La verdadera Navidad cristiana

Mons. Melgar    ¡Queridos diocesanos: 

Al leer el título de esta carta os puede parecer extraño que, al hablar de “Navidad”, le haya añadido el calificativo de “cristiana” porque la Navidad es siempre cristiana pues en ella conmemoramos el Nacimiento de Cristo, el Hijo de Dios, que se encarna y pone su tienda entre nosotros, por amor a nosotros y para ofrecernos su salvación. 

Ahora bien, una cosa es la realidad de lo que conmemoramos y otra muy distinta cómo vivimos los hombres y mujeres, los niños y niñas, las familias actuales, etc. el significado de la auténtica Navidad. No es, permitidme la expresión, “nostalgia sensiblera” recordar la vivencia de la Navidad en nuestros pueblos, en nuestras familias hace no hace tantos años: calles engalanadas y ambientadas con signos religiosos relativos al Misterio navideño; familias reunidas en torno al nacimiento preparado en el hogar para explicar a los niños, desde bien pequeños, una verdadera catequesis de lo que representaban y significaban cada una de las figuras que lo componían; familias reunidas en torno a la mesa diaria pero que, en las fiestas de Navidad, tenían otros manjares que no solían aparecer los días “normales”, y que rezaban antes de comenzar para dar gracias al Señor por los alimentos recibidos, por la familia misma y por su Nacimiento para nuestra salvación; los cánticos de los villancicos; la asistencia a la Misa del Gallo, etc. 

La familia entera celebraba con gran sentido religioso cada una de las fiestas que componen el Tiempo de Navidad. El centro y el sentido de toda la celebración era el hecho más maravilloso que ha marcado la Historia: ha nacido el Salvador; esta gran noticia daba sentido a toda la alegría, a los cánticos y celebraciones. Todos juntos, y cada uno individualmente, vivíamos la Navidad como la conmemoración de la Encarnación del Hijo de Dios: ¡Dios se había hecho hombre por salvar a los hombres! Este hecho estaba en el centro de todo cuanto se celebraba y este ambiente de fe se respiraba durante estos días, al menos en todas las familias de los que nos llamamos cristianos. 

Hoy, el sentido de la Navidad -el sentido cristiano- sigue existiendo y viviéndose en muchas familias, gracias a Dios; pero, por desgracia, hoy la Navidad para muchos -para una gran mayoría, me atrevería a afirmar- no tiene el sentido cristiano y de fe, y se ha convertido en una fiesta totalmente pagana, en un motivo para gastar y divertirse pero sin ningún tinte creyente. Así, ya no se adornan las calles con motivos navideños religiosos porque, bajo la excusa de que “estamos en un Estado aconfesional”, todo lo que huele a Dios, fe y cristianismo hay que evitarlo. Las familias llenan sus casas con regalos, con el árbol y muchas luces de colores, pero no hay signos religiosos. Es muy difícil contemplar rezando ante el nacimiento (donde se sigue poniendo) o antes de la abundantísima cena de Nochebuena o de la comida de Navidad a muchísimas familias porque muchas de ellas ya ni saben orar pues no lo han hecho nunca. Menos aún el que  los padres expliquen a sus hijos la historia de los personajes del nacimiento y su significado porque ya ni los mismos padres lo conocen. Igualmente, no faltan cenas y comidas repletas de los mejores alimentos pero en las que no hay ni un momento para agradecerle al Señor sus beneficios, ni para darle gracias por la familia que forman ni por el gran regalo de la Encarnación del Hijo de Dios por salvarnos. Incluso, en muchos casos, hoy se celebra la Navidad en una total dispersión de los miembros de la familia (esquiando, o con amigos, o en hoteles y discotecas) en lugar de hacer todo lo posible para permanecer unidos y como familia. 

No trato de ser negativo pero sí realista, llamando a las cosas por su nombre; a la par, siento en el corazón una profunda tristeza por esta situación porque la Navidad debe significar la vivencia de días entrañables, llenos de motivación religiosa por el Nacimiento de Cristo, días en los que todos nos sintamos solidarios con los que no tienen y sepamos ofrecer al Niño Dios el regalo más precioso para Él: nuestra solidaridad, nuestra ayuda fraterna con los que no tienen con qué celebrar estos días; con los que están lejos de sus hogares y patria porque han tenido que labrarse el futuro a miles de kilómetros; con tantos parados y familias sin empleo -muy cerca de nosotros, quizá en nuestras propias familias- que necesitan que compartamos con ellos nuestros bienes, nuestra alegría y nuestra fe, de manera especial en estos días tan significativos. 

Necesitamos cristianizar nuestra Navidad porque si no ¿qué es lo que celebramos? Necesitamos volver a reunirnos en torno a la mesa como familia unida, orar juntos en la Nochebuena, acudir juntos a la Eucaristía en Navidad, darle gracias a Dios por cuanto recibimos de su mano generosa. Necesitamos rezar en familia y como familia en Navidad, como signo de nuestro reconocimiento de la presencia de Dios entre nosotros. Necesitamos hacer de nuestra Navidad, una Navidad solidaria, llena de amor a los demás; sabiendo compartir con ellos nuestra alegría, nuestro pan y nuestra fe; ofreciendo al Niño Dios el regalo de nuestro amor compartido con los demás; sabiendo prescindir de algo nuestro para que los que nos necesitan puedan tener -al menos- lo más imprescindible para poder celebrar en sus casas estos días de paz y de amor que son y significan los días de la Navidad. 

Que el Hijo eterno del Padre -que siendo Dios se ha hecho uno de nosotros para que nosotros llegáramos a ser hijos de Dios- nos ayude a compartir vida y bienes con los que nos necesitan, y así puedan descubrir a través de nuestro amor el amor de Cristo Salvador. Si vivimos así la Navidad, estaremos viviéndola en su auténtico y genuino sentido. ¡Hagámoslo! Hablemos en familia sobre cómo ser solidarios con los que nos necesitan y tengamos un gesto -como familia- de desprendimiento y generosidad para con ello ayudar a otras familias. En fin, tendamos la mano a tantos necesitados como encontramos hoy junto a nosotros porque, cuando tendemos la mano a quien nos necesita, estamos tendiéndole la mano a Dios que ha nacido pobre y se ha encarnado e identificado especialmente con ellos.

¡Feliz Navidad para todos!

+Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.