Miguel Norbert Ubarri: «La posmodernidad abre una brecha para la mística»

Miguel Norbert Ubarri es puertorriqueño, seglar, terciario carmelita, profesor de Literatura Española del Siglo de Oro en la Universidad de Amberes, profesor de Espiritualidad y Mística y de Filología Sanjuanista. La próxima semana estará en Málaga para dirigir un curso sobre la mística y Espiritualidad Eucarística del beato Manuel González.

(Antonio Moreno. Diocesismalaga.es)

– Su currículum me ocuparía varias páginas… Si tuviera que dejarlo en dos líneas, ¿con qué se quedaría?

En lo personal: terciario carmelita, discípulo de San Juan, puertorriqueño. En lo profesional: profesor universitario, investigador. Mi pasión investigadora: la literatura espiritual y los contactos culturales entre Flandes, España y el Caribe.

– Y con todo este trabajo a caballo entre Europa y América, ¿tiene tiempo para vida personal?

Aunque confieso no me sobra demasiado tiempo, intento hacer algo de ejercicio semanalmente y mantener mis contactos sociales con buenos amigos. Cargado de trabajos, intento no perder el centro. Me mantengo centrado con la asistencia diaria a la eucaristía, el rezo de la liturgia de la Iglesia y algún rato de oración personal. Algunos me preguntan cómo puedo sacar tiempo para asistir a misa diariamente y yo les respondo: ¿cómo podría mantener la paz interior y luchar contra tantos retos y contrariedades de la vida si no fuera por la eucaristía?
Aprovecho los viajes para descansar, leer y hasta para mi investigación. Hay documentos que consigo en América y no en Europa, y otros que consigo en Europa y no en América. Me encanta la playa, y en el Caribe aprovecho el sol y el mar todo lo que puedo.

– Puertorriqueño doctor en literatura española del siglo de oro… ¿De dónde surgió su interés por la cultura española? ¿Y por la flamenca?

Mi interés por la cultura española nace de mi ser puertorriqueño, caribeño y latinoamericano. Por otra parte, mis abuelos maternos vivieron muchos períodos largos en Madrid. Y yo vine por primera vez a España en noviembre de 1972, cuando contaba con apenas siete añitos. A mis abuelos les encantaba la España de los años 70. Alquilaban un piso en la Calle Hermosilla y se pasaban entre cuatro y seis meses por acá.

España siempre ha sido para mí un referente importante. Mi interés particular por la cultura española nació en casa de mis abuelos y se fortaleció en la escuela con la lectura de autores y obras del Siglo de Oro y del siglo XIX. Pero si algo me fascinó más que todo lo demás, fue la literatura espiritual de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. ¿Quién pudiera ser como ellos?, me preguntaba. Y así, con el fin de doctorarme en san Juan de la Cruz, decidí hacer el doctorado en la Universidad de Sevilla, bajo la tutela y dirección del profesor malagueño Don Cristóbal Cuevas García. Y ya desde mi doctorado estoy “casado” culturalmente con la Península Ibérica.

Mi amor e interés por la cultura flamenca surgió después, cuando un verano visité el Museo de arte flamenco de Brujas y escuché algunas conferencias sobre dos místicos flamencos: Ruusbroec y Hadewijch. Sentí que en Flandes había algo mío. Hasta que descubrí lo que era. Años más tarde, comencé a estudiar la primera advocación y devoción mariana de mi país, la Virgen de Belén o de la Leche, una tabla flamenca, atribuida a Rogier Van der Wyden, que estuvo en la Iglesia de San José hasta 1972, fecha en que fue robada. Gracias a mis años en Bélgica y al apoyo de Mons. Roberto González Nieves, arzobispo de San Juan, hemos podido hacer una reproducción facsímil y restaurar el culto y devoción en San Juan de Puerto Rico. Es el vínculo artístico, social, histórico y religioso entre mi Puerto Rico y Flandes.

– ¿Y su relación con D. Manuel González?

Mi relación con D. Manuel González comenzó hace años, en 1991, cuando hice la ofrenda como Discípulo de San Juan. En aquellos días nos formamos con el librito Aunque todos, yo no y con El abandono de los sagrarios acompañados. Durante los años posteriores viví el carisma eucarístico de la UNER a solas y por mi cuenta. La confrontación con el abandono del Sagrario fue haciéndome amar cada vez más el carisma que había recibido por la UNER. En los Países Bajos me encontré con los primeros sacerdotes y laicos que me decían que Dios estaba en todas partes. Pero yo insistía que en ninguna como en el Sagrario. Y entonces recordaba el título de libro: “aunque todos, yo no”. Estas palabras me ayudaron a enfrentarme a algunos sacerdotes y religiosas que me insistían en que la vida sacramental ya no era tan importante en la vida del cristiano. Pero yo seguí creyendo en la Eucaristía y en los sacramentos, gracias a Don Manuel. En Bélgica vino la segunda gran prueba. Comencé a trabajar en la pastoral universitaria y a colaborar intensamente en la diócesis de Amberes. Me tropecé nuevamente con sacerdotes que me decían abiertamente que ellos no creían en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Y entonces, nuevamente, recordé y viví profundamente las palabras de Don Manuel: “aunque todos, yo no”.

