La legendaria Tarazona, una ciudad reedificada por Hércules para visitar

La ciudad de Tarazona pertenece a la provincia de Zaragoza, de cuya ciudad dista 84 Km. En la actualidad cuenta con 17.606 habitantes. Cuenta además con las pedanías de Tórtoles y Cunchillos. Limita al norte con la provincia de Navarra, al sur con la ciudad de Borja, al este con Cunchillos y Vierlas, y al oeste con Ágreda en la provincia de Soria.

Según la leyenda, Tarazona fue edificada por Túbal y Caín y reedificada por Hércules. El escudo de la ciudad dice así: «Túbal y Caín me edificat. Hércules me reedificat». El primer topónimo fue Triaso, para los romanos Turiasso. La división natural de la ciudad la señala el río Queiles, entre la parte más antigua de la ciudad, conocida como el Cinto, y la más moderna abajo en la llanura. El siglo I a. C. señala la edad de los restos arqueológicos más antiguos, aunque hay noticias documentales y numismáticas anteriores. El barrio del Cinto alojó el poblado ibérico, que con la conquista romana se ampliaría hasta el Queiles. Durante el periodo visigótico en el siglo VI fue una de las plazas fuertes. Desde el año 449 la catedral se ubicaría dentro del Cinto, quizá en el actual templo de San Atilano o en la iglesia de la Magdalena.

El año 714 los musulmanes llegaron a Tarazona. Durante el primer siglo de la ocupación hasta el 878 la ciudad se amplía. El barrio del Cinto sigue siendo el centro principal, convertido en medina. La ciudad se extiende por los arrabales, en los actuales barrios de San Miguel y en la calle Alta Merced. La mezquita sustituyó a la anterior catedral visigoda. La mozarabía fue importante hasta el año 878 en que se traslada a Tudela, aunque desconocemos su ubicación exacta en Tarazona. Este traslado supuso una merma importante en la población turiasonense. De la población judía sabemos su ubicación en la judería vieja.

En el año 1119 se inicia la repoblación de la ciudad recién conquistada. El numeroso grupo de repobladores obliga a la creación de nuevos barrios como el de la calle Mayor y el que circunda el arrabal de San Miguel. La judería nueva permite la convivencia, no siempre pacífica, entre judíos y cristianos. La Iglesia de la Magdalena se convierte en catedral provisional, a la espera de la construcción de la nueva catedral en la otra orilla del río. El barrio da San Juan era el lugar donde vivían los musulmanes, fuera de la muralla aunque anejos a ella.

En el siglo XVI, Tarazona asiste a un notable auge demográfico y económico. Es el momento de la fundación de numerosos monasterios, lo cual supuso un florecimiento de las artes y de las devociones, de acuerdo con las formas barrocas de religiosidad inauguradas por Trento. En la revuelta de Antonio Pérez, secretario de Felipe II, la ciudad optó por el monarca. En 1592 se reunieron en Tarazona las Cortes que limitaron considerablemente los fueros aragoneses. Es también momento de obras edilicias propiciadas por el mismo monarca, como la construcción de la lonja, que un siglo después se convertirá en palacio municipal. Un hito importante de este momento es la expulsión de los moriscos, con la consiguiente pérdida de población en la ciudad y abandono de pueblos cercanos.

Durante la Guerra de Sucesión, Tarazona fue fiel al futuro Felipe V desde el primer momento de la contienda, fidelidad que fue recompensada en 1707 por el monarca con una serie de privilegios. Pese a esto, el siglo XVIII va a ver un empobrecimiento de la ciudad, entre otras cosas por los impuestos con los que gravó a la ciudad la dinastía recién instaurada.

Así estaban las cosas cuando en el siglo XIX las tropas francesas invaden España y llegan a Tarazona. La ciudad envió un representante a Cádiz para defender la constitución. El fin de la Guerra de la Independencia, supone para la ciudad un lento pero significativo proceso de industrialización. En 1833 se reforman los límites provinciales quedando el municipio incorporado a la provincia de Zaragoza. Debido al proceso de industrialización creciente, se amplía considerablemente el casco urbano y se crean nuevas industrias como veremos en otro apartado. No obstante la centralización de los servicios administrativos en la capital dejan a Tarazona en un segundo plano en cuanto a importancia urbana.

Tras este breve recorrido histórico vamos a hacer una aproximación al urbanismo de la ciudad especialmente a los edificios más significativos de la misma.

