En la Jornada Mundial de la Vida Consagrada:“«Ven y sígueme » Vida Consagrada y nueva evangelización”

Mons. Gerardo Melgar Viciosa   Queridos diocesanos: 

“«Ven y sígueme » Vida Consagrada y nueva evangelización” es el lema de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Ciertamente, el lema para este año es sugestivo y profundo en su contenido: “Ven y sígueme” es una de las frases del Señor que más hemos meditado todas las personas consagradas a la hora de descubrir nuestra propia vocación en radicalidad y a la hora de responder positivamente a la misma. “Ven y sígueme”, una frase que sentimos tan cercana, tan dentro del corazón, que nos hizo pensar cómo quería el Señor que le siguiéramos y le sirviéramos, y que sigue resonando con fuerza y alentando nuestra vida. “Ven y sígueme”, tres palabras con las que el Señor entró de lleno en nuestra existencia; tres palabras que Dios sigue haciendo resonar con un timbre y una fuerza especiales. 

Del mismo modo que el Maestro entró de lleno en el corazón de los discípulos y los llamó a su seguimiento, a estar con Él, a aprender de Él -lo que vivía, el estilo de vida que llevaba, para que pudieran hacerlo realidad en sus vidas-, Él sigue llamando a las puertas de nuestro corazón haciéndonos la misma llamada: ser discípulos y misioneros de su vida y mensaje desde nuestra identidad de consagrados. 

Cristo nos llamó y nos llama a ser sus discípulos a través de un carisma determinado, a través de una vocación específica, a través de un seguimiento radical que deja todo lo demás y lo sigue sólo a Él; cociente recordar, en este punto, lo que podemos leer en el pasaje evangélico del mercader en perlas finas (Mt 13, 45-46) o del labrador que encuentra un gran tesoro en el campo (Mt 13, 44): venden todo lo que tienen para poder tener aquella perla preciosa o conseguir aquel gran tesoro descubierto. Cristo ha querido constituirse para nosotros en la auténtica perla preciosa, en el verdadero y autentico tesoro que ha dado y da sentido a toda nuestra vida. 

Es verdad que para tenerlo a Él como el único y gran Tesoro de nuestra vida hemos tenido que dejar otras cosas, pero no nos importa -ni mucho menos- lo que hemos dejado porque lo que hemos conseguido es infinitamente más importante y de mayor valor: le hemos conseguido a Él y eso nos basta; Él cumple todas las aspiraciones de nuestro corazón y da respuesta a todos los interrogantes personales más íntimos y profundos. 

La respuesta que cada uno de nosotros hemos dado y seguimos dando desde aquel encuentro con el Señor -que nos dijo al corazón: “ven y sígueme”- es una respuesta de verdaderos enamorados. Sí, de personas enamoradas de Él, de su mensaje y de su vida, que ya no encuentran sentido en ninguna otra cosa ni necesitan de nada ni de nadie más para ser felices, constituyéndose sólo Él en nuestra felicidad plena. 

Para la persona consagrada, Cristo es la Persona de quien se ha enamorado, con quien ‘se siente a gusto’, a quien quiere con exclusividad, de tal manera que no admite ni necesita otros amores que le hagan feliz y den sentido a su vida porque en Jesús ha encontrado todo cuanto necesita para alcanzar esa felicidad ansiada y el sentido pleno de la vida. 

“Ven y sígueme”: tres palabras que el Señor nos sigue diciendo a cada uno de nosotros hoy y que hoy también -después de aquel ‘sí’ definitivo que dimos el día de nuestra Profesión solemne u Ordenación -nos pide que sigamos dándolo y actualizándolo en cada uno de los momentos de nuestra vida. “Ven y sígueme”: tres palabras que exigen de nosotros una respuesta generosa y positiva; una respuesta generosa y positiva que podríamos traducir por estas otras seis palabras: “Aquí estoy, Señor, sigue contando conmigo”: “sigue contando conmigo para vivir el estilo de vida que Tú me has enseñado; para vivir en radicalidad tu mensaje y tu Evangelio; para seguirte muy de cerca; para ser testigo de mi fe en medio de este mundo que Tú me has confiado. Cuenta conmigo, Señor, para ser tu discípulo y tu misionero, y llevar tu mensaje salvador al corazón del mundo para que los demás crean, se conviertan y se salven”. 

Sin embargo, el Tesoro que hemos descubierto en Cristo no podemos guardarlo para nosotros mismos: hemos de ser testigo de nuestra felicidad y nuestra alegría para los demás; hemos de ser testigos del Evangelio vivido; hemos de ser interpelación e interrogante para cuantos nos vean vivir y actuar, de tal manera que les mueva a ellos a descubrir al Señor, encontrarse con Él y transformar sus vidas. 

Los Lineamenta (líneas de acción) que preparan la XIII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización dicen así: “una gran tarea en la nueva evangelización corresponde a la Vida Consagrada, en las antiguas y las nuevas formas” (n. 8). Los consagrados están llamados por vocación, consagración y misión a vivir un estilo de vida que exige, en primer lugar, la santidad de vida a la que toda la Iglesia está llamada. Este estilo de vida se expresa en los consejos evangélicos vividos en comunidad. La vida de los consagrados es y debe ser un nuevo instrumento de nueva evangelización. 

El Beato Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica post-sinodal Vita Consacrata escribía: “Las personas consagradas, en virtud de su vocación específica, están llamadas a expresar la unidad entre la autoevangelización y el testimonio; entre la renovación interior y la apostólica; entre el ser y el actuar; poniendo de relieve que la fuerza y el dinamismo deriva del primer elemento del binomio” (n. 81) 

El Papa Benedicto XVI en el encuentro con las religiosas jóvenes con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, les decía: “Queridas hermanas, éste es el testimonio de la santidad a la que Dios os llama, siguiendo muy de cerca y sin condiciones  a Jesucristo en la consagración, comunión y misión. La Iglesia necesita de vuestra fidelidad joven arraigada y edificada en Cristo. Gracias por vuestro “sí” generoso, total y perpetuo a la llamada del Amado”. La Iglesia cuenta con la vida de santidad de los consagrados, absolutamente necesaria para su fecundidad; cuenta con su testimonio para suscitar la fe en los que no creen, interpelar a los indiferentes y animar a los decaídos en su fe. 

Ésta es nuestra gran tarea y nuestra gran misión: ser discípulos que siguen a Jesucristo viviendo en radicalidad y misioneros que -en medio del mundo- hacen presente su mensaje y su Evangelio por medio del testimonio para que otros, a través nuestro, se encuentren con Jesús y le sigan.

 “Que la Virgen María -como les decía Benedicto XVI a las religiosas jóvenes en Madrid- sostenga y acompañe vuestra juventud consagrada con el vivo deseo de que interpele, aliente e ilumine a todos los jóvenes”. Que la Virgen María nos acompañe también a nosotros para que nuestra vida consagrada interpele, aliente e ilumine a todos los hombres; ojala, con la imprescindible ayuda de la gracia, logremos que sea luz que marque el camino que lleva a Cristo e instrumento de la nueva evangelización que brilla hoy con una luz especial en medio de este mundo tan necesitado de verdaderos testimonios de entrega y generosidad. 

¡Que Dios os bendiga a todos! 

+ Mons. Gerardo Melgar Viciosa

Obispo de Osma-Soria

 

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia.Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976.A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional.Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993).En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia.El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana.Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar.De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010).El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.