Aquel momento de dolor y desolación fue ocasión de gracia. Comencé a tener experiencias de Cristo presente durante mis visitas al sagrario. Durante meses, el sagrario fue la única fuente de paz y de consuelo. Hacía horas y horas de sagrario, con los textos de Don Manuel en las manos. De ahí surgió la idea o inspiración de emplear mis conocimientos de mística y literatura espiritual a la obra y espiritualidad de Don Manuel González, porque estaba convencido de que a Don Manuel se le había trabajado como teólogo, pero no estaba tan seguro de que se hubiese insistido demasiado en su veta mística.

– ¿Cómo se toman los sacerdotes que un seglar sepa tanto de una materia como la mística tradicionalmente reservada a los religiosos y sacerdotes?

Pues en Puerto Rico es un poco complicado. El modelo de Iglesia en algunas diócesis es todavía muy tradicional. Se sorprenden, dudan, desconfían… Pero me ayuda el hecho de ser profesor universitario y, sobre todo, de ser terciario carmelita. Ambas cosas me dan cierta credibilidad. Poco a poco se va superando la desconfianza y se abre el espacio para el seglar consagrado y preparado. En Europa, sin embargo, la crisis de fe es mucho más profunda, y la desarticulación de la cultura religiosa está mucho más avanzada. El trabajo en equipo, como Iglesia, se impone sobre todo modelo excesivamente clerical o laicista. En el CITES-Avila, por ejemplo, todos los años les hablo de san Juan de la Cruz a frailes, sacerdotes, monjas y religiosas. Con los sacerdotes, pues siempre hay que demostrar que se puede jugar fútbol, para entonces ser apreciado como miembro del equipo. Algo así ocurre siempre. Normalmente, cuando termina el curso, son los mismos sacerdotes los que se acercan y me dan sus tarjetas para que los llame y hasta para que colabore con ellos.

– La experiencia mística ¿privilegio de unos pocos?

Pues para mí, definitivamente que no. La mística es experiencia de Dios y la experiencia de Dios es para todos y está más repartida entre la gente de lo que nadie pueda imaginar. Ciertamente hay diversos tipos de experiencia, grados de intensidad y manifestaciones externas, pero si de algo estoy convencido es de que Dios da experiencia de sí a través de los medios ordinarios y, cuando quiere, en forma extraordinarias.

– ¿La mentalidad occidental choca con la mística?

Para entender la experiencia mística hay que estar abierto a la experiencia inefable de Dios. Como dice san Juan de la Cruz, hay que tener ciencia y experiencia. Pienso que la posmodernidad abre una brecha para la mística. Si algo tiene de positivo la crisis de fe, es que abre un espacio de aceptación para las experiencias espirituales que no siguen necesariamente el camino de la lógica formal. El reto para estos tiempos –me parece- es volver al camino teológico anterior al siglo XIII, que tomaba en cuenta el papel de la experiencia como fundamento y pilar para la reflexión teológica. Sólo así, y con nuestro testimonio de vida cristiana, volveremos a cobrar credibilidad en la sociedad secularizada en que vivimos.

– Sorprende, por otra parte, la fascinación que despierta la mística no cristiana (religiones orientales, espiritualismo, corrientes new age…)

No me sorprende para nada. Como dijo recientemente un teólogo en Lovaina: la espiritualidad está de moda. Y ciertamente lo está en el Norte de Europa. Nosotros somos seres religiosos por naturaleza. Buscamos la trascendencia. Pienso que mucha gente busca más allá de nuestras fronteras porque no conocen suficientemente los tesoros espirituales del cristianismo.

– ¿Qué me dice de la famosa frase de Rahner sobre la mística y el cristianismo del siglo XXI?

Esa frase es muy citada en todos los congresos de mística. Sin embargo, es importante advertir que la experiencia de Dios no es regalo para unos pocos, para una élite. Es para todos, y Dios la da a quien quiere, cuando quiere y como quiere. Justamente el objetivo de este cursillo que voy a dar es concienciarse sobre la importancia de descubrir la adoración y visita al Sagrario como fuente de experiencia de Dios y, por lo tanto, de experiencia mística. Así lo fue para Don Manuel, así puede ser para todos y cada uno de nosotros.

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