Anuncio de la llegada de la Cuaresma. “El miércoles de ceniza”

Mons. Ureña  El próximo día 22 de febrero es miércoles de ceniza. Y justo la llegada de esta fecha marca el comienzo de la santa Cuaresma.

Todos los tiempos del año no son iguales. Cada tiempo es escogido por Dios para salir Él a nuestro encuentro de forma distinta. Y la Cuaresma es el tiempo en el que Dios nos visita y nos sorprende sumidos en pecado; nos amonesta, nos urge a salir de nuestra postración; y nos exhorta a la conversión, al cambio de vida, a un cambio que afecta al pensar, al hacer y al ser. En efecto, a los todavía no bautizados la Cuaresma les conduce a la recepción del bautismo en la noche de la Pascua, lo que implica para aquéllos un cambio ontológico, esto es, una regeneración y renovación interiores, un nacer de nuevo, un llegar a ser hombres nuevos. Y, para los ya cristianos, la Cuaresma es un cambio moral de tal índole, que supone un dejar de caminar en la dirección contraria a lo que uno ya es por el bautismo y en un reentrar en el camino que conduce a la meta de la santidad bautismal, lo que implica la conversión a Dios señalada por el profeta Joel. “Convertíos a mí de todo corazón, – dice el Señor por labios de este profeta – con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas” (2, 12-13).

De este modo, la Cuaresma tiene un carácter bautismal, pues nos ayuda a mantener despierta la conciencia de que ser cristiano se realiza siempre como un nuevo despertar. Dicho con mayor explicitud, ser cristiano no es nunca un hecho ya terminado, que, en cuanto tal, se encontraría detrás de nosotros, sino un camino que exige siempre un nuevo ponerse en marcha.

Ahora bien, el logro de la conversión cuaresmal, que pasa siempre por la práctica de la virtud y del sacramento de la penitencia, conoce tres mediaciones que en modo alguno pueden ser pasadas por alto. Son éstas: la oración, el ayuno y la abstinencia, y la limosna. Como dice el Papa, la Cuaresma “es un itinerario marcado por la oración y por el compartir, por el silencio y por el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual”.

De las tres mediaciones referidas, el Papa Benedicto XVI hace especial hincapié, en su Mensaje para la Cuaresma de este año, en la limosna, la cual nos remite al corazón de la vida cristiana, que es la caridad. “Cuaresma y caridad” podría llamarse el lema de dicho mensaje.

El texto del Papa arranca del paso bíblico de la Carta a los Hebreos 10, 24: “Centremos la mirada los unos en los otros para el estímulo de la caridad y de las buenas obras”.

La caridad (y la limosna) exigen fijar la mirada en Jesús, pero también estar atentos los unos respecto de los otros, esto es, no mostrarnos extraños ni indiferentes a la suerte de los hermanos. Lo cual no es precisamente lo que nos ofrece la experiencia, pues a menudo prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, nacidos del egoísmo y encubiertos bajo la experiencia del respeto hacia la “esfera privada”.

El gran mandamiento del amor nos exige tomar conciencia de que somos en buena medida responsables de la suerte de nuestros hermanos. El Señor nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro, del prójimo. Dicho de otra forma, hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos “guardianes” de nuestros hermanos, justo lo que no quiso ser Caín respecto de su hermano Abel (cf. Gn 4, 9). Y, por eso, no tuvo especial inconveniente en darle muerte. Dios nos pide que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado recíproco, por la atención al bien del otro y a todo el bien de éste.

Con la sabiduría que le es connatural, la Iglesia enumera, entre las obras espirituales de misericordia, la de “corregir al que yerra”. ¡Cuán importante es recuperar esta dimensión de la caridad cristiana! ¡Frente al mal no hay que callar! Lamentablemente la post-modernidad nos ha acostumbrado a subvenir solamente a las necesidades psicofísicas del sujeto, abandonando a su suerte la interioridad del sujeto mismo, con el falso pretexto de que sobre esta interioridad sólo tiene la última palabra la libertad individual.

Propongámonos, pues, en esta Cuaresma ejercer la práctica de la corrección fraterna y aceptar, al mismo tiempo, que se nos corrija fraternalmente. Somos sujetos agentes y pacientes de la corrección fraterna.

 

† Manuel Ureña

 Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia.Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza.En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe.Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986).Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.