Eduquemos para la vida familiar

Mons. Atilano Rodríguez    El día 30 de diciembre, fiesta de la Sagrada Familia, la Iglesia celebra la Jornada de la Familia y de la Vida. A partir de la contemplación de los valores y virtudes de la familia de Nazaret se nos invita a descubrir lo que tendría que ser una auténtica familia humana. La Iglesia ha valorado siempre la institución familiar, no sólo porque responde al plan creador de Dios inscrito en la naturaleza humana, sino porque es la célula básica de la sociedad y el santuario de la vida. Por eso, cuando los poderes públicos y la sociedad en general no prestan la protección necesaria a la vida familiar, se está provocando un daño irreparable a las personas, a la sociedad y, por supuesto, a la Iglesia.

En la actualidad muchos observamos con profundo dolor y, en ocasiones, con impotencia las constantes amenazas al matrimonio y a la familia. El relativismo y el subjetivismo imperantes en la sociedad han llevado a la aprobación de algunas leyes que están provocando un daño irreparable a la institución familiar. La presentación de la sexualidad desgajada del amor, las engañosas propuestas sobre la libertad humana, la ridiculización de la fidelidad matrimonial y la contemplación de los hijos como una carga pesada para el matrimonio están condicionando profundamente la concepción del matrimonio, como comunión de personas, abierta a la transmisión de la vida.

Estos criterios, difundidos por algunos medios de comunicación, han calado profundamente en la conciencia de muchos jóvenes y adultos. Las consecuencias negativas de la aplicación de dichos criterios ya las estamos palpando en el deterioro progresivo de la institución familiar, en la multiplicación de las separaciones matrimoniales, en la violencia doméstica y en la creciente falta de respeto de los hijos hacia los padres. Si no se ponen pronto los remedios adecuados, mediante una formación integral de los niños y jóvenes, los problemas se multiplicarán en el futuro.

Para que esto no suceda, los sacerdotes, religiosos, padres de familia, educadores y todos aquellos que sufran el deterioro de la institución familiar deberíamos asumir conjuntamente nuestra responsabilidad en la formación de la recta conciencia de los niños y adolescentes, ayudándoles a descubrir el amor auténtico y el verdadero sentido de la libertad. Al mismo tiempo tendríamos que ayudarles a desenmascarar a los falsos profetas, que proponen unos comportamientos humanos basados en la comodidad y en el egoísmo, porque no creen en la alegría del amor verdadero.

El Papa Benedicto XVI, en la encíclica “Caritas in veritate”, después de pedir a los responsables de las naciones que promuevan políticas que favorezcan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, señala que es una necesidad social, e incluso económica, el “seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona” (n. 44).

En este día pidamos al Señor de un modo especial por la estabilidad familiar, por las familias divididas y por la protección de la vida humana en todos sus estadios. Con mi sincero afecto y bendición, feliz fiesta de la Sagrada Familia.

 

+ Atilano Rodríguez

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.