La salud, un derecho de todos: ¡actúa!

Mons. Julián López Martín    Queridos diocesanos:

El día 10 de febrero, viernes, Día del Ayuno Voluntario, y el día 12 del mismo mes, domingo VI del Tiempo durante el año,  Jornada Nacional de Manos Unidas, vendrán a recordarnos nuevamente la hipoteca de los países del “primer mundo” respecto a la denominada geografía del hambre o “tercer mundo”. Sí, a pesar de la crisis económica en Europa y de los cinco millones y pico de desempleados en España, hay países que lo están pasando muchísimo peor y desde hace décadas.   

 La obra católica “Manos Unidas”, al poner en marcha la campaña LIII contra el hambre en el mundo, tiene este año como meta proteger la salud de los más vulnerables. Se trata de objetivo 6 del milenio, orientado a procurar condiciones de vida dignas y a combatir el sida, la malaria y las enfermedades “olvidadas”, como la tuberculosis, la enfermedad del sueño u otras, todas especialmente agresivas en los países más pobres. El derecho a la salud, reconocido en todas partes, no puede hacerse realidad si faltan los recursos necesarios para prevenir y para curar esas enfermedades, como sucede en dichos países. Una de las causas decisivas de la pobreza se encuentra, como tantas veces se ha afirmado, en los desequilibrios económicos. Un ejemplo es lo que está sucediendo con la investigación farmacológica. Mientras el 97 por % de la mortalidad por enfermedades infecciosas se produce en países en vías de desarrollo, la referida investigación se centra prácticamente en los países más desarrollados, bloqueándose la producción y la importación de “genéricos” en los menos desarrollados. Una vez más prevalece el afán del dinero, es decir, el egoísmo, en este caso de alcance mundial, por encima del  derecho de pueblos enteros a la salud y a otros bienes. 

  “Manos Unidas” nos invita a la reflexión y ser consecuentes con las exigencias sociales de nuestra fe. Lo pide también la búsqueda de un humanismo nuevo que nos permita asumir los valores de una auténtica conciencia responsable y solidaria. Se trata de las mismas actitudes con las que debemos paliar también aquí los efectos negativos de la crisis. El evangelio del domingo 12 de febrero relata la curación milagrosa de un leproso. Todos conocemos de qué manera el Señor no sólo cura la enfermedad que padece un pobre hombre sino que remedia también la discriminación que llevaba emparejada la lepra, es decir, la marginación religiosa, más injusta aún que la puramente sanitaria. “Quiero, queda limpio” (Mc 1, 41): curación física e integración espiritual desde una actitud de compasión sincera.  

Esta actitud del corazón es lo más importante, porque obedece al amor y desemboca en la curación o salvación integral del hombre que sufre o padece. Aunque nosotros no podamos acercarnos a las gentes necesitadas de la salud del cuerpo y del alma en países tan lejanos, sin embargo, ante las informaciones y las imágenes que nos llegan, debemos imitar en nuestro interior la actitud de N.S. Jesucristo y por amor a Él, que está presente en los pobres (cf. Mt 25, 40), actuar en consecuencia, como nos sugiere el lema de la Campaña de “Manos Unidas” de este año. 

 Con mi cordial saludo y bendición:

 

+ Julián López Martín

 Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma.Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968.CARGOS PASTORALESFue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984.Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983).Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993).Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989).El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril.El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede.En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella