"Ojalá escuchéis hoy su voz"

Mons. Julián López    Queridos diocesanos: 

Cada día la oración de la Iglesia que llamamos Oficio Divino o liturgia de las horas inaugura la jornada con el salmo 95 (Vg 94), un himno invitatorio de alabanza a Dios y de proclamación gozosa de sus obras en la creación y en la historia de Israel. Al comienzo de la segunda parte, antes de evocar el episodio de Meribá cuando el pueblo se rebeló contra el Señor en el desierto, el salmista advierte: “¡Ojalá escuchéis hoy su voz!” (v. 7), para que no se repita aquella amarga experiencia del endurecimiento del corazón olvidando las obras de Dios y desoyendo su palabra. 

He querido recoger este mensaje de la liturgia cuando estamos a punto de entrar, un año más, en el desierto de la Cuaresma, tiempo simbólico que representa esta vida para poner a prueba nuestra propia fidelidad a Dios y nuestra capacidad de dedicarnos a lo verdaderamente fundamental, nuestra salvación. Para darnos ejemplo de cómo hemos de comportarnos, Jesucristo mismo, el Hijo de Dios hecho hombre, superó esta misma prueba tal y como se describe en el evangelio del domingo I de Cuaresma. La clave está en “escuchar la voz de Dios”, su palabra de vida y salvación, aunque para ello sea imprescindible desoír otras voces y palabras, más halagadoras y gratas, quizás, pero no las que de veras pueden fortalecer nuestra voluntad débil y ayudarnos a vencer el pecado que anida en nosotros en forma de pensamientos torcidos y deseos deshonestos. 

En el presente curso pastoral estamos comprometidos como Iglesia diocesana a seguir al Buen Pastor reconociendo su voz (cf. Jn 10, 4b), dentro del plan 2009-2014 centrado en la escucha de la palabra de Dios para dar fruto (cf. Mt 13, 23). Por eso permitidme exhortaros a vivir la Cuaresma en profundidad, participando más intensamente en la vida parroquial y comunitaria, en la misa dominical y en la diaria, si podéis, en una más provechosa lectura de la Palabra divina, en una oración personal más prolongada e intensa, en los actos de piedad de este tiempo y, muy especialmente hoy dadas las presentes circunstancias de crisis económica, mediante una vida austera para poder ayudar a quienes lo necesitan. La penitencia cuaresmal, es decir, el ayuno y la abstinencia, debe tener esta función social añadida, hoy ineludible. 

Nos lo ha recordado el Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Cuaresma de este año, titulada: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24). La limosna ha caracterizado siempre este tiempo litúrgico junto con la oración y la penitencia señalada antes.  El texto bíblico citado por el Papa nos exhorta a mirar al que está a nuestro lado, los unos a los otros, como expresión del amor al prójimo y de la responsabilidad respecto a quienes son también criaturas de Dios, máxime si padecen necesidad. Se trata de la mirada del buen samaritano que no pasó de largo ante la desgracia ajena (cf. Lc 10, 30-37). La ayuda que debemos prestar será económica en unos casos, pero espiritual en otros. El mensaje pontificio señala también que la ayuda ha de ser recíproca, para edificación de la caridad y de la santidad de todos. En consecuencia, os pido que toméis muy en serio la Cuaresma de este año, para que la situación de tantas familias y de tantos jóvenes no sea insoportable. La cruz llevada entre muchos se hace menos pesada. Con mi cordial saludo y bendición:

 

+ Julián López

 Obispo de León

 

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma.Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968.CARGOS PASTORALESFue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984.Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983).Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993).Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989).El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril.El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede.En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella