Desde niños…

Mons. Antonio Algora       Muchas veces os he recordado a los catequistas que tengáis confianza en la fe que enseñáis y trasmitís a los niños, pues la fuerza del Espíritu Santo actúa en toda persona que se abre a su Amor y se deja transformar por Él. Los métodos y medios que empleamos en la enseñanza misma del catecismo no dejan de ser más que instrumentos en manos de quien trasmite o recibe la fe de la Iglesia. Llama la atención que el Papa diga en la Carta Apostólica “Porta fidei”, con la que anunció el Año de la fe, lo siguiente: “Llegados sus últimos días, el apóstol Pablo pidió al discípulo Timoteo que «buscara la fe» (cf. 2 Tm 2, 22) con la misma constancia de cuando era niño (cf. 2 Tm 3, 15). Escuchemos esta invitación como dirigida a cada uno de nosotros, para que nadie se vuelva perezoso en la fe. Ella es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros”.

 

Efectivamente, no importan los pocos años para vivir y ser testigos de la fe de la Iglesia, de mantener viva en nosotros la búsqueda constante del Dios infinito y Eterno que nos ha sido revelado por el Hijo de Dios. Por eso la Iglesia confía también a los niños la tarea misionera a cuya promoción dedicamos esta jornada que llamamos de la “Infancia Misionera”. “Con los niños de América hablamos de Jesús”, titulamos la Jornada de 2012. Es toda una invitación a que en las parroquias y, muy especialmente, en la catequesis y en las Eucaristías que celebramos con niños, les ayudemos a saber compartir su fe con los de cerca y los de lejos… y, si nos fijamos en América, hacerles conscientes de que con ese continente nos unen los muy especiales lazos de haber llevado la fe desde nuestra patria.

 

Precisamente porque son niños tienen una especial sensibilidad para descubrir la amistad, para amar y dejarse amar. En los años de la infancia fácilmente se idealiza al “amigo” y es frecuente que nos confiesen espontáneamente que “son amigos de Jesús”; sin embargo, es necesario dar un paso más en la trasmisión de la fe y proponerles que descubran la presencia del “Amigo” dentro de sí, a Jesús que nos da su vida en el Bautismo y que, desde entonces, nos acompaña para vivir con alegría en permanente búsqueda del Amor de Dios Padre, para cumplir su voluntad, para que nuestros usos y costumbres vayan dirigidos a lograr con nuestro actuar una sociedad más justa y fraterna.

 

Es el mismo Benedicto XVI el que nos advierte del peligro de pretender reducir la acción del cristiano a una solidaridad y compromiso social sin más. Muchos educadores ponen en “el compartir” uno de los objetivos de su trabajo de maestros y profesores para que los alumnos sean solidarios siempre, pero sabemos que, sin la ayuda de la Gracia de Dios, se frustrará muchas veces tan loable intención. Dice el Papa: “Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida.” Por eso, ya desde niños, los católicos hemos de estar atentos a la realidad : “Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo. Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin.” Confiemos, pues, en la fuerza evangelizadora de la fe de nuestros niños.

 + Antonio Algora

Obispo Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.