¿Qué debo hacer para bautizarme?

Mons. Francesc Pardo i Artigas    Hace unos años un mujer joven cuya hija acababa el segundo curso de catecismo y se preparaba para recibir su primera comunión, acudió a mi despacho y me preguntó: ¿Qué debo hacer para bautizarme? La escuché, y le respondí con otra pregunta: ¿Porqué quiere bautizarse? Así iniciamos una conversación en la que ella evocaba diversos momentos de su vida. Pidió a la niña que saliese y fuera a jugar al patio. Fue todo un acierto, para poder hablar con una mayor confianza. En resumen, había inscrito a la pequeña en las clases de catecismo porque quería ser como sus amigas, i que la había bautizado, por insistencia de los abuelos paternos. También me manifestó que había acudido de mala gana a las reuniones mensuales de formación para los padres. Que la había acompañado a las celebraciones, y que en la jornada de la celebración penitencial tuvo unos deseos enormes de arrodillarse y explicar su vida. Sin saber exactamente porque, desde aquel día ha pensado mucho en las grandes preguntas de la vida, entorno a Dios y Jesucristo, en lo que llamamos salvación, la vida cristiana, la Misa… Y tenía muchas ganas de ser como su hija y acompañarla a comulgar. 

Tras escucharla, la felicité y la animé. Añadí que el bautismo es muy importante para ser cristiana, pero que debía preparase durante un tiempo, como catecúmena. Reaccionó con disgusto y se quejó de que le ponía dificultades. Respondí que, al contrario, que se trataba de respetar su libertad y que, dada la importancia del bautismo, precisaba una  preparación, que precisamente es el período del catecumenado. “Ya me lo pensaré”, fue su respuesta… 

La niña hizo su primera comunión con sus compañeros de grupo. Al finalizar la ceremonia, en el curso de mi salutación a los padres, les entregaba una pequeña lámpara, un recuerdo que simbolizaba la misión de seguir velando a favor del desarrollo cristiano de sus hijos e hijas, aquella madre me dijo: ¡Ahora sí que lo veo claro. Deseo recibir el bautismo”. 

Se inscribió en el catecumenado. ¿Qué es el catecumenado? El tiempo que la Iglesia propone como preparación para el gran momento del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía , los sacramentos de la iniciación cristiana. “El catecumenado no es una simple exposición de dogmas y preceptos, sino una formación de vida cristiana y un aprendizaje debidamente prolongado, mediante el cual los discípulos se unen a Cristo el Maestro” (Concilio Vaticano II). Durante dicho tiempo, el catecúmeno está acompañado por una comunidad parroquial y, concretamente, por algunos cristianos que serán sus formadores y quienes garantizarán su preparación. También los catecúmenos se reunirán con el obispo para celebrar el inicio del proceso, para recibir el Credo, la Sagrada Escritura… También participarán los domingos en la primera parte de la Palabra. 

Es un largo período, pero del todo necesario para ser instruido en la fe, para cambiar la visión de uno mismo y del mundo, y por encima de todo, para vivir la experiencia de encontrarse con Jesucristo, que le dirá: “Ven y sígueme”. 

Todos los cristianos –obispo, presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas, laicos- hemos de sentirnos urgidos a proponer el bautismo a aquellos adultos que no lo han recibido. Y hacerlo convencidos que ofrecemos el mejor de los tesoros para la vida.

Hace pocas semanas unos misioneros en África, me explicaban que en sus parroquias tienen de 500 a 1.000 catecúmenos. Que dicho catecumenado dura de tres a cuatro años con sesiones semanales de formación, de acompañamiento, con sesiones de reflexión y con el deber de participar cada domingo en la Eucaristía (su primera parte o liturgia de la palabra) y, si en la localidad no había Eucaristía, debían participar en el acto dominical convocado y celebrado por el catequista responsable. En Francia, durante la Pascua de 1010, casi tres mil adultos recibieron estos sacramentos, y otros casi diez mil se preparaban por medio del catecumenado para hacerlo en el futuro. 

¿Somos capaces en nuestra vida de animar a otros que deseen ser cristianos? 

¿Somos suficientemente audaces, si  valoramos la vida cristiana, de proponer el bautismo a aquellos que no han sido bautizados y animarlos a iniciar el catecumenado? 

Tan solo con que cada parroquia, los cristianos de la comunidad, lo propusieran a alguien, en la diócesis podríamos tener cuatrocientos afortunados. Vale la pena pensarlo.  

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.