Carta Pastoral Cuaresma 2012

Mons. José Mazuelos Pérez      A todos los fieles diocesanos:

Acabamos de comenzar un tiempo de salvación y de gracia: la Santa Cuaresma. El Concilio Vaticano II habla de ella como una preparación a la celebración del Misterio Pascual durante la cual, los fieles, se entregan más intensamente a oír la Palabra de Dios, a la oración y la práctica de la penitencia en el recuerdo de las distintas etapas del Bautismo. (Cf. SC 109)

Es éste, por tanto, un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, nos abramos a la fuerza y al mensaje de la Resurrección del Señor y recorramos un camino de fe, en una peregrinación hacia la fuente de donde mana toda la gracia de la que vive la Iglesia y a la que ahora yo os invito a recibir participando activamente en estos cuarenta días, en que, a imagen del camino de Israel hacia la tierra prometida, o del combate de Jesús en el desierto, nos sintamos miembros del mismo Pueblo de Dios y del mismo Cuerpo de Cristo, la Iglesia.

En el mensaje de cuaresma de este año, el Santo Padre, nos invita a reflexionar sobre el texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24); en él nos exhorta a profundizar en la caridad entendida en toda su verdad: espiritual, social y moral.

Y para crecer en la caridad es necesario, en primer lugar, fijarse en Jesús, cuya Palabra se hizo carne entre nosotros (Cf. Jn 1, 14). Y mirar a Jesús conlleva convertir nuestro corazón a Dios que nos permita no sólo “ver a Jesús” (Cf Jn 12, 21), sino profundizar en las riquezas del misterio pascual de Cristo para que, renovados en la penitencia, podamos disfrutar de los frutos de la redención, porque “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Cf. Jn 15,13).

En este tiempo estamos llamados a “reconciliarnos con Dios”, como nos exhorta San Pablo (Cf. 2 Cor 5, 20) mediante la penitencia y la celebración del Sacramento del perdón, manifestando así que nuestra caridad comienza en el sacrificio de Jesucristo “para el perdón de los pecados” (Cf Mt 26, 28), y es fruto del conocimiento y de nuestra identificación con Él, pues -como repetía el beato Juan Pablo II-, para el cristiano el camino de Dios pasa siempre junto a la casa del hermano.

Y es en ese caminar donde se inscribe el mensaje del Papa exhortándonos a “fijarnos los unos en los otros para estímulo de la caridad”,  afirmando que:

“Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien…el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si  cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón”.

Como podemos ver la atención al otro exige no mostrarse extraño ni indiferente a la suerte de los demás y a preocuparse de su bien, de todo su bien. Es verdad que a menudo prevalece en nosotros la indiferencia o el desinterés que nace del egoísmo. Estamos tan marcados por el relativismo y sus falsos valores, que no nos atrevemos a señalar, cuando es necesario, el camino equivocado que muchos llevan arrastrando a otros en la misma dirección. Les cuesta trabajo a los padres reprender a sus hijos, recordarles sus deberes o advertirles del peligro de los placeres irresponsables. También nosotros mismos reaccionamos mal si alguien nos corrige o nos señala una forma de mejorar. Sin embargo, no podemos ignorar que tenemos una responsabilidad respecto a los otros y esta responsabilidad significa querer el bien del otro, de los otros, deseando que ellos también se abran al bien y a la gracia.

La solicitud por el bien de los otros nos lleva, por un lado, a ser conscientes de que en nuestra sociedad existen muchas personas a las que no se les ha anunciado de forma adecuada la Buena Nueva. Por otro a descubrir en esta Cuaresma una ocasión para renovar nuestra tensión misionera, nuestros métodos de predicación y de testimonio para que resuene intensamente el mensaje de la salvación.

Igualmente la caridad espiritual nos mueve a ejercer la corrección fraterna con aquellos hermanos que habiendo escuchado y creído el Evangelio, están alejados del Espíritu de Dios. Es éste un tiempo adecuado para llamarlos a avivar la fe, a salir de ese divorcio entre la fe profesada y la vida de espaldas a los valores evangélicos. Y para ofrecerles la oportunidad de la conversión mediante la integración activa en la vida de la comunidad cristiana, pues como dice la Escritura: “ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (2Cor 6,2).

Por último, nos invita a no olvidar las profundas necesidades materiales de pan, trabajo, casa, etc. por las que pasan tantas personas en estos momentos. Os invito, pues, en esta Cuaresma, a ser generosos para ayudar a tantos hermanos que sufren la crisis económica, a abrir el corazón para escuchar el sufrimiento del pobre, teniendo siempre presente las palabras de Jesús “porque tuve hambre y me distes de comer, estuve enfermo y me visitasteis…”. (Cf. Mt 25).

