos abiertos a los quejidos de los que nos rodean. Son tiempos difíciles los que nos toca vivir; no podremos solucionar todos los problemas, ni podremos enjugar todas las lágrimas, pero estamos dispuestos a compartir lo que tenemos, nuestro bienestar y, lo que es más importante, nuestra alegría de hijos de Dios. La caridad, el amor fraterno, no entiende de recortes. Ante las necesidades hemos de impulsar mayor entrega y generosidad. Se sufre mucho y sabemos que todo dolor es participación de la Cruz, pero eso no es el final. A la Cruz sigue la resurrección, a la muerte sigue la vida, y al dolor bien aceptado sigue el gozo. Los que participamos de la Eucaristía vivimos una particular comunión con nuestros hermanos. Como explica el mensaje antes mencionado, mi hermano me pertenece, su vida, su salvación tienen que ver con mi vida y mi salvación; nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal. Es otro de los propósitos de hoy, preocuparnos y atender a los más pobres que son imagen de Cristo: “lo que hicisteis con uno de mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis (Mt 24,34).

*Otro momento privilegiado de escucha al Señor es la oración; no pondríamos empeño en ello si no tuviéramos el ejemplo de Jesús que inició sus grandes decisiones con largos ratos de oración: en el desierto al comienzo de su vida pública, en la elección de los apóstoles, en los grandes milagros como la resurrección de Lázaro y, muy especialmente, en la Oración del Huerto. En esta última Jesús aprendió a abrirse a la voluntad del Padre, aunque le fuera costosa, y alcanzó la fuerza necesaria para conformar su voluntad a la del Padre: “Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Contemplando la oración de Jesús os pregunto y me pregunto: ¿Cómo oramos? ¿Cuánto tiempo dedicamos a la relación con Dios? ¿Estamos convencidos de que Dios nos habla en la oración, a la vez que nosotros hablamos con Él?

3.- ¡Escuchadle! ¡Ojala escuchéis hoy su voz y no endurezcáis vuestro corazón! De este modo daremos testimonio de Cristo. Que se grabe a fondo en nuestro corazón el lema de esta jornada: Cristo es la buena noticia para el mundo y nosotros, como San Francisco de Javier, la hemos recibido y estamos dispuestos a darla a conocer al mundo entero. Abrid vuestros oídos, abrid vuestro corazón para que quepa en él la humanidad entera. Javier, es foco de atracción y tiene que ser impulso de expansión. ¡Cuántos misioneros han venido a postrarse a los pies del Cristo del Castillo pidiendo la intercesión de San Francisco de Javier para extender el reino de Cristo por todo el mundo! A esta gran aventura estáis también llamados. ¡Escuchad hoy su voz! Sed generosos. No os acomplejéis ante las dificultades. Y pedid, lo hacemos todos juntos, a nuestra Madre la Virgen que nos alcance la gracia de guardar y meditar las palabras de Jesús en nuestro corazón para llevar a todos la fuerza de la esperanza.

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