Para el Obispo de Santander “la vida consagrada está en el corazón mismo de la Iglesia"

El día 2 de febrero se celebra en la Iglesia la Jornada de la Vida Consagrada. Con el lema “Ven y Sígueme, vida consagrada y nueva evangelización”, pretende ser un día para dar gracias a Dios por “el don de la vida consagrada”, como dice el presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Religiosa de la Conferencia episcopal, monseñor Vicente Jiménez Zamora. El prelado, Obispo de Santander, reivindica la actualidad y la importancia de la vida religiosa, a pesar de la crisis vocacional y asegura que “es injusto culpabilizar a los religiosos de ella”.

¿Qué significado tiene la Vida Consagrada en la Iglesia en España en la
actualidad?

La vida consagrada, en la riqueza de familias religiosas y de diversidad de
carismas en sus formas antiguas y nuevas, tiene un gran valor para la vida de la
Iglesia en España por su ser y por su acción. La vida religiosa, en la variedad de
sus expresiones, es siempre un don de Dios a su Iglesia y un signo de la
inagotable creatividad del Espíritu Santo, que no se repite ni se contradice.

La vida consagrada está en el corazón mismo de la Iglesia como un elemento
decisivo para su misión. No es algo del pasado, sino que es un don precioso y
necesario para el presente y el futuro del Pueblo de Dios, porque pertenece
íntimamente a su vida, a su santidad y misión (cfr. LG 44). Por tanto, no puede
estar al margen ni ausente de la acción misionera de la Iglesia.

Nuestra Iglesia necesita la vida consagrada para hacer visibles las maravillas que
Dios realiza en la frágil humanidad de los consagrados; necesita comunidades
fraternas para presentar al mundo su verdadero rostro. En un mundo dividido e
injusto, a las comunidades religiosas se les encomienda la tarea de fomentar la
espiritualidad de comunión.

Los obispos españoles miramos con particular afecto a la vida consagrada, damos
gracias a Dios por este gran don al servicio de nuestras Iglesias particulares,
desde su vocación, consagración y misión, según los carismas de cada Instituto
Religioso. Los obispos valoramos los empeños generosos y leales de los
religiosos por vivir la comunión con sus pastores en el quehacer pastoral y, a la
vez, los obispos tratamos de acompañar y animar la vida consagrada desde
nuestra autoridad apostólica. Estamos trabajando en la renovación de los cauces
operativos para vivir en profundidad la comunión, según la mente de la Iglesia.

Como Obispo Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada
puedo afirmar que los religiosos y consagrados en España gozan, en general, de
buena salud espiritual, tratan de ser fieles a la vocación a la que Dios les llama,
caminan desde el seguimiento radical de Cristo y dóciles al Espíritu Santo
responden a los retos que tiene planteados hoy la vida consagrada en la Iglesia y
en la sociedad.

Es cierto que en España ha disminuido considerablemente en las últimas décadas
el número de religiosos, a causa de la escasez de vocaciones y del envejecimiento
de sus miembros, que obliga a reorganizar presencias y abandonar algunos
campos de apostolado; pero esto, desde una lectura creyente de la situación,
puede interpretarse como un signo providencial que invita a volver a lo esencial y
a ser levadura, signo y profecía.

La situación actual exige a nuestros consagrados una vida de fe y oración más
ricas; una vida de comunidad y fraternidad más intensas; una austeridad de vida;
ser hombres y mujeres de Dios y de los hermanos; no separar la misión de su
consagración y vivir la espiritualidad de la comunión eclesial. Ante los grandes
desafíos del momento actual, la respuesta no es el miedo, sino la esperanza en
Dios, la humildad y el abandono en la providencia de Dios.

No se puede afirmar, como hacen algunos, que aquellos Institutos Religiosos que
no tienen vocaciones son menos fieles, hacen menos oración y no dan testimonio.
Es injusto acusar, a veces sin piedad, a algunos religiosos, culpabilizándolos de la
falta de vocaciones. La Iglesia no es como una empresa, que mide su gestión por
la cuenta de resultados, porque en la vida consagrada no siempre los esfuerzos se
corresponden con los logros. Dios pide a los religiosos no una espiritualidad de
éxito, sino la espiritualidad de la fidelidad y de la radicalidad del seguimiento de
Jesucristo.

El lema de la Jornada de la Vida Consagrada de este año aborda dos temas
fundamentales: nueva evangelización y vocaciones. ¿Qué puede aportar la
Vida Religiosa a la llamada del Santo Padre a la nueva evangelización?

