Orar para sentirse amado y poder amar

Mons. Francesc Pardo i Artigas   Una de las actitudes fundamentales de la cuaresma es la plegaria. Cristo oraba, y enseñó a orar a sus discípulos. Ciertamente la plegaria es la respiración de la vida cristiana. La plegaria es un ejercicio de amor. Quien verdaderamente ama, verdaderamente ora, y quien verdaderamente ora, verdaderamente ama. 

Con frecuencia, en la formación cristiana de adultos y jóvenes, en la formación de padres de alumnos de catecismo, me he referido a la plegaria. En el curso del dialogo se manifiestan las dificultades para orar, y que yo mismo he experimentado y que, con frecuencia, se hacen presentes en mi vida: “No sabemos que decir, nos distraemos y nuestro pensamiento deriva hacia aquello que nos preocupa. Incluso nos parece que Dios no nos escucha, tal vez porque le hemos pedido demasiadas cosas y no se nos han concedido. No tenemos tiempo –y si somos francos- tenemos la impresión de perder el poco tiempo que tenemos. Si se nos pide algo con carácter voluntario, lo haremos, pero orar ¿qué soluciona?”. Podemos añadir toda clase de dificultades que nos rodean. 

Sin embargo, la plegaria es la actitud fundamental en la vida cristiana. Me atrevo a pronosticar que, si no se reza, muy pronto dejaremos de creer… y acaso de amar como amó Jesús ¿Porqué razón? Pues porque por medio de la plegaria experimentamos personal y comunitariamente  la realidad de Dios y de su amor. Por medio de la plegaria se establece la comunicación con Dios, tanto si le escuchamos, como  si es para loarlo, darle gracias y presentarle nuestras necesidades y las de todo el mundo. 

Para orar son necesarias unas actitudes básicas y fundamentales.

· Confianza absoluta en Jesucristo. Que también oraba y nos mandó hacerlo. 

· Experiencia de silencio. Sin silencio exterior, que ha de ayudarnos al silencio interior, difícilmente podremos establecer una comunicación de afecto que nos permita escuchar y hablar desde la profundidad de nuestro ser. El silencio requiere un cierto entrenamiento que puede ser costoso en sus inicios. Se trata de buscar una experiencia de “desierto” sin necesidad de ir físicamente al desierto. En medio del ruido de cada día debemos ser capaces de hallar un “desierto de bolsillo” que sin hacernos olvidar lo que somos y vivimos, nos permita contemplarlo de una forma muy diferente. Nuestro tiempo y nuestros ritmos son muy agitados y, en razón de ello, debemos buscar más que nunca tiempos de “silencio”. Cada cual  ha de hallar el momento y el espacio más adecuados para conseguir este tiempo de silencio. 

. Conciencia de pobreza. Somos seres débiles y necesitados de salvación, es decir, de amor verdadero, de perdón, de vida sin limitaciones, de saciar nuestro deseo de felicidad, de realización…  y no podemos hallar la salvación en nosotros mismos. Es fundamental sabernos pobres ante Dios, necesitados de todo y con urgencia de pedir. Si confiamos en nuestras obras, en nuestros conocimientos y en nuestras habilidades, podremos satisfacer nuestra sed más profunda, estaremos satisfechos pero también equivocados y lejos de sentir la necesidad de orar. 

· Deseo de salvación, deseo de Dios. Si, deseo de Dios y de lo que nos ofrece. Pero, pienso también en el deseo que se manifiesta entre los que buscan respuestas a las grandes preguntas de la vida, entre los que buscan saciar la sed más profunda de todo ser humano. Utilizo un fragmento de una plegaria de san Anselmo: “Enseñadme a buscaros y mostraos cuando os busque, porque no puedo buscaros si vos no me enseñáis, ni puedo hallaros si vos no os mostráis. Os buscaré como un deseo, os desearé con mi búsqueda, os hallaré mientras os amo, y os amaré mientras os hallo”. 

· Busquemos a alguien o a alguna comunidad que nos enseñe a orar y nos acompañe. Sin alguien que nos ayude a orar, sin alguien que nos acompañe y nos permita superar las dificultades, nos será difícil perseverar en la plegaria. Participar en la plegaria de la parroquia, orar en grupo –si tenemos la suerte de tenerlo- y pedir consejo, es del todo necesario para orar. ¡LA CUARESMA ES PLEGARIA!

 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 
Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 357 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.