Un año nuevo para dar gracias a Dios

Mons. Mario Iceta     1. Terminamos el año 2011 dando gracias a Dios por su fidelidad y misericordia que tan maravillosamente ha mostrado en el caminar de nuestra Iglesia diocesana. En medio de las luces y sombras, gozos y dificultades, Él siempre se muestra fiel y, en la profundidad de nuestra vida, nos permite percibir que todo es ocasión para nuestro bien, pues todo tiempo es tiempo de gracia y el Señor va tejiendo con nosotros, como hábil artesano, una historia de amor y fidelidad. 

2. Se abre ante nosotros una nueva página de nuestra vida para que escribamos tantos episodios de amor a Dios y a los hermanos, en la concreción y cotidianeidad de nuestro caminar. Es cierto que muchas veces lo hacemos con renglones torcidos, con letras desiguales, quizás con párrafos inconexos, incluso con dolorosos borrones, pero es una historia de salvación, en la que Dios está continuamente mostrando sobre nosotros su amor providente. Así mismo, el día se alarga como signo de la presencia de Dios que ilumina todas las dimensiones de nuestra existencia, siendo aliento y consuelo en los momentos de dificultad, y de acción de gracias en los episodios de gozo y alegría que jalonan nuestra existencia. 

3. Tras los días de Navidad, retomamos el tiempo ordinario. La liturgia se viste de verde como signo de esperanza. La fiesta del Bautismo del Señor, que clausura el tiempo navideño, nos vuelve a recordar el día de nuestro santo bautismo y nos reenvía a la misión a la que aquél bendito día fuimos convocados: “El Espíritu del Señor está sobre mi. Él me ha ungido” (Lc 4, 18). Esas palabras que proclamó Jesús en la sinagoga tomando el rollo del profeta Isaías, las hace suyas: Él es el ungido, el Cristo. También nosotros podemos hacer nuestras las mismas palabras a partir del día de nuestro Bautismo: El Espíritu de Dios está sobre cada uno de nosotros. Hemos sido ungidos, marcados y apropiados en ese amor de Dios, transformados por su gracia. Esta unción nos transforma desde el interior y no sólo nos constituye en criaturas nuevas, en el orden nuevo inaugurado por el misterio pascual del Señor, sino que nos hace partícipes de la misión del Ungido: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor (Lc 4, 18-19). 

4. “Hoy se cumple esta palabra que acabáis de escuchar” (Lc 4, 21). Es el hoy perenne de Dios que se hace presente en nosotros. Dios realiza su obra a través de quienes han sido unidos a su vida y destino por medio del bautismo. Es la tarea de Dios que se nos encomienda, es la tarea de la Iglesia de la que formamos parte. Una tarea que nos desbordaría si no fuera porque es Otro quien la impulsa y sostiene. Somos enviados, esa es la verdad profunda de la misión de la Iglesia y de todo cristiano. La obra no es nuestra, es de Dios. Él realiza su designio de salvación invitándonos a hacer presente ese reinado de Dios en medio de nuestra sociedad y hasta el confín de la tierra. Una misión que cumple la esperanza de toda criatura; en palabras de Pablo, “la creación entera aguarda como con dolores de parto la manifestación gloriosa de los hijos de Dios” (Rom 8,21-22). No cabe indiferencia ante el dolor ajeno, ante el grito de la humanidad sufriente que aguarda este mensaje de esperanza que los hijos e hijas de Dios debemos anunciar. Y este anuncio y misión se realiza en lo concreto, en las pequeñas o grandes acciones que van entretejiendo nuestra existencia; en esos rostros concretos en quienes Jesús ha querido identificarse: “Cada vez que lo hicisteis con estos mis pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40). 

5. El nuevo año es ocasión para embarcarnos nuevamente en la tarea gozosa de la evangelización. Escuchemos una vez más la interpelación de San Pablo: ¿Cómo van a invocarlo si no creen en Él?, ¿y cómo van a creer en Él, si no les ha sido anunciado, ¿y cómo va a ser anunciado, si nadie es enviado? Por eso dice la Escritura: ¡Qué hermosos son los pies del mensajero que trae la buena nueva!” (Rm 10, 13-15). La profundidad del corazón de nuestros contemporáneos clama por el encuentro con Dios: necesitan conocerle y amarle. Por ello es preciso el anuncio del mensaje de gracia que se concreta en nuestro compromiso evangelizador. Nuestro cuarto plan diocesano de Evangelización nos invita a que brille la luz de Jesús entre nosotros y nos habla de la necesidad de llevar esta luz a las calles y plazas, hogares y centros de trabajo, a los que sufren y a los necesitados. Y esta luz es Cristo. Sintámonos convocados nuevamente en este comienzo de año a la tarea evangelizadora. En ella encontraremos el gozo de comunicar a Cristo y de portar su luz y su amor a tantos hermanos y hermanos que los aguardan. Que Él os bendiga y acompañe durante este nuevo año que acabamos de inaugurar. 

Con afecto. 

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
Acerca de Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa 81 Articles
Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.