“El corazón de la vida cristiana”, charlas cuaresmales en el Arzobispado Castrense

En el Arzobispado Castrense, la apertura del tiempo de Cuaresma se inició con la tercera conferencia cuaresmal: “El amor que no pasa nunca”, pronunciada por el Arzobispo monseñor Juan del Río.

Como en los días anteriores, se comenzó con una oración introductoria, a continuación ponente hizo un resumen de lo expuesto acerca de la fe y de la esperanza. Ofreciendo para la reflexión y meditación para este tiempo de gracia, la lectura de las tres cartas encíclica de Benedicto XVI: Deus caritas est; Spe salvi; Caritas in veritate. Además recomendó una sencilla bibliografía de carácter espirituale centrado fundamentalmente en: Dios y de las virtudes teologales que ha sido la temática aborda estos días.

Monseñor del Río Martín, hizo un prólogo sobre la devaluación del término “caridad”. Poniendo de manifiesto que la secularización ambiental ha llegado hasta convertir el mismo corazón del cristianismo, como es el amor, en algo puramente inmanentista sin referencia a la fuente y meta del amor que es Dios mismo. Esto es como consecuencia de aquello que denuncia Benedicto XVI en su Mensaje Cuaresmal de este año: “La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar….que la vida no se puede reducir a la dimensión terrena, olvidando la perspectiva escatológica”.

Situado el contexto cultural donde debemos vivir la virtud de caridad. Esta es el lazo y la perfección de las otras virtudes que configuran la existencia cristiana. El Arzobispo hizo los siguientes interrogantes: ¿Quién es y cómo se revela el Dios de los cristianos? ¿Cuál es el signo por el cual se reconoce nuestra identidad? Para ello partió de dos texto bíblicos claves: el himno del amor (1 Cor 13,1-13) y el buen samaritano (10, 30-37). Esto dio pie para plantear la vertiente divina del amor siguiendo principalmente al Papa y a san Agustín: “Amamos a Dios y al prójimo con la misma caridad. Pero debemos amar a Dios por sí mismo, y al prójimo por Dios”. El recorrido por la historia de la salvación puso de manifiesto que el Dios de los cristianos.es un Dios que se define como “amor desbordante”. ¡Tanto amó Dios al mundo que nos envío a su propio Hijo! Este Dios que aparece como padre, madre y esposo para Israel, se ha manifestado en los desposorios de amor del Verbo con la humanidad. Por eso dice Benedicto XVI: “el amor es “divino” porque proviene de Dios y a Dios nos une y, mediante este proceso unificador, nos transforma en un Nosotros, que supera nuestra divisiones”.

En la segunda parte ofreció una síntesis de la dimensión horizontal de la caridad en los siguientes puntos: “excelencia de la caridad; amor al prójimo, cualidades de la caridad, corrección fraterna, caridad con los enemigos, significado de la limosna, manifestaciones pública de la caridad, pecados contra la caridad y la caridad “alma” de la Iglesia”.

Finalizo la conferencia con un llamamiento a poner en práctica por un lado: la conveniencia de hacer con frecuencia actos de amor y adoración a Dios cómo única fuente de la caridad. Por otra parte, ejercitar las Obras de Misericordia, tanto corporales como espirituales. Realizando esta doble vertiente: de amor a Dios y al prójimo, el amor a nosotros mismo será siempre según el estilo de Cristo, caridad del Padre. ¡Todo en el cristianismo se reduce a una cuestión de amor!

Como estaba previsto a las 19,30 horas, se celebró solemnemente la Eucaristía con la imposición de cenizas a todos los asistentes. En su homilía el prelado expuso las grandes líneas del Mensaje de Benedicto XVI para la presente Cuaresma.

En la Misa, participó el Cardenal José Manuel Estepa, Arzobispo emérito Castrense de España. Participaron también el Seminario Castrense Juan Pablo II y su Rector, así como varios Capellanes.

“El ancla de la esperanza”

En la tarde del martes 21 de febrero, tuvo lugar la segunda intervención del ciclo cuaresmal: “El corazón de la vida cristiana”, que verso sobre: “El ancla de la esperanza”.

Comenzó el Arzobispo Castrense haciendo un breve resumen de lo expuesto el día anterior acerca de la virtud de la fe. A continuación desarrolló los elementos antropológicos de la esperanza centrándose en el cómo somos Homo Viator. Nuestra existencia se desarrolla en el mundo y en la historia. La temporalidad del ser humano, no sólo reclama un fundamento de su existir, sino también tener muy claro hacia donde caminamos, cual es nuestra meta final, que nos espera después de la muerte.

Monseñor Del Río, se detuvo en los fundamentos bíblicos de la esperanza y en el significado de los grandes acontecimientos del Antiguo Testamento, que anunciaban nuestra promesa que se ha realizado en la plenitud de los tiempos con la venida del Hijo de Dios, Jesucristo. Él es el objeto de nuestra esperanza ( cf. 1 Tm 1,1). El que ha puesto su esperanza en Cristo, lleva en sí mismo algo del gozo celestial que es nuestra meta. La esperanza cristiana está anclada en el acontecimiento por excelencia que es la encarnación, muerte y resurrección que vivió el Verbo de Dios.

En un tercer momento hizo un recorrido de la virtud de la esperanza a lo largo de la tradición de la Iglesia. Abordó los frutos espirituales de esta virtud y la actualidad de los pecados contra la esperanza.

Finalizó con unas recomendaciones bibliográficas de tipo divulgativo sobre el tema desarrollado. Así mismo, exhortó a la meditación personal de algunos Salmos que ayude a crecer en la esperanza. Virtud tan necesitada en la sociedad de hoy, e imprescindible para el nuevo evangelizador del Evangelio de la esperanza en el siglo XXI.

“La fe que mueve montaña”

Bajo el titulo general: “El corazón de la vida cristiana”. El Arzobispo Castrense de España pronunció en el lunes 20 de febrero las primeras de las conferencias: “La fe que mueve montaña”.

Se inició la exposición con una introducción antropológica donde se puso de manifiesto como “vivir es creer”, de tal manera que el hombre desde que tiene uso de razón se fía de aquello que le relata las personas de su entorno familiar y social, así como aquello que le viene dado por las leyes e instituciones. Sin esa confianza básica no se podría vivir.

El problema de la actualidad es que se ha perdido el valor y el significado de la palabra y el compromiso humano. La secularización dominante no sólo arruina la vida cristina, sino que deshumaniza a la misma sociedad.

El recorrido por las virtudes teologales como materia de reflexión cuaresmal va encaminado a situarnos en lo esencial que es Dios. Ha reedificar los cimientos de la existencia cristiana tan amenazados por los enemigos de la fe, y misma falta de profunda conversión interior en algunos sectores del pueblo de Dios.

El primer punto verso sobre “los fundamentos bíblicos de la fe cristiana”. Luego se pasó a los temas más teológicos como: “origen sobrenatural de la fe”, “razón y fe”, “razón y libertad”, “propiedades de la fe”, “frutos de la fe”, “los pecados contra la fe”, “las obras de la fe y su testimonio público en una sociedad plural”, “dificultades y medios para crecer en la fe” y por último, “La Iglesia, nos antecede con su fe”.

Todos era expuesto de forma pedagógica al audito asistente. Al final, el Arzobispo dio unas pautas para la meditación personal sobre el tema. Luego tuvo lugar la celebración de la Santa Misa.

Para el día de hoy martes 21 de febrero a las 18:30, está programada la segunda conferencia que tratará sobe: “El ancla de la esperanza”.

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