Vida consagrada y nueva evangelización

Mons. Carlos Escribano   El lema que se ha elegido para la Jornada Mundial de la Vida Consagrada de este año es: “Ven y Sígueme: Vida Consagrada y Nueva Evangelización”. La preocupación de la Iglesia por la trasmisión de la Buena Nueva, como todos sabemos, es constante y a ella está dedicando múltiples esfuerzos. En este contexto, nos hacemos eco de una propuesta contenida en los lineamenta para el próximo sínodo de los obispos en los que se señala que: “una gran tarea en la nueva evangelización corresponde a la vida consagrada, en las antiguas y nuevas formas”  (nº8).

La fuerza testimonial de la vida consagrada hunde sus raíces en la vivencia radical de los consejos evangélicos. Por ello la vida consagrada, que nace de la escucha de la Palabra de Dios y que acoge el Evangelio como su norma de vida, nos propone como itinerario de vida cristiana el poner nuestros ojos en Cristo casto, pobre y obediente y enriquecer a la Iglesia con el seguimiento radical del Señor desde el don de un carisma concreto.

La Nueva Evangelización requiere de evangelizadores ardientes, encendidos en el amor de Cristo por los hombres. Para ello es necesaria una vivencia radical de la vocación a la que hemos sido llamados y un seguimiento generoso del carisma al que el consagrado pertenece. El Papa Benedicto XVI recordaba la importancia de la radicalidad en la entrega de la vida consagrada en este momento histórico, en su encuentro con jóvenes religiosas en El Escorial el pasado mes de Agosto: “El encuentro personal con Cristo que nutre vuestra consagración debe testimoniarse con toda su fuerza transformadora en vuestras vidas; y cobra una especial relevancia hoy, cuando «se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza» (Mensaje para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud 2011, 1).Frente al relativismo y la mediocridad, surge la necesidad de esta radicalidad que testimonia la consagración como una pertenencia a Dios sumamente amado (….) Finalmente, la radicalidad evangélica se expresa en la misión que Dios ha querido confiaros. Desde la vida contemplativa que acoge en sus claustros la Palabra de Dios en silencio elocuente y adora su belleza en la soledad por Él habitada, hasta los diversos caminos de vida apostólica, en cuyos surcos germina la semilla evangélica en la educación de niños y jóvenes, el cuidado de los enfermos y ancianos, el acompañamiento de las familias, el compromiso a favor de la vida, el testimonio de la verdad, el anuncio de la paz y la caridad, la labor misionera y la nueva evangelización, y tantos otros campos del apostolado eclesial”.

La Iglesia de Teruel y Albarracín cuenta con un buen número de religiosos y religiosas que viven en esta iglesia particular el carisma de su congregación y, desde la fidelidad al mismo, se convierten en un don y una riqueza para toda la Iglesia diocesana. Su testimonio de entrega radical, como nos recordaba el Papa, se convierte para todos los cristianos de Teruel en un acicate a la hora de platearnos nuevos retos evangelizadores. Y en especial en este proceso de preparación del nuevo plan diocesano de pastoral que estamos viviendo.

Queridos religiosos y religiosas contad con la oración agradecida de todos nosotros y que Dios siga bendiciendo vuestra generosidad y entrega.

+ Carlos Escribano Subías

Obispo de Teruel y Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.