Manos Unidas siempre actúa

Mons. Braulio Rodríguez    Es justo reconocer la admirable tarea que lleva a cabo la ONG católica de voluntarios Manos Unidas en su lucha contra el hambre y el subdesarrollo en el mundo. No me refiero únicamente a los esfuerzos por conseguir dinero para proyectos de desarrollo fuera de España; tengo también en cuenta el clima que el trabajo en grupos de sus voluntarios, que son muchos en nuestra Iglesia, consigue cosas admirables; por ejemplo, se movilizan pueblos o parroquias y mucha gente experimenta la inmensa alegría de hacer el bien y ayudar a los demás, de manera que en las personas implicadas cambian de vida o encuentran un rumbo para ella. Pueden ustedes preguntar a aquellos que forman parte de Manos Unidas. ¿No conocen ustedes a ninguno? ¿A qué esperan?

Estamos en plena Campaña LIII: La salud, derecho de todos. Actúa. ¿Quién actúa? Manos Unidas, cuyos miembros son en un enorme porcentaje católicos; es decir, es una organización u organismo católico; es lícito afirmar, pues, que la Iglesia se moviliza en este año 2012 para combatir el VIH/SIDA, el paludismo (malaria, dengue) y la tuberculosis, endémica todavía en algún país. El paludismo, enfermedad tropical, fue la causa en 2010 de un millón de muertes. Hay que pensar en que la mitad de la población mundial está afectada, por lo que se puede decir que siempre hay paludismo. Es causa también de abortos y de mortandad de madres al dar a luz.

Estamos acostumbrados a creer que si hay tanto Sida en África, tal vez la culpable es la Iglesia, que no permite el uso de los preservativos. Pero eso es ciertamente un simplismo, un tópico al uso de países occidentales como España. ¿Acaso en España no es tremendamente fácil acceder a los preservativos y no desaparece el Sida? Es más: escuché a alguien decir que el preservativo se ha convertido en África en un arma de distracción del problema del sida. Son otras las causas del sida o de su gran difusión; una de ellas es el gran negocio de las grandes empresas farmacéuticas, que no bajan el precio de sus medicamentos e impiden la curación o el riesgo de muerte para tantos enfermos. El 30% de las instituciones que se dedican a luchar contra el sida pertenecen, de hecho, a la Iglesia Católica, con fantásticos programas para combatir la enfermedad.

Los voluntarios de Manos Unidas no entran en esas disquisiciones, sino que se lanzan a la acción y se esfuerzan para, además de la colecta, que recuerdo es de obligado cumplimiento para todas las parroquias y templos de la Diócesis, inventar toda clase de maneras para conseguir recursos que permitan financiar proyectos concretos. Es decir, actúan y se dejan de polémicas estériles. ¿Qué fundamenta y anima su trabajo? El amor y el desinterés; intentan así educar nuestro sentir y nuestro actuar en el seguimiento de Jesucristo. Él es el que nos dice que hemos de actuar como el “buen samaritano”, el que se le conmueven las entrañas y busca solucionar la situación en que se encuentra el agredido que yace a la vera del camino. Pero también se preocupa de saber y denunciar las causas por las que enferman y mueren las personas que contraen tales enfermedades; es bueno pedir la responsabilidad de todos nosotros en su erradicación: la salud de los humanos no se puede convertir en un negocio multimillonario; los avances en la investigación de vacunas y fármacos han de ponerse al servicio del derecho de salud de los más pobres.

Hay que difundir una información básica sobre el sida, que haga desaparecer tópicos e ignorancias; hay que informar de cómo lucha la Iglesia Católica contra estas enfermedades. Por ejemplo, es evidente que el paludismo, la malaria, afecta sobre todo a los más pobres, pero debido a la malnutrición. Por eso se mueven tantos los voluntarios de Manos Unidas y se gestionan perfectamente bien los recursos que se entregan a ellos. Y no se trata de poner la mano o de hacer cuestaciones: todo un programa de trabajo se despliega tanto en la sede diocesana de Manos Unidas como en las muchas parroquias que organizan todo tipo de cosas encaminadas a cambiar la mente y el corazón.

Yo quiero agradecer cuanto se hace en nuestra Iglesia por los más pobres. Manos Unidas necesita más “manos”; también de jóvenes, que pueden perfectamente integrarse en alguna de las acciones programadas o para sensibilizar a los toledanos que conozcan y sean conscientes de los problemas que afectan a los más desfavorecidos en los países en vías de desarrollo; también para buscar apoyo y financiación de proyectos en África, América, Asía y Oceanía.

Vivamos la novedad del amor de Dios, pues “desde que el Hijo de Dios quiso abrazar libremente el dolor y la muerte, la imagen de Dios se nos ofrece también en el rostro de quien padece. Esta especial predilección del Señor por el que sufre nos lleva a mirar al otro con ojos limpios, para darle, además de las cosas externas que precisa, la mirada de amor que necesita. Pero esto únicamente es posible realizarlo como fruto del encuentro con Cristo” (Benedicto XVI, Visita a la Fundación san José en la JMJ Madrid 2011, 20 de agosto).

 

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.