Familia cristiana: su testimonio esperanzador

Mons. Jesús Sanz Montes   Queridos hermanos y amigos: paz y bien. La familia estuvo de nuevo en el centro de nuestra atención y volvimos a escenificar inmensamente lo que significa. En torno a la festividad de la Sagrada Familia de Nazaret dentro de estas fechas navideñas, sacamos a la calle la alegría de sabernos sencillamente familia. No es un montaje para el divertimento, o para la afirmación grandilocuente y triunfalista, sino un modo pacífico de mostrar la belleza de lo que significa ni más ni menos la familia.

El hombre y la mujer, unidos con amor y fidelidad en un para siempre de respeto y ternura, abiertos a la vida y con la vocación de acompañar y educar, proteger y madurar ese don en el que Dios mismo quiso nacer humanamente hablando.  Ese núcleo vital de naturaleza, asemeja precisamente la imagen de Dios. Él no es soledad solitaria, sino comunión de amor: un Padre que quiere a un Hijo, y que lo quiere en el Amor. Ese hogar trinitario es el espejo en donde poder inspirarnos los distintos caminos cristianos, y entre ellos, sin duda alguna, la familia.

Ha sido una fiesta popular dedicada a la familia natural y cristiana, en donde estaban los abuelos, los padres maduros, los recién casados, los novios, los jóvenes y los niños, acompañados por los obispos, los sacerdotes y los consagrados. Dimos gracias a Dios en ese hogar que se nos va haciendo “familiar” en el centro de Madrid. Pero no fue un brindis al sol o un estar por estar. Éramos conscientes de cómo hay dificultades de toda índole en la realidad que hoy envuelve a la familia. No se trataba, pues, de una fiesta que tiene tan prestada la razón de su alegría que terminase por ser falsa o postiza.

Sabemos de no pocas heridas y amenazas hacia la familia que pueden provenir desde tantos flancos: cuando se banaliza su identidad hasta confundirla, cuando no se la protege legalmente o no se la acompaña con las ayudas necesarias, cuando se interfiere su responsabilidad educativa, cuando el amor se caricaturiza o la vida en todos sus tramos queda a la intemperie, cuando hay graves problemas por falta de trabajo o cuando aparece la violencia. Como dijo el Cardenal Rouco en su homilía, sería bien distinto “el panorama demográfico, social y humano de las actuales sociedades europeas, incluida naturalmente la española, si se hubiese escuchado entonces, hace veintinueve años las palabras valientes de aquel Papa santo que pisaba por primera vez las tierras de España como testigo excepcional de la esperanza!”. Y lo aplicaba a drama del aborto y al rechazo de las enseñanzas de la Iglesia sobre la familia. Por eso invitaba el Papa Benedicto XVI en su mensaje para esta jornada, a dejarnos «guiar por la Iglesia, a la que Cristo ha encomendado la misión de propagar la buena noticia de la salvación a través de los siglos, sin ceder a tantas fuerzas mundanas que amenazan el gran tesoro de la familia».

Pero junto a estas severas dificultades, también encontramos cómo la esperanza no defrauda si tiene raíces hondas, cómo el amor no caduca cuando con él no se juega frívolamente, cómo la fe permite abrazarnos a ese Dios cercano y familiar que jamás nos abandona. Y tenemos tantísimos ejemplos de jóvenes que viven con gratitud su pertenencia a la familia de la que han recibido y reciben tantos valores humanos y cristianos; ejemplos de novios que se preparan a fundar una familia con toda la ilusión, sin escepticismos y sin trampas; ejemplos de padres jóvenes que nos testimonian con audacia discreta su amor fresco que no se acartona, y su apertura a esa bendición de Dios que son los hijos con los que Él firma su compañía fecunda de un hombre y una mujer que se quieren de veras; ejemplos de abuelos que no dejan de transmitir de otro modo lo que siempre transmitieron como herencia serena llena de humanidad y de fe.

Esto hemos vuelto a vivir juntos desde el corazón de España, en donde tuvieron cabida tantas gentes que acudimos desde tantas diócesis españolas y del resto de Europa. Estamos de enhorabuena. La familia que tiene futuro, pasa por lo que hemos visto y oído estos días mirando al hogar de Nazaret con Jesús, María y José, y mirando a tantas familias cristianas que con respeto y pasión, en medio de dificultades y de posibilidades, seguirán dando testimonio de la vida, del amor, de la esperanza y de la fe.

Recibid mi afecto y mi bendición.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Oviedo

Mons. Jesús Sanz
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Mons. Jesús Sanz Montes nació en Madrid el 18 de enero de 1955. Ingresa en el Seminario Conciliar de Toledo en 1975 donde realiza los estudios institucionales teológicos (1975-1981). En 1981 ingresa en la Orden Franciscana, haciendo su profesión solemne el 14 de septiembre de 1985 en Toledo. Es ordenado sacerdote el 20 de septiembre de 1986 en Alcorcón (Madrid). El 14 de diciembre de 2003 es ordenado obispo en la Catedral de Huesca. En la actualidad es Arzobispo de Oviedo y Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal Española.