Campaña contra el hambre 2012

Mons. Atilano Rodríguez    El libro de los Hechos de los Apóstoles nos dice que los primeros cristianos, además de reunirse para la oración, para la fracción del pan y para la escucha de la Palabra de Dios, anunciaban con gran valor la Buena noticia de la Salvación de Dios y ponían sus bienes a los pies de los apóstoles para que los repartiesen entre los hermanos más necesitados.

Este amor al prójimo, enraizado en el amor a Dios, es una responsabilidad de cada bautizado y, por tanto, de toda la comunidad cristiana. Un cristiano no puede separar nunca el anuncio del Evangelio de la celebración de la fe y de la vivencia de la caridad. Estos tres encargos del Señor son inseparables.  

Ahora bien, para llevar a cabo el mandamiento del amor, desde los primeros momentos de la Iglesia existe una organización de la actividad caritativa. De  este modo es posible canalizar adecuadamente las aportaciones y donativos de toda la comunidad cristiana. La Iglesia ha cuidado esta organización de la caridad a lo largo de la historia, buscando en todo momento el servicio amoroso al prójimo, estimulando la participación de todos los cristianos en la actividad caritativa y procurando la relación cordial y humana con los necesitados mediante una sólida formación profesional.

Hoy día existen bastantes organizaciones caritativas en la Iglesia que, en comunión con sus pastores, canalizan el amor preferencial de todos los cristianos a los de cerca y a los de lejos. Concretamente, Manos Unidas, presente en todas las diócesis de España, nos recuerda cada año la sangrante realidad de pobreza, de sufrimiento y de enfermedad, que soportan millones de hermanos en distintos países del planeta. De este modo nos ayuda a descubrir que la atención a los empobrecidos no puede ser nunca algo opcional sino una exigencia de la fraternidad universal y del mandamiento del amor.

La seriedad en el trabajo, la transparencia en la contabilidad y la dedicación generosa de los técnicos y voluntarios de esta organización eclesial, tanto en el ámbito nacional como diocesano, tiene que ser un motivo de profunda alegría y de constante acción de gracias al Señor para cuantos buscan el bien común. Pero, además, la presentación de los problemas de tantos hermanos tiene que ayudarnos a no caer en la indiferencia ante el sufrimiento humano y a poner los medios a nuestro alcance para que la injusta distribución de los bienes de la tierra encuentre respuestas solidarias desde la fraternidad y desde el respeto a la dignidad de cada ser humano.

Ciertamente no podremos resolver todas las gravísimas carencias de muchos hermanos, pero sí podemos orar al Padre para que crezca la solidaridad y la vivencia de la fraternidad entre los hijos de un mismo Padre. Además, todos podemos ofrecer nuestra ayuda económica para que los proyectos solidarios, presentados por Manos Unidas,  puedan realizarse. Pero no podemos conformarnos con orar y colaborar económicamente, tendríamos que plantearnos la posibilidad de formar grupos de jóvenes y de adultos en los arciprestazgos y parroquias de la diócesis para acrecentar el voluntariado de Manos Unidas. Así, con la unión de muchas manos, será posible hacer frente al individualismo y a la insolidaridad de algunos. No permitamos que esta propuesta caiga en el olvido.  Con mi gratitud, os deseo un  feliz día del Señor.
 
 
+ Atilano Rodríguez

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.