Un camino nuevo: el camino cuaresmal

Mons. Manuel  Sánchez Monge   1.  Camino alegre hacia la Pascua 

Iniciamos el camino cuaresmal que nos conducirá hasta la gran fiesta de los cristianos: la Pascua de Resurrección. Pensemos que el anuncio de la Cuaresma tiene un contenido alegre y gozoso. Es para fortalecer nuestra fe, para seguir a Jesucristo más de cerca y así crecer en libertad y creatividad. Con Él salimos de la mediocridad hacia lo nuevo que Dios hace surgir en medio de nosotros. Revivir nuestro bautismo nos rejuvenece, abrir nuestras manos a Dios permite que El nos llene de sus dones, experimentar la cercanía del Dios del perdón y de la misericordia nos transforma en el tiempo cuaresmal. 

2. Tiempo de conversión 

El camino cuaresmal no es un fastidio y un aburrimiento. La Cuaresma nos ofrece la oportunidad de vencer nuestras muertes y estrenar caminos de vida nueva. La Vida es Cristo y con su resurrección ha hecho nuevas todas las cosas. Ayunamos para ser solidarios con los pobres y para encontrar el alimento verdadero: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4, 4). 

Es tiempo de romper las ataduras fuertes o los hilos de araña, casi invisibles, que nos mantienen lejos de Dios. Reconozcamos que la mentalidad mundana se nos pega a todos, aun sin buscarlo. Queremos vivir en tantas ocasiones al margen de Dios, nos encerramos en nuestro egoísmo y olvidamos a nuestros hermanos, nos gusta programar nuestra vida y no tenemos en cuenta la búsqueda continua de la voluntad de Dios. Los pequeños placeres nos esclavizan. Salgamos de nuestras rutinas y caminemos por las sendas de la fe y del amor. Abandonando nuestra antigua vida de pecado, emprendamos una ‘ruta nueva’. Abramos nuestra mirada al horizonte pascual donde todo es nuevo y todo se transforma. Despertemos del sueño de nuestra indolencia y pongamos nuestra confianza en Dios que nos quiere ‘criaturas nuevas’. 

 3. La atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal 

Estos son los tres puntos sobre los que el Papa nos invita a reflexionar y actuar en el Mensaje que nos ha dirigido para la Cuaresma de este año: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.

El primer movimiento de ‘la atención al otro’ es descubrirle, caer en la cuenta de que existe y tiene necesidad de nosotros. Tendemos a mirar al otro con indiferencia y desinterés. La caridad, corazón de la vida cristiana, pide que miremos con atención a nuestro alrededor: el prójimo necesitado está a nuestro lado. No podemos ser extraños los unos a los otros. Muchas veces prevalece la indiferencia y el desinterés hacia el otro, fruto del individualismo y del egoísmo. El Papa nos recuerda que “Dios nos sigue pidiendo que seamos ‘guardianes’ de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien”. 

El mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a nuestro prójimo. Si cultivamos una mirada de fraternidad hacia el otro, la solidaridad, la justicia, la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. Compartiremos lo que tenemos en nuestro corazón y en nuestras manos. Porque amontonar cosas innecesarias sofoca la voz interior de nuestra conciencia y la voz de Dios. El confort suele anquilosar el corazón y hacerlo pequeño. En nuestro recorrido cuaresmal debe destacar la caridad fraterna y la limosna, el desprendimiento alegre de lo nuestro para los demás. Jesús alabó la limosna de una viuda pobre porque “ha echado, dijo, todo lo que tenía”. 

De todos modos, al otro hay que descubrirlo no sólo en sus necesidades materiales, sino también en las espirituales y morales. Son más importantes y ante ellas no somos tan sensibles. De hecho, como constata el Papa, nos olvidamos “casi por completo” de la “responsabilidad espiritual para con los hermanos” y descuidamos la corrección fraterna. Es algo que vivían habitualmente las primeras comunidades cristianas. Como dice Benedicto XVI, «frente al mal no hay que callar». Sin embargo, es muy frecuente que los cristianos callemos por respeto humano o por simple comodidad. 

Practicar la caridad prestando atención a los demás y ejerciendo la corrección fraterna es un buen programa para nuestro camino cuaresmal de este año.

+Manuel Sánchez Monge

Obispo de Mondoñedo-Ferrol

Mons. Manuel Sánchez Monge
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Mons. Manuel Sánchez Monge nació en Fuentes de Nava, provincia de Palencia, el 18 de abril de 1947. Ingresó en el Seminario Menor y realizó luego los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor Diocesano. Cursó Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo en 1974 la Licenciatura, con una tesina sobre la infalibilidad del Papa y ,en 1998, el Doctorado con una tesis sobre "La familia, Iglesia doméstica". Fue ordenado sacerdote en Palencia el 9 de agosto de 1970. Fue Profesor de Teología en el Instituto Teológico del Seminario de Palencia (1975), Vicario General de Palencia (1999) y Canónigo de la Catedral (2003). Fue ordenado obispo de Mondoñedo-Ferrol el 23 de julio de 2005.En la Conferencia EpiscopalMiembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada desde 2005Desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar