“Velar por Dios y velar por el hombre. Volver a Dios y volver al hombre”

Mons.Julián Barrio    Queridos diocesanos:

La Cuaresma “es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitaria”1, y respondamos a la llamada a la conversión que exige conformarnos con Cristo “que se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma” (Ef 5,2), despojarnos del hombre viejo con sus obras, y revestirnos del Hombre Nuevo, Cristo, que lo es todo en todos (cf. Col 3,10-11).

La liturgia cuaresmal nos ayuda a recordar “al hombre tal como ha sido querido por Dios, tal como Él lo ha elegido eternamente, llamado, destinado a la gracia y a la gloria”2. “Pues bien -oráculo del Señor-, convertíos a mi de todo corazón” (Jl 2,12). La conversión recupera al hombre para la salvación y la santidad en la experiencia de la relación personal con Dios, sabiendo que sólo alcanzaremos esa conciencia humilde en la medida en que nuestra oración nos abre al conocimiento de la voluntad de Dios y nos da fuerza para cumplirla. En este sentido urge revitalizar nuestro bautismo, comprobando si las promesas bautismales tienen incidencia en nuestra vida. Nuestro drama como cristianos es terminar viviendo como quienes han renunciado a la santidad bautismal. La conversión y la santificación real son siempre un don gratuito de la iniciativa divina para lograr el encuentro personal de cada hombre con Cristo.

“En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios”(2Cor 5,20). Necesitamos ser redimidos y reconciliados por Dios que ha de ser el origen y la meta, el sentido y la explicación última de nuestra existencia. Es una ofuscación espiritual no ser conscientes, tal vez adormecidos en la tibieza, de que debemos conformarnos a la voluntad de Dios, haciéndonos a la idea de que a lo sumo nos basta con el estricto cumplimiento de la abstinencia y del ayuno que la Iglesia nos indica, y manteniéndonos en la honradez convencional ante los demás. Los criterios de ver las cosas como los hombres y no como Dios nos hacen pensar que una actitud penitencial y la negación real de uno mismo no se adecuan a la condición humana.

La Cuaresma nos ofrece la oportunidad de profundizar en la importancia de la Palabra de Dios, del ayuno y de la caridad para asumir nuestro compromiso cristiano. La lectura de la Sagrada Escritura es un camino privilegiado para ahondar en nuestra relación con Dios pues la luz de su Palabra nos ayuda a hacer una lectura creyente de la realidad. Así lo contemplamos en nuestro plan pastoral diocesano. Es necesario familiarizarse con la Biblia sabiendo que como escribe san Juan Crisóstomo, “ningún acto de virtud puede ser grande si de él no se sigue también provecho para los otros…

Así pues, por más que te pases el día en ayunas, por más que duermas sobre el duro suelo, y comas ceniza, y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no haces nada grande”.

El ayuno es siempre importante para crecer en la libertad donde percibimos que es más feliz el que más da, porque “hay mayor alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35), imitando el amor gratuito de Dios. El ayuno que Dios quiere es compartir nuestro pan con el hambriento, ayudando a tantas personas que están reclamando nuestra solidaridad, no sólo con lo que nos sobra sino incluso con lo que necesitamos; acompañar a los que están enfermos en su cuerpo o en su espíritu; y denunciar toda injusticia. Nuestro ayuno como gesto profético y acción eficaz, cobra sentido para que otros no ayunen a la fuerza, y acredita nuestro mensaje evangélico. “Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él (…). Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor”3.

La caridad, “corazón de la vida cristiana”, es signo de la conversión cristiana. Nos lleva a “fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada”4. Nuestra conversión no consiste en adquirir la perfección en solitario y por nuestra cuenta, sino en ser mejores hijos de Dios, mejores hermanos y amigos, en particular de quienes sufren y esperan nuestra ayuda. “El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente”5. Por eso la caridad en cualquier tiempo y circunstancia es para el cristiano una virtud sin sustituciones posibles por muy piadosas que tales sustituciones se nos antojen o por muy razonadas que nos las presente una moral naturalista o una casuística minimizante. “Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo” (Gal 6,2), glorificando al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16), y dejando que Cristo esté en nuestro corazón y dinamice la historia.

