Un año difícil

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses    Terminadas las fiestas de Navidad y año nuevo, tradicionalmente entre nosotros se habla de la “cuesta de enero”. Este año que acabamos de comenzar se presenta, desde luego, como un año difícil, en gran medida por la crisis persistente por la que estamos pasando. No pretendo, en estas breves líneas, insinuar un diagnóstico de la situación, que se reconoce que es extremadamente compleja. Mi intención es más modesta: deducir de la situación presente algunos puntos que puedan iluminar la conciencia de los cristianos en esta hora. 

Dicho de otro modo: ¿qué exige la situación presente a la conciencia cristiana?  Creo, ante todo, que nos pide un esfuerzo de realismo. Santo Tomás de Aquino definió la verdad como la “adecuación de la mente a la realidad”. Una realidad compleja como la presente pide un esfuerzo no fácil para comprender la crisis. Decía el padre Adolfo Nicolás, prepósito general dela Compañíade Jesús, durante una visita suya a Catalunya, que sería deseable que, como uno de los frutos de la crisis, se pudiera pasar, en nuestras sociedades, de una economía de ficción a una economía realista. 

Hay que plantear, una economía a escala humana en la que la racionalidad económica no se identifique con el lucro, la usura, la racionalidad meramente formal. Lo dice claramente Benedicto XVI en este texto de su encíclica social Caritas in veritate: “Esto exige una nueva y más profunda reflexión sobre el sentido de la economía y de sus fines, además de una honda revisión con amplitud de miras del modelo de desarrollo para corregir sus disfunciones y desviaciones. Lo exige, en realidad, el estado de salud ecológica del planeta, lo requiere sobre todo la crisis cultural y moral del hombre, cuyos síntomas son evidentes en todas las partes del mundo desde hace tiempo” (CV, n. 32).

Otra exigencia cristiana de esta hora es la austeridad. Ya no se oculta actualmente que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, no sólo nosotros, sino todos los europeos y desde hace muchos años. Hemos gastado lo que no teníamos. Hemos vivido en una especie de nube, en una ficción. El realismo nos invita ahora a tocar con los pies en el suelo, como suele decirse. Todos, en especial las instituciones públicas, estamos obligados a extraer las consecuencias de la realidad. No podemos pensar que las nuevas exigencias no van con cada uno de nosotros. Todo lo contrario: hemos de preguntarnos qué podemos hacer cada uno de nosotros ante esta nueva situación. Cada uno de nosotros, cada una de nuestras familias y cada una de las instituciones de las que formamos parte. El principio cristiano de la responsabilidad personal es urgente revalorizarlo en estos momentos.

Una tercera exigencia de esta hora es la solidaridad. Preservar la cohesión social es una grave responsabilidad de los gobernantes en esta hora de recortes y de sacrificios. No es excitando la conflictividad de unas instituciones contra otras, de unos sectores sociales contra otros, como podremos salir de la crisis. La democracia requiere virtudes cívicas auténticas, y entre éstas es ahora imprescindible la solidaridad. De esta solidaridad están dando ejemplo muchos hombres y mujeres de buena voluntad de nuestra tierra, muchos de los cuales son cristianos y cristianas. A todos ellos y ellas quiere ir mi reconocimiento y mi gratitud por el ejemplo de solidaridad efectiva que dan a nuestra sociedad.

 + Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.