Hace unos meses la CONFER organizó una Jornada de reflexión sobre el tema
La Vida Religiosa ante la nueva evangelización. Pretendía estudiar el documento
preparatorio del Sínodo de los Obispos, que estará dedicado a la nueva
evangelización para la transmisión de la fe cristiana. La asistencia fue numerosa
y las ponencias sirvieron para hacer aportaciones a la Secretaría del Sínodo para
la redacción del instrumento de trabajo en el aula sinodal. Las Actas de la
Jornada están recogidas en “Cuadernos Confer, n. 37”. Recomiendo vivamente
su lectura y a esa Jornada me remito.

No obstante, quiero contestar también a esta pregunta. El Documento
Lineamenta para preparar el Sínodo de los Obispos afirma: “una gran tarea de la
nueva evangelización corresponde a la vida consagrada, en las antiguas y nuevas
formas” (n. 8). Los consagrados están llamados por su vocación, consagración y
misión a vivir un estilo de vida, que exige, en primer lugar, la santidad de vida a
la que toda la Iglesia está llamada. Este estilo se expresa visiblemente en los
consejos evangélicos vividos en comunidad. A través de ellos se manifiesta la
radicalidad y la novedad del seguimiento de Jesucristo. La consagración es así un
instrumento de nueva evangelización.

Los consagrados son enviados al mundo con la misión de proclamar el Evangelio
y transfigurarlo con el espíritu de las Bienaventuranzas. Esto vale tanto para la
vida activa como para la contemplativa. La “misión ad gentes” testimonia la
contribución de muchos Institutos Religiosos a la evangelización de los pueblos.
La misión renueva y refuerza la vida consagrada.

El amor y el servicio a los últimos, desde el icono del lavatorio de los pies, debe
acompañar la misión de los consagrados, junto con la promoción de la justicia,
que es parte integrante de la evangelización. La nueva evangelización exige
evangelizadores nuevos, convertidos y enamorados de Cristo. Desde la fidelidad
y pasión por Cristo y su Iglesia, los religiosos tendrán que estar presentes con el
testimonio profético en algunos escenarios o areópagos de la nueva
evangelización: educación, cultura, medios de comunicación social, etc.

La preocupación por la falta de vocaciones religiosas no debe ser una mera
cuestión de número, ¿Qué propone la Vida Consagrada a la falta de cultura
vocacional que vive la sociedad?

Sobre la pastoral vocacional trató también la última Asamblea General de la
CONFER, los días 15 al 17 del mes de noviembre de 2011. Se publicarán las
Actas y podremos leer la riqueza de las ponencias, intervenciones y testimonios.
“Es preciso que la tarea de promover las vocaciones se desarrolle de manera que
aparezca cada vez más como un compromiso coral de toda la Iglesia. Se requiere,
por tanto, la colaboración activa de los pastores, religiosos, familias y
educadores, como es propio de un servicio que forma parte de la pastoral de
conjunto de cada Iglesia particular” (VC. 64).

Una tarea importante de todos los religiosos consiste en proponer valerosamente,
con la palabra y con el testimonio, el ideal del seguimiento radical de Cristo,
alimentando y manteniendo después en los llamados la respuesta generosa y
alegre a los impulsos que el Espíritu inspira en sus corazones. El Papa Benedicto
XVI, en el Mensaje para la Jornada Mundial de oración por las vocaciones del
año 2010 centraba su reflexión en la importancia del testimonio de los religiosos
y religiosas en la pastoral de las vocaciones. “El lema era: El testimonio suscita
vocaciones”.

La fecundidad de la propuesta vocacional, en efecto, depende primariamente de
la acción gratuita de Dios, pero, como confirma la experiencia pastoral, está
favorecida también por la calidad y la riqueza del testimonio personal y
comunitario de cuantos han respondido ya a la llamada del Señor en el ministerio
sacerdotal y en la vida consagrada, puesto que su testimonio puede suscitar en
otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo. Se podría
decir que las vocaciones nacen de la gracia de Dios y del contacto con los
sacerdotes y consagrados.

Juan Pablo II, en el Discurso al Congreso europeo sobre vocaciones, del 9 de
mayo de 1997, afirmaba que “es necesario promover un salto de calidad en la
pastoral vocacional”. Se necesita un suplemento de audacia evangélica para
realizar el compromiso de la pastoral vocacional según la indicación del Señor al
pedir insistentemente trabajadores para la difusión del Reino.

En el discurso anteriormente citado, el Beato Juan Pablo II señalaba claramente:
“Es tiempo de que se pase decididamente de la patología del cansancio y de la
resignación, que se justifica atribuyendo a la actual generación juvenil la causa
única de la crisis vocacional, al valor de hacerse interrogantes oportunos y ver los
eventuales errores y fallos de llegar a un ardiente nuevo impulso creativo de
testimonio”. Por este motivo, Mons. Jiménez recomienda la lectura de este
Documento de Juan Pablo II titulado: “Nuevas vocaciones para una nueva
Europa (1997).

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