De la parte antigua destaca el recinto amurallado, conocido popularmente como el Cinto. El elemento más característico de este barrio, y el que lo define como tal, es la muralla, desaparecida en su mayor parte pero visible en algunos tramos. Por la documentación conservada, sabemos de las obras efectuadas para su mantenimiento, aunque no dan demasiado detalle de los lugares concretos. Al interior de la muralla se accedía por la puerta Ferreña, la del Conde, la de Lizares o la del Pozo.

En el barrio del mismo nombre, en la parte más alta de la ciudad, se asienta la iglesia parroquial de San Miguel. Es de estilo gótico construido entre finales del siglo XV y comienzos del XVI. La nave de tres tramos remata en cabecera poligonal. En la torre situada al norte, de hechura singular, intervino en 1507 Muza de Vera. El retablo mayor es de estilo plateresco con pinturas atribuidas a Pietro Morone y policromado por los hermanos Prudencio y Juan de la Fuente en 1559.

En el siguiente tramo de la ciudad, y todavía dentro del recinto amurallado, se hallan parte de los monumentos más importantes del casco urbano, jalonado de vetustos palacios, estrechas calles, y antiguos monumentos. Destaca en primer lugar la Parroquia de Santa María Magdalena, antigua catedral, vecina del Palacio Episcopal. Es una iglesia de tipo basilical con tres ábsides. En la prolongación de la cabecera se dispusieron tres naves, predominando la central, más ancha y más alta que las colaterales. La cabecera es la parte más antigua del edificio. Construida en piedra sillar cuadrada en torno al 1200, siguiendo los gustos de la arquitectura románica. Entre su rico patrimonio mueble cabe destacar la puerta de retablo pintada por Juan Fernández Rodríguez en la primera treintena del siglo XVI, que representa la Inmaculada Concepción de María por la cara exterior y el Juicio Final por el interior. Se puede destacar también el facistol, decorado en taracea y fechado en los últimos años del siglo XV.

Lindando con la parroquia de la Magdalena se ubica el Palacio Episcopal. Este imponente edificio pasó de ser Azuda musulmana a palacio de los reyes de Aragón. En 1386 lo adquirió para residencia de los prelados de la diócesis el obispo Pérez Calvillo en compra a D. Jordán Pérez de Urriés. La obra conserva en su arquitectura restos de estos siglos, aunque es el estilo renacentista el que se impone en todo el edificio. Fue decisiva la influencia del obispo Juan González de Munébrega, que reforzó los cimientos y construyó el patio plateresco por el que se accede a la Curia y a la residencia del obispo así como la escalera donde se conservan sus armas. D. José Laplana y Castellón lo amplió en el siglo XVIII. Destacan por su valor artístico el salón de retratos de los obispos, y la sacristía de la capilla privada del obispo con pinturas de Pietro Morone. Además la fachada principal, decorada en su lado derecho en forma de retablo en ladrillo y yeso, dedicado a San Pedro y que según algunos autores conserva el retrato del Papa Luna, Benedicto XIII, hijo de esta diócesis. La cara sur del palacio muestra a la vista las arcadas de cimentación y la triple galería de arquillos muy del gusto aragonés de la época.

Son también dignos de mención el convento de las Concepcionistas del siglo XVI. Edificio en tapial y ladrillo, ubicado en el cortado del Cinto. De una sola nave con cuatro tramos. Alberga en su interior un magnífico retablo tallado en 1757 por el zaragozano Juan Ramírez. El campanario está levantado sobre el cubo de la muralla, lo que da a esta parte de la ciudad un característico atractivo.

No muy lejos del convento se levanta la iglesia de San Atilano, según la tradición, sobre el lugar en el que se creía había estado la casa natal del santo turiasonense. El actual edificio fue bendecido el 30 de abril de 1769 por el obispo José Alcaraz y Belluga. Alterna la piedra sillar con el cajeado de mampuesto y ladrillo. La parte más lograda es la fachada, que refleja la distribución en tres partes del interior. Esta iglesia es el edificio barroco más original y de mayor interés que se conserva en la ciudad.

De la parte más moderna, resalta por su esplendor la catedral. Según una reconocida tradición, fue construida en el lugar que anteriormente se ubicaba la capilla mozárabe dedicada a la Virgen de la Hidria o de la Hidra. La catedral fue proyectada sobre un plan uniforme que se fue desarrollando poco a poco: tres naves con crucero, cabecera semicircular y girola con capillas radiales. Las obras dieron comienzo a mediados del siglo XII, amparadas por el mecenazgo de D.ª Teresa Cajal, madre del que fue fundador del monasterio de Veruela, D. Pedro de Atarés. D. García Fontín II consagró su cabecera en 1235. En el siglo XIII se construyeron las naves, pero las guerras entre Castilla y Aragón, especialmente la Guerra de los dos Pedros, obligaron a su reconstrucción, que a partir de 1362 se llevó a cabo bajo el patronazgo del obispo D. Pedro Pérez Calvillo. En el siglo XV se comenzó la capilla de San Andrés, en el centro de la girola, y en el siglo siguiente adquirió su actual configuración. En 1529 se concluyó el claustro, al sur del edificio. Es de planta cuadrada con bóvedas de crucería estrellada cuyos nervios descansan en ménsulas figurativas y vegetales; sus ventanales están cerrados por celosías en yeso de tracería gótico-mudéjar; fue comenzado en tiempos del obispo Moncada (1496-1522).