Que en oración con María, la Cuaresma sea un camino de esperanza, al disponernos a celebrar la mayor fiesta del año, la Pascua, que trae la alegría que nunca termina: Jesús está vivo y nos ha reconciliado. Haciendo este itinerario con vosotros, os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,

Arzobispo de Santiago de Compostela

 

1 BENEDICTO XVI, Mensaje para la Cuaresma 2012.

2 JUAN PABLO II, Redemptor hominis, 13.

Arzobispo de Santiago

3 BENEDICTO XVI, Mensaje para la Cuaresma 2009.

4 BENEDICTO XVI, Mensaje para la Cuaresma 2012, 1.

5 Ibid., 2.

Arzobispo de Santiago

Mons. Julián Barrio Barrio
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D. Julián Barrio Barrio preside la Iglesia Compostelana desde el día 25 de febrero de 1996, fecha en que tomó posesión de la Sede para la que había sido nombrado por el Papa Juan Pablo II el día 5 de enero del mismo año. Cuando este evento se produjo, llevaba ya dos años con nosotros. Había llegado desde la Iglesia hermana de Astorga el día 7 de febrero de 1993 en pleno Año Jubilar, siendo consagrado en nuestra Catedral como Obispo Titular de Sasabe y Auxiliar de su antecesor. Desde octubre de 1994 hasta su nombramiento gobernó la archidiócesis como Administrador Diocesano. Nació en Manganeses de la Polvorosa, provincia de Zamora y Diócesis de Astorga, el 15 de Agosto de 1946. Cursó los estudios de Humanidades y de Filosofía en el Seminario Diocesano de Astorga. Distinciones: - Medalla de Honor de la Universidad en la Licenciatura de Historia de la Iglesia en la Facultad de Historia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1974). - Medalla de Oro en el Doctorado en la Facultad de Historia de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1976). - Medalla de Oro de la Ciudad de Santiago y Título de Hijo Adoptivo. - Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Miembro de la Confraternidad de Nosa Señora da Conceçao. - Capellán Gran Cruz Conventual “Ad honores” de la S. O. Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta. - Medalla de oro del Concello de Vila de Cruces. Premio de Santa Bona de la Ciudad de Pisa (Italia). Títulos Académicos: Es Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca (1971), Doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1976) y Licenciado en Filosofía y Letras, Sección de Geografía e Historia, por la Universidad de Oviedo (1979). Publicaciones: - Félix Torres Amat (1772-1847), Un Obispo reformador, Roma 1977. - La Junta de ancianos de la iglesia de Gibraltar: Anthologica Annua. - Aportación para un epistolario de Félix Torres Amat: Anthologica Annua. - Proceso a un clérigo doceañista: Astorica. - 25 Años de Postconcilio en el Seminario: 25 Años de Ministerio episcopal en la Iglesia Apostólica de Astorga, Astorga 1993. - La formación de los sacerdotes del mañana, (1989). - Peregrinar en Espíritu y en verdad. Escritos Jacobeos (2004). - Peregrinando en esperanza. Lectura creyente de la realidad actual (2007). Cargos: - Bibliotecario del Instituto Histórico Español, anejo a la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat en Roma, de donde fue Becario. - Secretario de Estudios y Vice-Rector del Seminario Mayor Diocesano de Astorga (1978-1980). - Rector del Seminario Mayor Diocesano y Director del Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario de Astorga (1980-1992). - Profesor de Historia Eclesiástica en el Seminario Mayor y de Historia de España en 3º de BUP y de Contemporánea en COU en el Seminario Menor (1980-1992). - Profesor de la UNED en la sección delegada de Valdeorras en A RUA PETIN (1991-1993). - Miembro del Consejo Nacional de Rectores de Seminarios (1982-1985). - Miembro del Consejo de Consultores del Obispo de Astorga. - Secretario del Consejo Pastoral Diocesano de la diócesis de Astorga (1991-1992). - Nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela el 31 de Diciembre de 1992. Ordenación episcopal el 7 de Febrero de 1993. Responsable de la sección de los Seminarios Mayores en la Comisión Episcopal de Seminario y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. - Obispo Administrador Diocesano de la Archidiócesis de Santiago desde octubre de 1994. - Nombrado Arzobispo de Santiago de Compostela el 5 de enero de 1996, de cuya Sede toma posesión el 25 de febrero. - Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española (1999-2005). - Miembro de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española (Marzo 1999…). - Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Marzo 2005-2011). - Miembro del Comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (2011…).