Vida consagrada: pensar, decir y hacer

Mons. Joan Piris   Explicando aquello que él denomina “el ideal perfecto del cristiano”, Sant Gregori Nacianzeno (s.IV) escribe: “Tres son las cosas que patentizan y diferencian la vida del cristiano: la acción, la palabra y el pensamiento. La preeminencia corresponde al pensamiento; en segundo lugar, hace falta poner la palabra, que hace comprensible con las palabras aquello que el pensamiento ha concebido; por último, ponemos la acción, que lleva a término con las obras todo lo que hemos pensado. Hace falta que todas nuestras palabras, obras o pensamientos no contradigan el plan divino, según el cual Cristo se ha manifestado, de forma que nada pensamos, ni digamos, ni hagamos que se aparte de este plan divino, que acabamos de mencionar. ¿Qué otra cosa deberá hacer quien ha sido honorado con el apellido de Cristo, que no sea examinar atentamente sus pensamientos, palabras y obras, por ver si todo tiende a Cristo o si, al contrario, se aleja?”

Aquello que San Gregorio pide a todos los bautizados, es todavía más urgente verificarlo en aquellos y aquellas que han recibido el llamamiento a una especial consagración, y la mejor manera de comprobarlo será dejarse interpelar por la Palabra revelada y por los signos de los tiempos. Sabemos que los carismas y estilos de vida en los que se expresa la respuesta a este llamamiento son muchos y diferentes, pero todos tienen en común la exigencia de manifestar la radicalidad y la novedad del seguimiento de Jesucristo. En esto recae su fuerza evangelizadora.

El Concilio Vaticano II y la teología postconciliar presentan la vida consagrada como una forma peculiar de seguimiento de Jesús, una manera de vivir la vida cristiana en el interior de la comunidad eclesial. Y pide adaptarla a “las cambiadas condiciones de los tiempos” para manifestar su identidad y aparecer “como un signo preclaro del Reino” (PC 1 y 2). Esto ha supuesto un largo camino y un “tiempo rico de esperanzas, proyectos y propuestas innovadoras”(VC 13).

Ciertamente, se ha hecho y sigue haciéndose un gran esfuerzo de análisis, de discernimiento y de conversión personal, comunitaria e institucional. Esfuerzo que hemos de agradecer porque la Vida Consagrada es un don de Dios a la Iglesia y a la humanidad y es necesario que sus miembros sean manifestación viva del seguimiento cercano e incondicional de Jesucristo, y testigos creíbles de su Evangelio “en la consagración, en la comunión y en la misión”, como les pedía el Papa Benet el pasado agosto al Escorial.

Pero claro está que la credibilidad de estas formas de vida cristiana depende mucho de este testimonio que hace presente y actual el camino de Jesús: un camino d’amor sin medida en el servicio solícito y generoso a los hermanos sin exclusiones. Un camino que queda al alcance de todos aquellos que buscan al Señor, a veces sin darse cuenta  y que –con las convenientes y ejemplares mediaciones– pueden escuchar mejor este “Ven y sígueme” (Mt 10,21), dejándose iluminar por la luz de l’Evangelio.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida

 

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia.En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984.CARGOS PASTORALESHa sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste.El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año.El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesisOTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.