El cimborrio se realizó entre 1543 y 1545, en sustitución de otro anterior, es de estilo gótico mudéjar. La torre, comenzada en el siglo XIII, presenta en su base el estilo románico en sillería, continúa en ladrillo mudéjar y concluye en estilo renacimiento, coincidiendo con el pontificado de D. Pedro Cerbuna. La restauración de la seo turiasonense ha sacado a la luz numerosas obras de arte, entre las más notables destacan las pinturas murales del cimborrio y del presbiterio.

La iglesia de la Virgen del Río fue construida en 1672 por Pedro Domínguez para dar culto a la imagen de la Virgen del mismo nombre. Es un edificio de cruz latina en el que destaca el retablo barroco construido en 1675 por José Serrano, así como los frisos y pavimentos de azulejo que datan de 1721. Es una iglesia muy querida por los turiasonenses por su valor devocional y mariano.

Entre la arquitectura religiosa destaca la iglesia parroquial de La Merced. Es un edificio de planta de cruz latina, cubierto con bóveda de cañón con lunetos y cúpula con tambor en el crucero. Se construyó entre 1629 y 1633 y es obra del arquitecto Jerónimo Baquero. La cúpula y la portada principal son del siglo XVIII. Entre 1734 1737 se levantó el retablo mayor. Obra de madera en su color de gran calidad, con la imagen central de la Virgen de la Merced y otros destacados santos mercedarios. El autor fue el mercedario de origen francés Fr. Pedro Puey Esponera. Llama la atención la imagen del Santo Cristo del Rebate, del siglo XVI, obra perteneciente a una antigua iglesia dedicada a Santa María del Rebate. Lindando con la iglesia se hallan los edificios del ex-convento de la Merced, actual Conservatorio de Música, muestra excepcional del barroco aragonés.

Otro edificio emblemático de la ciudad es la iglesia de San Francisco. Este antiguo convento franciscano fue fundado, según la tradición en 1214 por San Francisco de Asís. Consta de una nave con cinco tramos y está cubierto de bóveda estrellada. Data de finales del siglo XV y principios del XVI. Entre 1793 y 1801 se construyó la capilla de la Venerable Orden Tercera por el maestro José Basarte. La capilla de la Piedad fue el lugar de la consagración episcopal de Francisco Jiménez de Cisneros en presencia de los Reyes Católicos, entonces celebrando Cortes en Tarazona. Se completa la estructura del convento con el claustro anejo. Aunque no podemos asegurar la fecha de su construcción sus características aconsejan hacerlo en torno a las décadas centrales del siglo XV cuando hubo un notable incremento de las limosnas al convento.

En la arquitectura civil destaca el patio del palacio de los Vizcondes de Alcira, también conocido como palacio de Eguarás, edificio en forma de “U”, que cuenta con un característico patio tradicional del renacimiento aragonés.

Llama la atención en la estructura urbana turiasonense la plaza de toros vieja. Construcción de tipo octogonal, de planta baja y tres alturas. En la parte exterior está adornada con ventanas y en el interior con grandes arcos sobre pilares ochavados. Fue levantada entre 1792 y 1797 por iniciativa y expensas del Hospital de la ciudad.

Otro edificio que destaca en el casco antiguo de la ciudad es el Ayuntamiento. Entre 1535 y 1565 la ciudad vive un momento de expansión y crecimiento. Junto a otros edificios emblemáticos como la catedral de Tarazona o la residencia episcopal, que recibieron nuevas actuaciones, se levantaron otros de nueva planta como el convento de la Concepción o la Lonja Municipal en la plaza del Mercado. Este último se convertiría años más tarde en el Ayuntamiento de la ciudad. Destaca de este edificio la decoración de la fachada. El elemento decorativo más original es el friso en yeso que representa la cabalgata triunfal que siguió a la Coronación Imperial de Carlos V en Bolonia. Otros elementos a destacar son los dedicados a mostrar la legendaria refundación de la ciudad y las virtudes que deben presidir el buen gobierno de la misma.

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