Hacer resonar el Evangelio en el mundo, propuesta de las X Jornadas Diocesanas de Zamora

El profesor de Filosofía de la Universidad Complutense Leonardo Rodríguez Duplá ha sido el primer ponente de las X Jornadas Diocesanas de Zamora, dedicadas este año a la nueva evangelización. Para el experto, sólo si los creyentes son conscientes de la naturaleza precisa de la cultura actual podrán “responder adecuadamente, haciendo resonar en nuestro mundo la voz del evangelio”.

El Salón de Actos del Colegio “Divina Providencia”, regentado por las Siervas de San José junto a la Plaza Mayor de Zamora, acogió ayer miércoles 25 por la tarde la inauguración de las X Jornadas Diocesanas, que este año están dedicadas a la nueva evangelización. En el acto inicial, el obispo de Zamora, monseñor Gregorio Martínez Sacristán, llamó a los presentes a “acelerar, sobre todo en nuestros corazones, en este empeño”.

Para el prelado zamorano, la nueva evangelización no se limita a una operación de imagen, y hay que dar un lugar importante a la oración porque “no estamos empeñados en una especie de reconversión de los muebles de nuestra casa, sino que es algo mucho más profundo, que lleva, sobre todo, al cambio de los corazones hacia Dios”. Y exhortó a hacer todo esto “con un renovado ardor misionero, que a todos nos hace falta”.

El encargado de la primera ponencia de estas Jornadas, titulada “¿Por qué una nueva evangelización?”, ha sido el filósofo Leonardo Rodríguez Duplá, profesor titular de Filosofía Moral en la Universidad Complutense de Madrid. Estudió Filosofía en Madrid, Salzburgo y Múnich. Ha sido profesor en la Universidad Pontificia de Salamanca. Se interesa sobre todo por cuestiones relacionadas con la fundamentación de la ética y con la filosofía de la religión.

Entre sus publicaciones principales se cuentan los libros: Deber y valor (Tecnos, Madrid, 1992), Ética (BAC, Madrid, 2001) y Ética de la vida buena (Desclée de Brouwer, Bilbao, 2006). Ha traducido al español obras de David Ross, Nicholas Rescher, Emil Fackenheim, Robert Spaemann, Leo Strauss y, más recientemente, Aristóteles. En la actualidad trabaja en un libro sobre la antropología y la ética de Max Scheler, y en otro sobre la filosofía de la religión de Kant.

Tras la presentación del ponente (que estuvo a cargo del sacerdote diocesano de Zamora Francisco García Martínez, profesor en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca), Rodríguez Duplá explicó su pretensión de responder a la cuestión que titula la ponencia: las razones que llevan a la nueva evangelización.

La llamada a la nueva evangelización

“Aunque el concepto de nueva evangelización tenga ya 30 años, ha cobrado actualidad a raíz de varias decisiones de Benedicto XVI”, entre las que el ponente destacó la creación del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización y la convocatoria del Sínodo de los Obispos con el mismo motivo. “Si la Iglesia es siempre misionera, ¿por qué hablar de una nueva evangelización?”, cuestionó Rodríguez Duplá. “¿No debería limitarse la Iglesia a hacer lo que siempre ha hecho, que es precisamente evangelizar? El acento recae en la palabra ‘nueva’. No podemos conformarnos con las estrategias evangelizadoras que la Iglesia ha llevado a cabo durante siglos”, afirmó.

En los últimos decenios se ha producido un retroceso de la práctica religiosa en los países que fueron evangelizados primero. “Esto se nota sobre todo en Europa, que se aleja cada vez más de sus raíces cristianas, lo que se ve con preocupación en la Iglesia”. Ahora ya no se trata sólo de llevar el evangelio a tierras lejanas donde apenas es conocido, sino de “que el evangelio vuelva a resonar en los pueblos de la primera cristianización”.

Las claves de la cultura actual: el alejamiento de Dios

El profesor de Ética de la Complutense dio un paso adelante al analizar la situación exacta a la que se pretende responder con la nueva evangelización. “La increencia también se ha vuelto tradicional, es un cauce por el que discurre la vida de muchas personas, que asumen la increencia por ósmosis”, explicó. Porque “el crecimiento exponencial del conocimiento científico técnico trae consigo la involución de otras dimensiones humanas, y esto pasa en el conocimiento religioso. La capacidad del hombre de captar lo divino presenta hoy síntomas de atrofia”, según el filósofo Max Scheler, y esto coincide con lo que ha señalado Benedicto XVI sobre “la pérdida preocupante del sentido de lo sagrado. No es que el hombre moderno rechace explícitamente la fe cristiana, sino que no llega a plantearse el problema. Aquí Dios no es rechazado, como en el ateísmo clásico, sino que el problema de Dios no llega a dibujarse en muchas conciencias”.

Como indicó el ponente, el Concilio Vaticano II, en su constitución Gaudium et spes, ya advertía de la gente “que no se plantea la cuestión de Dios ni se preocupa por el hecho religioso. El ateísmo actual consiste en no hacerse problema de Dios, y normalmente no comporta una decisión del sujeto, porque el medio ambiente favorece este proceso”. Y en los más jóvenes este ambiente determina su vivencia. Por eso el ateísmo es el punto de partida, y no de llegada. Rodríguez Duplá afirmó preferir “hablar del alejamiento de Dios, porque el término ateísmo tiende a sugerir la idea de una negación explícita de Dios, incluso hostil hacia la fe, cuando de lo que se trata en nuestro caso es de una profunda insensibilidad, una indiferencia”.

