La Misa de cada Domingo

Mons. Joan Piris     A raíz de lo que vamos compartiendo en la Visita Pastoral encontraría necesaria una sincera reflexión sobre la celebración del Día del Señor y la participación en la Eucaristía dominical. Hace falta redescubrir y vivir plenamente el Domingo y la celebración en la cual los fieles nos reunimos como «comunidades-signo». Ha sido siempre un convencimiento en la Historia de la Iglesia que aquello que «celebramos» en la acción litúrgica hace posible que aquello que «vivimos» vaya conformándose en aquello que «creemos».

Al ver en los Evangelios que el encuentro con Jesús resultó bien impactante para muchos de sus contemporáneos que para nada quedan indiferentes después, ¿podemos nosotros tener ahora una experiencia parecida? Nuestra fe nos dice que Él continúa actuando en la Palabra y en los sacramentos de la Iglesia. Y el Domingo es el día por excelencia en el cual la comunidad eclesial escucha la Palabra y celebra los sacramentos. De hecho, la Eucaristía es la que trae la iniciación cristiana a su plenitud y es el centro y el fin de toda la vida sacramental. Ojalá que celebrar la Eucaristía influya cada vez más profundamente en nuestra vida cotidiana, convirtiéndonos en testigos vivos en nuestros ambientes ordinarios y en toda la sociedad.

El Domingo es un día significativo para los cristianos y lo vivimos haciendo referencia directa al Dios que resucitó Jesús de entre los muertos, «el día después» de la fiesta judía del sábado. Y lo vivimos en comunidad como hicieron los primeros cristianos que sintieron enseguida la necesidad de reunirse «el día primero de la semana» (el domingo) para celebrar la «fracción del pan», la «cena del Señor». Desde entonces, a lo largo de todos los siglos y en todas partes, han sentido que «esta reunión los constituía y los identificaba como cristianos» hasta el punto que algunos mártires han muerto precisamente por celebrar la Eucaristía dominical.

La celebración de la Misa del Domingo, el Día del Señor, es, pues, irrenunciable. Ningún católico no debería prescindir sin un motivo grave (deberían reflexionar algunos bautizados) porque no tiene nada de convencional: más allá de la obligación es una manera de vivir la fe y la fidelidad al Señor y a la Iglesia. Cristo se hace presente en la «Plegaria Eucarística», larga oración de acción de gracias en la cual hacemos el memorial de su muerte y resurrección, que es el acontecimiento central de la historia de la humanidad. Y al «comulgar» aceptamos la entrega incondicional de Jesús, nos unimos y queremos reproducirla entregándonos a Dios y a cada uno de nuestros prójimos, haciéndonos «pan partido» como Él. Ojalá que lleguemos a ser ejemplo vivo del poder transformador de la Eucaristía.

El Domingo es también el día «de la fiesta», del descanso que nos ayuda a descubrir la belleza y todo aquello que hay de bueno en el mundo y en la vida. Un día especialmente apto para vivir en familia, el ámbito en el cual cada uno es más propiamente valorado como persona y dónde es apreciado y amado sin condiciones. Y es un día para vivir la caridad cuidando la relación amistosa con vecinos y parientes, con amigos más o menos distantes, con enfermos a los que no es fácil visitar otros días…

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia.En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984.CARGOS PASTORALESHa sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste.El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año.El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesisOTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.