Quien tiene esperanza vive de otra manera

Mons. Julián Ruiz Matorell    Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Con frecuencia, vivimos de un modo acelerado, pero, casi siempre, vamos de un sitio a otro siendo conscientes del punto de partida, del itinerario que recorremos y de la meta de nuestro desplazamiento.

Sin embargo, junto a nosotros, hay muchas personas que no tienen un lugar al que dirigirse, carecen de hogar, viven sin techo. Los vemos deambular y, estos días, malviven ateridos de frío.

El sufrimiento, la aflicción y la incertidumbre de todas las personas que experimentan la crudeza del invierno nos interpelan. Son personas que tienen un pasado desdibujado, un presente angustioso y un futuro limitado y precario. Personas con las que queremos compartir nuestra esperanza, pero una esperanza que nos obliga a vivir de un modo distinto, más solidario, más austero y más generoso.

La encíclica Spe salvi presenta una interesante reflexión en el nº 2: “(…) aparece también como elemento distintivo de los cristianos el hecho de que ellos tienen un futuro: no es que conozcan los pormenores de lo que les espera, pero saben que su vida, en conjunto, no acaba en el vacío. Sólo cuando el futuro es cierto como realidad positiva, se hace llevadero también el presente”.

Y prosigue: “De este modo, podemos decir ahora: el cristianismo no era solamente una “buena noticia”, una comunicación de contenidos desconocidos hasta aquel momento. En nuestro lenguaje se diría: el mensaje cristiano no era sólo “informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva” (Spe salvi, 2).

No podemos vivir del mismo modo cuando, a través de los cristales de nuestra ventana, vemos muchas necesidades sufridas a la intemperie. No podemos permanecer impasibles ante tantas escenas cotidianas de pobreza. No somos insensibles ante el dolor ajeno.

La encíclica Caritas in veritate nos recuerda las lecciones de la crisis: “La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso, a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De este modo, la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo” (Caritas in veritate, 21).

El funcionamiento correcto de la economía tiene necesidad de una ética amiga de la persona: “La economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona” (Caritas in veritate, 45).

En las manos de cada uno de nosotros está la posibilidad de realizar signos y gestos nuevos, que brotan de la radical novedad del Evangelio, signos y gestos transparentes, próximos. Las distintas instituciones eclesiales que trabajan en el ámbito socio-caritativo merecen nuestro reconocimiento y nuestra colaboración, expresan y realizan nuestro deseo de que se haga efectivo el compromiso por la justicia y son el cauce más útil para nuestra generosidad.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 

+ Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.