Además, “este alejamiento de Dios no se queda en la conciencia individual, sino que tiende a configurar unos estilos de vida”, y así las grandes dimensiones de la existencia se rigen hoy por los dictados de lo económico y lo laboral. Sin embargo, “la situación resultante no puede describirse como un vacío moral. Nuestro siglo ha sido el de la proclamación de los derechos humanos, de la dignidad del hombre. Pero los valores tan extendidos hoy los percibe la conciencia contemporánea como desgajados del tronco cristiano”. La vigencia de este estilo de vida, post-cristiano, garantiza su reproducción. El conferenciante afirmó que “no hace falta una toma de postura explícita, porque estamos ya acostumbrados a vivir sin Dios, y su ausencia no se vive como una carencia. Esto plantea enormes dificultades a la actividad catequética y misionera. ¿Cómo evangelizar al hombre que carece de oído musical para la religión?”, según la expresión de Max Weber.

La modernidad y el ocaso social del cristianismo

Con posterioridad, Leonardo Rodríguez Duplá abordó las causas del olvido de Dios por parte del hombre contemporáneo, reconociendo la gran complejidad que entraña identificarlas, porque es un aspecto parcial de procesos culturales de gran envergadura: la modernidad y la postmodernidad. En primer lugar señaló la “amnesia histórica que ha borrado de la conciencia moderna el origen cristiano de muchos de los valores que el hombre siente como propios. Las nociones de dignidad humana, de persona… han pasado a ser patrimonio común de la humanidad, pero desprovistos de toda referencia al humus en el que nacieron”.

“La religión parece haberse vuelto innecesaria para el progreso de la humanidad, y hasta se ve como un obstáculo que impide ese progreso. Al insistir en que no todos los medios tendentes a mejorar el bienestar humano que son posibles por la técnica son legítimos, la Iglesia viene a aguar la fiesta del progreso humano”, explicó el profesor, que también habló del poderoso influjo ejercido en la filosofía y la teología cristiana de la reducción kantiana de la fe a la moral. Además, en la teología moral más reciente, “al confinar la dimensión específicamente cristiana de la moral en el reducto de la conciencia (donde están las motivaciones), se limita la presencia pública de la fe como animadora de la conducta”.

Rodríguez Duplá también se refirió al aspecto político de la cuestión, “el ocaso social del cristianismo. Las sociedades modernas se caracterizan por su pluralismo. Ante esta variedad de maneras de entender la vida, el Estado liberal se muestra escrupulosamente neutral. Se pide el respeto de las normas que regulan la convivencia pacífica, exigibles a todos los ciudadanos. En cambio, el Estado no se pronuncia sobre los criterios que regulan la vida privada ni sobre los presupuestos donde se fundan”.

Esto ha tenido una curiosa repercusión en la teoría ética contemporánea: “la ética se ha mimetizado con la política, al ser obligada a guardar silencio sobre los fundamentos de la vida buena y sobre las cosmovisiones. La ética ha pasado a ser ética civil, algo exigible a todo ciudadano. Se destierra a los márgenes de la discusión académica todo lo que pueda ser una aportación cristiana”, lo que lleva a una irrelevancia cultural del cristianismo.

La postmodernidad y la disolución del sujeto

Tal como explicó el ponente, todas las tendencias señaladas son modernas, y a ellas se unen otros elementos postmodernos, ya que “la postmodernidad ha venido a consumar ciertas tendencias características de la cultura moderna”. Y citó tres rasgos de la postmodernidad: la disolución del sujeto, la renuncia a la verdad y el adiós a la historia.

En cuanto a lo primero, para la civilización moderna, “la ciencia es el modelo de todo conocimiento, y el tribunal ante el que ha de convalidarse toda experiencia humana. Frente a la concepción anterior, antropomórfica, se pasa al mecanicismo, que prescinde de las causas finales, y la naturaleza será sólo objeto de dominación, identificando la ciencia con la técnica. Una técnica que tiende a ampliar su radio de acción, reduciendo al ser humano a rasgos empíricos susceptibles de cuantificación, lo que disuelve al sujeto”.

Por otra parte, la renuncia a la verdad viene preparada por ciertos desarrollos de la modernidad. “El concepto de verdad queda hoy vacante. Esta renuncia se hace todavía más radical en el clima postmoderno. La experiencia humana estaría condicionada por prejuicios, por lo que no se podría hablar de una experiencia original. Lo que hay es distintos lenguajes sobre la realidad, nada más”, resumió Rodríguez Duplá.

Sobre el tercer rasgo postmoderno, el experto afirmó que la relación de la modernidad con la historia es compleja. El Siglo de las Luces “se caracteriza por su fe en el progreso de la humanidad. Nacen escatologías inmanentes de diverso signo, la última de las cuales ha sido el marxismo”. Cunde la opinión de que la historia es un proceso inevitable, pero el pensamiento político liberal se rebela contra esto, “porque se inmolan las generaciones de hoy en los altares de la felicidad venidera. El ajuste de cuentas de la postmodernidad con la historia ha sido más radical: no sólo se niega a que la historia tenga un sentido, sino que niega la misma noción de la historia. La historia deviene historiografía, discurso sobre documentos”.

Estos tres rasgos del pensamiento postmoderno han impregnado en buena medida la mentalidad contemporánea, “haciendo de nuestra época una época post-cristiana. El mensaje cristiano se enfrenta a grandes dificultades para hacerse creíble o incluso inteligible”. La diversidad de las situaciones exige un atento discernimiento, según afirma Benedicto XVI. El profesor de Ética llamó a no caer en el pesimismo, viendo un destino adverso, sino a “percibir todo esto como una oportunidad para la nueva evangelización. Sólo si somos conscientes de la naturaleza precisa del problema al que nos enfrentamos, podremos responder adecuadamente, haciendo resonar en nuestro mundo la voz del evangelio”.

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