Transformados por la vitoria de N.S. Jesucristo

Mons. Julián López  Queridos diocesanos:

 Del 18 al 25 de enero, Octavario de oración por la Unidad de los Cristianos, la Iglesia nos invita a rezar por todos los creyentes en Jesucristo para que se cumpla el deseo de nuestro Redentor en la última Cena: Padre, “que todos sean uno”(Jn 17, 11). 

El lema elegido para este año, tomado de la I Carta a los Corintios, alude a la victoria definitiva  sobre la muerte que se producirá en la resurrección final (cf. 1 Cor 15, 57).  Las palabras de San Pablo son un canto de acción de gracias que encierra una llamada a la fidelidad y al esfuerzo, pero sobre todo a la esperanza en que, finalmente, todo terminará bien porque Dios y Jesucristo resucitado son la garantía de que así sucederá. La aplicación a la unidad de los cristianos es fácil y sencilla: de la misma manera debemos confiar en que, pese a las divisiones existentes, triunfará el amor y se desvanecerán las fronteras. Como señalan los obispos de la Comisión Episcopal para las Relaciones Interconfesionales en su mensaje para esta Semana de Oración, la victoria de la unidad “no es fruto de nuestro esfuerzo humano, ni una victoria según los criterios mundanos de éxito y fracaso, sino una victoria conseguida por Jesús a través del misterio pascual y en la que participamos por la fe”. 

Pero, al mismo tiempo que nos abrimos a la esperanza, debemos empeñarnos en la fidelidad y en el compromiso. Lo recomienda también el mismo Apóstol en el texto que sigue a continuación de la frase tomada de su carta: “De modo que, hermanos míos queridos, manteneos firmes e inconmovibles. Entregaos siempre sin reservas a la obra del Señor, convencidos de que vuestro esfuerzo no será en vano en el Señor” (1 Cor 15, 58). Y como parte esencial del compromiso y, a la vez, sustento del mismo, la oración constante. Desde los orígenes del movimiento ecuménico la oración en todas sus formas, personal, comunitaria, litúrgica, etc., constituye un factor imprescindible. En vísperas de la conmemoración del cincuentenario del Concilio Vaticano II (1962-1965) no está de más recordar que la unidad de los cristianos fue uno de los objetivos señalados desde el principio por el Beato Juan XXIII, y que encontró expresión adecuada en la misma Constitución dogmática sobre la Iglesia (cf. LG 15) y en el Decreto sobre el Ecumenismo:“La conversión del corazón y santidad de vida, juntamente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico, y con razón puede llamarse ecumenismo espiritual” (UR 8). 

Para una mayor concreción, invito a todos los párrocos y rectores de iglesias, comunidades religiosas, asociaciones y grupos de apostolado, a usar el cuadernillo difundido por la referida Comisión Episcopal en las celebraciones especiales de plegaria o en los ejercicios de piedad. No obstante, para las celebraciones de la Eucaristía úsense los formularios o intenciones de libro de la Oración de los Fieles. Durante los días del Octavario conviene celebrar, al menos una vez, en los días de feria, la Misa por la Unidad de los Cristianos (Misas por diversas circunstancias,  A, b y C) e incluso la Misa de “Santa María, Madre y Reina de la Unidad” (Misas de la Virgen María, n. 38). El día 22 de enero se pueden tomar las oraciones de la Misa por la Unidad manteniendo las lecturas del domingo.  Con mi cordial saludo y bendición: 

+ Julián López

 Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella