Ante la LIII Campaña de Manos Unidas

Mons. Alfonso Carrasco   Queridos hermanos,

con el eslogan La salud, derecho de todos: ¡actúa!, Manos Unidas celebra su campaña de este año 2012.

Todos conocemos la importancia de la salud, y qué significa estar enfermos. Los sufrimientos que implica son corporales y espirituales, muchas veces grandes, conmueven también a los que quieren al enfermo y afectan incluso a la vida y el futuro de personas y familias.

Y sabemos igualmente qué necesario, qué urgente sentimos entonces recibir cuidados, encontrar atención médica, ser acompañados y queridos. No quedarse insensible ante el sufrimiento es una exigencia elemental de nuestra humanidad.

Ante la enfermedad se manifiesta radicalmente el corazón de la persona, nuestro corazón; así como nuestros límites. Y se acentúa la percepción de nuestra vulnerabilidad, de que no poseemos de modo definitivo nuestro ser, nuestros cuerpos y nuestra vida; que son un don, una riqueza inmensa que hemos recibido y a la que no sabríamos renunciar. En el deseo profundo del corazón y con la luz mayor de la fe, confiamos en Dios, en Aquel que nos dio la vida, para no perderla para siempre.

La salud y la enfermedad es, pues, un lugar primero en que somos interpelados personalmente cada uno, y también por nuestros hermanos.

Aquí ha de realizarse el mandamiento del Señor: ama a tu prójimo como a ti mismo. La esperanza que tenemos para nuestra vida, la alegría con que acogemos el don divino de nuestro ser y existir, se manifiestan en el amor y el cuidado del prójimo. Y esto se realiza de modo privilegiado en la salud y la enfermedad.

La campaña de Manos Unidas, como un instrumento singular en medio de nuestra Iglesia, nos invita a vivir nuestra fe, a expresarnos en gestos de caridad concreta, pensada y organizada, buscando procurar a nuestro prójimo este bien fundamental.

Al mismo tiempo daremos testimonio a nuestro alrededor, y a nuestra sociedad, de una forma de mirar al hombre y a la vida, en que la salvaguarda de su dignidad y de sus bienes fundamentales se convierte en criterio primero de acción, y en que la solidaridad y la atención mutua brotan del corazón, sin reducirse al cumplimiento de obligaciones más o menos reconocidas.

Participar en la campaña de Manos Unidas, extendiendo esta percepción del hombre, es muy necesario en nuestra sociedad, en que muchas veces se actúa y se propaga una concepción meramente utilitarista y hedonista de la vida, en la que se olvida la dignidad de quien no es poderoso o fuerte, quizá porque está enfermo y depende de nosotros.

Así contribuiremos también a que nuestras instituciones políticas y las grandes fuerzas científicas y económicas de nuestro mundo hagan propios estos criterios de acción, esta mirada cargada de fe y de amor al hombre.

Este es ciertamente el camino para una mayor colaboración con otros pueblos y países, que haga posible el cuidado y la defensa integral de la vida; pero lo es también para nuestra propia sociedad, que se enfrenta a desafíos culturales y a dificultades económicas grandes.

El ejercicio de la caridad será un bien para nosotros mismos, como personas y como pueblos. La campaña de Manos Unidas es una ocasión singular para realizarlo, acompañándolo además de la reflexión y el testimonio públicos. Por ello, demos las gracias a todas y a todos los que gratuitamente se entregan a esta obra buena en favor de sus hermanos.

Dios, que escucha la voz del más pequeño y más solo, se lo pagará.

+ Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo

Mons. Alfonso Carrasco Rouco
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Nació el 12 de octubre de 1956 en Vilalba (Lugo). Cursó la enseñanza secundaria en el Seminario de Mondoñedo y los estudios de Filosofía en la Pontificia Universidad de Salamanca (1973-1975). Después estudió Teología en Friburgo (Suiza), donde obtuvo la Licenciatura en 1980. Fue ordenado sacerdote el 8 de abril de 1985 en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. De 1980 a 1981 realiza labores de investigación en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich. De 1982-1987: Profesor asistente de la Cátedra de Moral Fundamental de la Universidad de Friburgo. Becario del “Fondo nacional suizo para la investigación” de la Universidad de Munich (1987-1988). En 1989 se doctora en Teología en la Universidad de Friburgo, con la tesis titulada: “Le primat de l’évêque de Rome. Étude sur la cohérence ecclésiologique et cononique du primat de juridiction”. Entre los años 1989-1991 forma parte del equipo parroquial de Santa María de Cervo, encargado de seis parroquias, en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ejerce también como docente de la “Escuela Diocesana de Teología” . En 1992 se desplaza a Madrid como profesor agregado de Teología Sistemática del “Instituto Teológico San Dámaso”, convirtiéndose en catedrático en 1996. Este mismo año es nombrado consiliario del Centro de Madrid de la AcdP (Asociación Católica de Propagandistas). Desde 1994 a 2000 ejerce como director del “Instituto de Ciencias Religiosas” del Centro de estudios teológicos “San Dámaso” y vice-decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid desde 1998 a 2000. Decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid, desde 2000 a 2003. Durante los años 2001-2006 colabora regularmente en las Teleconferencias de la Congregación para el Clero para la formación permanente del clero (www.clerus.org). En 2004 actúa como relator de la Cuarta Ponencia (“Cómo vivir la comunión en la Iglesia”), y miembro nato de la Asamblea y de la Comisión central del Tercer Sínodo Diocesano de Madrid, clausurado el día 14 de mayo de 2005. Es miembro, además, de la Comisión Teológica Asesora de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española desde 1995; Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Española de Teología y del Consejo Asesor de Scripta Theologica, Communio Nuntium (edición en español) (1992-2005). Fue también, hasta su ordenación episcopal, profesor de Teología dogmática en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid (desde 1996) y director del Departamento de Dogmática de la misma Facultad en 2006. Durante su estancia en Madrid colaboró pastoralmente en la Parroquia de “San Jorge, mártir de Córdoba”.