La Iglesia, como madre espiritual nos recuerda las armas del combate: el ayuno –porque  “no sólo de pan vive el hombre” (Cf Lc 4,4); la penitencia –como mortificación de aquellas pasiones que nos dominan; la limosna para combatir la idolatría de la codicia (Col 3, 5); y la oración, sobre todo, en su dimensión personal de cara al Señor: “y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará” (Cf Mt 6,6).

Aprovechar las celebraciones litúrgicas –tan abundantes en este tiempo-, así como la preparación y participación  en el “Día del Seminario” y en la “Jornada por la vida” que celebraremos en la semana del 19 al 25 de Marzo, es también una  oportunidad a nuestro alcance y una forma de sentirnos peregrinos y caminantes al encuentro del Señor.

Pidamos, por último a la Santísima Virgen María que nos ayude a recorrer el itinerario cuaresmal unidos –como Ella- a su Hijo, el Señor, y a toda la Iglesia  en este tiempo de gracia y salvación “hacia las fuentes de la vida eterna” (Cf Sal 23) .

+ José Mazuelos Pérez

Obispo de Asidonia-Jerez

Mons. José Mazuelos Pérez
Acerca de Mons. José Mazuelos Pérez 43 Articles
Nace el 9 de Octubre de 1960 en Osuna (Sevilla). Tras cursar estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad Hispalense, obtiene en Junio de 1983 el título de licenciado en Medicina. Ejerce como médico en su pueblo natal y, durante su servicio militar en la Armada, en el Hospital Militar de San Carlos de San Fernando (Cádiz). En Octubre de 1985 ingresa en el Seminario de Sevilla, donde cursa los estudios eclesiásticos. El 17 de Marzo de 1990 es ordenado sacerdote en la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de Sevilla, y es nombrado párroco de la Parroquia S. Isidro Labrador del Priorato en Lora del Río (Sevilla), donde permanece hasta Septiembre de 1993, que es enviado a realizar estudios en Roma. En el año 1995 obtiene la Licenciatura en Teología moral en la Academia Alfonsiana - Universidad Lateranense de Roma. En el 1998, en la misma Universidad, defiende la tesis: “Posibilidad y significado de una bioética mediterránea. Estudio comparativo de los modelos bioéticos de D. Gracia y H.T. Engelhardt”, obteniendo el título de doctor en Teología Moral. También, durante su estancia en Roma, realiza el Curso de Perfeccionamiento en Bioética en la Facultad de Medicina Gemelli y colabora en la parroquia de Santa Francesca Cabrini de Roma. En Octubre de 1998 es nombrado Párroco de Santa María de las Nieves de Benacazón y Subdirector del Servicio de Asistencia Religiosa de la Universidad de Sevilla. En Octubre del año 2000 es designado Director del Servicio de Asistencia Religiosa de la Universidad de Sevilla, Delegado de Pastoral Universitaria y Director Espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad Hispalense. El 27 de Abril de 2002 es nombrado Canónigo Penitenciario de la Iglesia Catedral de Sevilla y posteriormente miembro del Colegio de Consultores. Desde su doctorado ha realizado labores docentes como Profesor de la Licenciatura en Moral de la Facultad de Teología de S. Dámaso de Madrid. Profesor auxiliar de la Facultad de Teología Redemptoris Mater del Callao (Perú). Profesor del Instituto Superior de Ciencias Teológicas de Jerez donde, desde su fundación, realiza su docencia como profesor de Teología Moral. Es también Consultor de la Subcomisión de Familia de la Conferencia Episcopal Española. Ha dado diversos cursos, conferencias y seminarios de formación sobre temas de bioéticas a sacerdotes y seglares en diferentes diócesis de España y del extranjero. Se destacan algunas de sus publicaciones tanto en revistas como en obras colectivas: Reflexiones sobre la eutanasia, Isidorianum 16 (1999) 457-488. El problema del inicio de la vida humana y su tutela en el tercer milenio, Burgense 2 (2000) 517-534. Fundamentos y contenidos de la cultura de la vida en el Magisterio de Juan Pablo II, Burgense 45/2 (2004) 465-486. Iglesia y cultura de la vida: retos de la bioética, Asidonense 1 (2008). Reconocimiento de la dignidad personal en la procreación y el origen, en la enfermedad y el final de la vida, en CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Bioética: Reconocimiento de la persona, Madrid 2002, p. 29-53. La fe cristiana fundamento de una educación sexual responsable, en ARZOBISPADO DE SEVILLA, La formación humana en la vida y ministerio del sacerdote, Sevilla 2002, p. 155-169. Libertad de investigación y respeto a la vida, en J.J. PÉREZ-SOBA (Ed.) Para ser libres nos ha liberado, Madrid 2003, p. 204-220. Metabioética y Relación Médico-enfermo, en C. SIMÓN (dir), Diccionario de bioética, Monte Carmelo, Burgos 2006. La vida humana naciente: clarificación y juicio moral, en J. RICO PAVÉS (dir.), La fe de los sencillos. Comentario a la Instrucción Pastoral Teología y secularización en España, En prensa.