Con el rosario en la mano-festividad de la Virgen de Lourdes

Mons. Rafael Palmero   Lo escribí hace 17 años:

 “En la tarde del pasado 7 de enero –corría el año 1995-, como todos los primeros sábados de mes, el Papa dirigió la recitación del Santo Rosario desde la sala Pablo VI, el aula de las audiencias generales de los miércoles. Fue retrasmitido por Radio Vaticana. Le acompañaban algunos cardenales y obispos de la Curia y un nutrido número de fieles, religiosos, religiosas y seglares que se prestan siempre, de buen grado, a acompañar al Santo Padre en este momento de oración familiar.

         Al final, el Papa se volvió a los fieles y les dijo: “Buen año a todos los presentes. Os invito a pasar, a recorrer este año con el rosario en la mano. Buen año a todos”.

La invitación no tiene, a primera vista, mayor realce. Y, sin embargo, encierra, creo yo, el logro maravilloso, espléndido, consolador, de todo lo que se hace con sencillez y naturalidad, con espontánea normalidad, y que da resultados sorprendentes, gratamente sorprendentes.

Tomar el rosario en la mano, desgranarlo una vez al día, solos o, mejor aún en familia, los abuelos, padres, hijos y nietos juntos, significa que el gozo, las penas y las alegrías de la jornada se aceptan y se ofrecen al Señor, y se comparten con Él, hasta saborear el rendimiento y provecho espirituales que están llamados a producir.

 Si somos, además conscientes de que rezamos unidos a miles y millones de hermanos nuestros, que sintonizan en la misma aspiración y tienen idéntico propósito, vivimos nuestra vida de fe y hacemos fuerza a Dios Padre, a quien siempre nos dirigimos “por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo”.

 “Nosotros no hubiéramos podido ofrecer nuestro sacrificio a Dios –comenta San Fulgencio de Ruspe- si Cristo no se hubiera hecho sacrificio por nosotros: en Él nuestra propia raza humana es un verdadero y saludable sacrificio. En efecto, cuando precisamos que nuestras oraciones son ofrecidas por nuestro Señor, sacerdote eterno, reconocemos en Él la verdadera carne de nuestra misma raza, de conformidad con la fe, con lo que dice el Apóstol:

 “Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, está puesto para          representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios       por los pecados”.

 El Rosario no es un acto litúrgico, es cierto, pero forma parte de la religiosidad popular, quizá como ninguna otra devoción, y está injertado en el alma del pueblo sencillo. De ese pueblo que canta con sencillez y con encanto:

         “Nuestra Señora,

         Blanca, Virgen, Reina:

         Madre, que en tus rodillas

         es el mundo un juguete

         en las manos pequeñas del Dios Niño”.

Y se repite confiado:

         Si digo paz, si digo amor, regazo,

         si digo hogar, ternura, dulce abrazo,

         si digo fe, si luz, si amaneceres,

         si bálsamo de todas las heridas,

         si consuelo, si alas florecidas…

         Todo lo que sueño, tú lo eres.

                            (B. Velado Graña)

Si pensamos, además, que María intercede y acoge siempre como madre, podemos estar convencidos de que, con el rosario en la mano, nuestro año transcurrirá sereno, alegre y gozoso. En paz. Todo lo demás y de lo demás forma parte la felicidad que tantas veces nos deseamos unos a otros, será una consecuencia lógica. Lo que de verdad importan son las premisas”.

 Hoy, 11 de febrero del 2012, actualizo, de la mano de nuestro querido Papa Benedicto XVI:

“El rosario no se contrapone a la meditación de la palabra de Dios y a la      oración litúrgica; más aún, constituye un complemento natural e ideal,        especialmente como preparación eucarística y como acción de gracias. Al          Cristo que encontramos en el Evangelio y en el Sacramento lo contemplamos         con María en los diversos momentos de su vida gracias a los misterios    gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. Así, en la escuela de la Madre aprendemos a configurarnos con su divino Hijo y a anunciarlo con nuestra vida.           Si la Eucaristía es para el cristiano el centro de la jornada, el rosario contribuye     de modo privilegiado a dilatar la comunión con Cristo, y enseña a vivir teniendo         la mirada del corazón fija en Él, para irradiar su amor misericordioso sobre         todos y sobre todo” (Alocución dominical, 6-10-2005).

Y repito con él, esperanzado:

“Hoy, juntos, confirmamos que el santo rosario no es una práctica piadosa del pasado, como oración de otros tiempos en los que se podría pensar con nostalgia. Al contrario, el rosario está experimentando una nueva primavera. No cabe duda de que este es uno de los signos más elocuentes del amor que las generaciones jóvenes sienten por Jesús y por su Madre, María. En el mundo actual, tan dispersivo, esta oración ayuda a poner a Cristo en el centro, como hacía la Virgen, que meditaba en su corazón todo lo que se decía de su Hijo, y también lo que él hacía y decía” (Alocución al final del rezo del rosario en la Basílica de Santa María la Mayor, 3-5-2008).

 + Rafael Palmero Ramos

Obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Rafael Palmero
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Nace en Morales del Rey, provincia de Zamora y diócesis de Astorga, el 27 de julio de 1936. Curso los estudios de humanidades y filosóficos y los dos primeros años de teología en el seminario conciliar de Astorga. Después, en Roma, amplió su formación teológica. Allí obtuvo la licenciatura y el doctorado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana y la licenciatura en Ciencias Sociales por la Pontificia Universidad Santo Tomas de Aquino “Angelicum”. Fue ordenado sacerdote el 13 de septiembre de 1959 en Astorga. En 1972 se incardinó en la archidiócesis de Toledo.CARGOS PASTORALESSu ministerio presbiteral comenzó en la diócesis de Astorga. Entre 1961 y 1965 fue secretario de estudios y profesor de Eclesiología y de Doctrina Social de la Iglesia en el seminario mayor diocesano de Astorga y, entre 1963 y 1968, fue delegado episcopal de cáritas diocesana de Astorga. En el año 1968 se trasladó a Barcelona como secretario particular del entonces arzobispo coadjutor de Barcelona, Mons. Marcelo González Martín, cargo que desempeñó hasta el año 1972. También hasta este año, y desde 1969, fue el Presidente del Patronato Diocesano de la “Obra Benéfica Asistencial del Niño Dios”, en la ciudad condal. El año 1972 se trasladó, junto a Mons. González Martín, a Toledo. En esta diócesis fue Vicario General y profesor del Seminario Mayor, entre 1972 y 1987, y arcediano de la Catedral, entre 1974 y 1987.El 24 de noviembre de 1987 fue nombrado obispo auxiliar de Toledo y obispo titular de Pedena. Recibió la ordenación episcopal el 24 de enero de 1988. El 9 de enero de 1996 fue trasladado a la sede episcopal de Palencia. El 26 de noviembre de 2005 fue nombrado Obispo de Orihuela-Alicante, tomando posesión de la sede el 21 de enero de 2006. El 27 de julio de 2012, el Papa Benedicto XVI aceptó la renuncia al gobierno pastoral de esta diócesis, en conformidad con el canon 401, párrafo 1, del Código de Derecho Canónico. Dejó la diócesis el 29 de septiembre de 2012.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde 1987 hasta 1990. Miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1990 hasta 1993. De 1990 a 1999 ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales y de 1993 a 1999 de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe. Desde 1999 es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral, donde es responsable del Departamento de Pastoral de la Salud. Fue miembro del Consejo de Economía desde 1999 hasta noviembre de 2012.