¿Carnaval sin Cuaresma?

Mons. Francesc Pardo i Artigas    El próximo miércoles  se inicia la cuaresma con el signo de la imposición de la ceniza. Si se realizase una encuesta entre los alumnos de primaria, ESO o bachillerato sobre la cuaresma, se podría disponer de un conjunto de respuestas muy “divertidas” y  “estrafalarias”. Si la pregunta fuese sobre el carnaval, seguro que les respuestas serían mucho más completas y precisas, con todo tipo de experiencias y pese a que hay carnaval, en razón de que hay cuaresma. Según el Diccionario de la Lengua del Instituto de Estudios Catalanes, define en carnaval como: “período de de divertimento público y de disfraces que precede a la cuaresma. Domingo, lunes y martes anteriores al miércoles de ceniza”. 

Pero, si la pregunta se nos formulase a nosotros en referencia a que entendemos y vivimos durante la cuaresma, ¿Cuáles serían nuestras respuestas? 

Al escribir estas reflexiones vienen a mi memoria las cuaresmas de mi infancia marcadas por las abstinencias los vía crucis, las tardes de de los domingos sin baile de gramola, las celebraciones sin cantos, las imágenes de la iglesia cubiertas, el bacalao, las sopas de congrio seco, los arenques… Durante los días de carnaval, los mayores nos decían: “chicos, aprovechaos ahora, porque hasta pascua, nada de nada. El mosén cierra el grifo”. 

Gracias a estos y otros signos, vivía la cuaresma como un tiempo especial, de plegaria, de austeridad, de no pensar en diversión alguna y pensar únicamente en Nuestro Señor.. Más tarde, durante mi adolescencia y juventud, tuve la suerte de descubrir y vivir la cuaresma en su sentido más auténtico, pero bien es cierto que aquellos signos cuaresmales, adecuados al tiempo, me habían inculcado la experiencia de aquel período del tiempo litúrgico. 

La vida ha cambiado mucho durante los últimos 50 0 60 años.  Actualmente el problema es que, en el ámbito social, se acentúa el carnaval y no se vive la cuaresma. Además y con frecuencia, se entiende la cuaresma como un tiempo triste, con unos viernes de abstinencia de carne, y en que debemos practicar algún acto de piedad. Es urgente para la vida cristiana recuperar el verdadero sentido de la cuaresma, de los cuarenta días de camino hasta la Pascua. 

La cuaresma es tiempo de plegaria para escuchar y meditar la Palabra de Dios. Para ello debemos buscar momentos de silencio, de recogimiento, para leer pausadamente el evangelio y reflexionar sobre las lecturas de la misa de cada día, y dejar que empapen nuestra vida. 

La cuaresma es tiempo para situarnos ante  Dios sinceramente, y preguntarnos porque vivo, que hago con mi vida, en que la estoy gastando, que tengo entre manos, que necesito, que tengo posibilidades de cambiar… 

La cuaresma, ciertamente, es tiempo para aprender a ser más austeros, de no estar tan ligados a las cosas materiales y entender que podemos ser más libres. También es tiempo para ser más solidarios con todos aquellos que la austeridad y la pobreza de medios, son su pan de cada día. 

La cuaresma es tiempo para profundizar la fe. Si, podemos participar en conferencias, leer algún libro de formación, algunos capítulos del catecismo de la Iglesia sobre aquellas cuestiones que nos generan  más dudas… 

La cuaresma es tiempo para darnos cuenta de la presencia de Dios en nuestras vidas y como nos ha conducido hasta hoy. Por ello es también tiempo de plegaria y un tiempo de meditación. 

La cuaresma es tiempo  de pedir perdón, para confesarnos, para volver a la casa de Dios Padre y recibir su abrazo de amor y gracia. 

La cuaresma es tiempo para el encuentro sincero con el Señor Jesús en la misa dominical y, si nos es posible, en la misa diaria. 

De esta forma nos preparamos para que la pascua no sea sólo un recuerdo, una fiesta, sino una “resurrección” personal que nos haga vivir de forma más intensa el amor de Dios, la compañía de Jesús en nuestra camino; que nos ayude a  ser más apasionados en el amor al prójimo y hacer el bien; y por encima de todo que nos ayude a saborear ya, ahora y aquí, que la muerte y su séquito han sido vencidos. 

Por todo ello, el miércoles se nos dirá: “Conviértete y cree en el Evangelio”

 Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Gerona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 357 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.