Ordenación diaconal del joven soriano misionero Javier Martínez

El próximo sábado 14 de enero el joven soriano Francisco Javier Martínez Rodrigo, misionero javeriano, será ordenado diácono de manos del Obispo auxiliar de Madrid y Secretario de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Juan Antonio Martínez Camino.

La celebración, que dará comienzo a las seis de la tarde, tendrá lugar en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, de la capital española, sita en la Calle General Zabala nº 10.

Martínez Rodrigo, que realizó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario diocesano “Santo Domingo de Guzmán”, emitió el pasado 24 de octubre su Profesión solemne dentro de la Santa Misa de acción de gracias celebrada en Roma por la canonización, el día anterior, del fundador de los Misioneros Javerianos, San Guido María Conforti, quien en 1895 fundó esta Congregación religiosa que hoy se encuentra presente en Asia, África, América y Europa.

Testimonio del nuevo diácono

Mi nombre es Javier y soy natural de Soria. El nacimiento de la vocación misionera se remonta a los años en que yo era seminarista de nuestra Diócesis de Osma-Soria. Yo estudiaba Teología en El Burgo de Osma y nuestro Obispo por aquel entonces, Mons. Francisco Pérez González, nos animaba a hacer una experiencia en algún país de misión durante las vacaciones del verano. En el último año de los estudios teológicos viví los meses de julio y agosto en la Republica Dominicana. Aquella experiencia, el contacto con otra cultura, con otros pueblos, con otra realidad de la Iglesia se puede decir que fue el germen de mi vocación misionera. Me impresionó el ver y tocar tan de cerca el sufrimiento y la injusticia en tantos rostros y en tantas situaciones.

De regreso a España entré en contacto con los misioneros javerianos, conociendo a cada uno de los que entonces estaban en España, participando de los campos de trabajo, de las ‘Pascuas misioneras’ y visitando las comunidades. Realicé la importante etapa del postulantado en Madrid, en la comunidad de Carabanchel.

Después marché para Italia a hacer el noviciado. Durante dos años viví en Ancona, excepto un periodo de tres meses en Udine, donde realizamos una experiencia viviendo en una casa de acogida para menores inmigrantes. Hice los votos simples el 13 de julio de 2008 en una parroquia de la ciudad de Ancona.

En octubre de ese mismo año llegué al norte de Brasil, en el estado de Pará, en plena selva amazónica. De aquel lugar llama la atención la gran riqueza natural y vegetal del ecosistema amazónico y, sin embargo, es casa de poblaciones pobres. La riqueza humana y cultural de sus gentes es la resultante de tres matrices: la matriz indígena, de los primeros moradores; la matriz blanca-portuguesa de los colonizadores; y la matriz africana de los inmigrantes africanos traídos como esclavos.

El primer año prácticamente lo dedicamos al aprendizaje de la lengua y cultura locales. Estudiamos la lengua con una profesora nativa e hicimos un curso de introducción a la cultura e historia de Brasil durante tres meses en Brasilia junto con otros misioneros recién llegados. Después, fui destinado a una parroquia a 300 km de la capital, a una comunidad junto con un padre indonesio y otro italiano. Atendíamos también a 75 comunidades de campesinos y habitantes tradicionales del Amazonas que viven de lo que produce la naturaleza y del cultivo del arroz y la mandioca, una especie de raíz con la que hacen una harina que emplean como alimento básico y con la que elaboran varios platos. En aquellos meses trabajé, pastoralmente, en la formación de líderes comunitarios, de catequistas, de jóvenes. En este sentido, una experiencia rica e interesante era la proliferación de círculos bíblicos -sobre todo en la periferia de la ciudad- donde la gente se encontraba para compartir la vida e iluminarla con la Palabra de Dios, y así ir tejiendo redes de fraternidad y solidaridad.

Los grandes retos de esta tierra son el desafío ambiental de la destrucción de la naturaleza y el desafío de los derechos humanos, constantemente violados en los pueblos tradicionales del Amazonas, en forma de expolio de su tierra, de su cultura y de su forma de vida, en el trabajo esclavo, la violencia, la pobreza, los asesinatos, etc.

Tras vivir esta experiencia misionera, hace tres meses, en el marco de la canonización de nuestro fundador Guido María Conforti, tuve la suerte de emitir los votos perpetuos junto con otros compañeros javerianos en Roma, el 24 de octubre en la basílica de San Pablo Extramuros. Con la emisión de los votos perpetuos consagramos nuestra vida y nuestra persona a la misión, al anuncio del Evangelio, “para hacer del mundo una sola familia” como dice nuestro fundador. Una sola familia, hijas e hijos todos de un mismo Padre, donde a pesar de las diferencias culturales, de las distintas lenguas, se habla y se expresa el lenguaje de la fraternidad, del respeto, de la acogida, de la solidaridad, de la paz, del amor como en un ‘nuevo pentecostés’, expresión de lo que debe ser siempre la misión de la Iglesia.

¿Qué es un diácono?

Un diácono (del griego διακονος, diakonos, «servidor») es un hombre que ha recibido el primer grado del Sacramento del Orden Sacerdotal por la imposición de las manos del Obispo.

Dentro de la Iglesia Católica existen dos tipos de diáconos: diácono transitorio y diácono permanente. Los diáconos transitorios no son sacerdotes hasta culminar sus estudios y ser entonces ordenados por el Obispo. Por tanto, por un tiempo, todos los sacerdotes son primero ordenados diáconos transitorios (en tránsito hacia el sacerdocio).
Por otro lado, el diácono permanente es un tipo de diaconado que puede ser conferido a hombres casados pero especialmente comprometidos con su comunidad y la Iglesia; ahora bien, quien es ordenado diácono siendo soltero se compromete al celibato permanente. El diácono permanente debe ser considerado hombre “probo” por la comunidad, caritativo, respetuoso, misericordioso y servicial.

En el Concilio Vaticano II se restauró nuevamente el diaconado permanente Los primeros diáconos fueron constituidos por los Apóstoles (Hechos 6, 1-6) y fueron 7; el más destacado de ellos fue el protomártir San Esteban.

Funciones que desempeña: proclama el Evangelio y asiste en el altar; administra el Sacramento del Bautismo y puede asistir al del Matrimonio; bendice; lleva el Viático a los enfermos (no pueden administrar la Unción de los Enfermos); además, pueden dirigir la administración de alguna parroquia, según las necesidades de la Diócesis. En fin, todo lo relacionado con la misericordia y caridad además de animar a las comunidades que se le responsabilicen.

Vestiduras litúrgicas: las vestiduras propias del diácono son la estola puesta al modo diaconal, es decir, cruzada en el cuerpo desde el hombro izquierdo y ‘anudada’ por sus extremos en el lado derecho, a la altura de la cintura, y sobre esta la dalmática, vestidura utilizada sobre todo en las grandes celebraciones y solemnidades.

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