El pueblo que vivía a oscuras ha visto una gran luz

Mons. Pardo i Artigas    Con estas palabras del profeta Isaías se inicia la primera lectura dela Misadel Gallo. 

Tenemos necesidad de luz, de ser guiados, de salvación… Vivimos a oscuras, y tenemos necesidad de una palabra que aporta claridad para vivir el sentido de la existencia, que ofrezca vida, amor, perdón, solución para nuestra humanidad: es decir, Salvación…. 

Pensemos en cada uno de nosotros, en nuestra historia personal, en quienes nos aman y a quienes amamos… Pensemos en las heridas recibidas, en los fracasos personales, en las decepciones… Pensemos en los grandes problemas que afligen  la humanidad… 

Tenemos necesidad de que alguien nos muestre el sentido de la vida; que  nos permita saber que nos ama, con un amor fiel y total; que nos asegure y proclame la propia dignidad y la de toda persona. No solo somos fragilidad humana, con un papel en el escenario del mundo, y que luego desaparecemos sin dejar rastro. Cada uno de nosotros, durante esta Navidad podemos acercarnos a la luz, porque nuevamente podemos escuchar: “No temáis. Os anuncio una buena nueva que traerá al pueblo una gran alegría… Os ha nacido  un salvador, el Mesías, el Señor”. 

Dios se acerca a cada uno de nosotros, a cada mujer y a cada hombre de nuestro mundo. Dios se ha hecho hombre, un niño que será un adulto, una persona que tiene nombre: Jesús. 

Dios se ha hecho  debilidad y flaqueza humanas, uno más de entre nosotros, para comunicarse y darse a conocer como aquel que nos salva. La salvación no nos llega por medio de la fuerza, sino por la fragilidad de un niño y de un hombre… que nos ofrece un amor incondicional. ¿Se puede rechazar un Dios que se ha hecho niño? 

Nos es preciso sentir la mirada entrañable de Jesús, escuchar su palabra, dejarnos conducir por sus manos, sostenidos por sus brazos, valorados en nuestra fragilidad, perdonados por nuestras debilidades y errores.. Al mismo tiempo necesitamos que nos confirme en nuestra dignidad, que nos aliente para que nos descubra la dimensión más positiva de nuestras posibilidades. Precisamos confiar pues sabemos que siempre y en los momentos más difíciles está a nuestro lado. Precisamos esperanza, porque el camino de la vida nos lleva a Él, a vivir en plenitud todo aquello que soñamos. 

¡Vivamos el gozo de creer, de fiarnos de Jesús, el Salvador! 

Ahora bien, hemos de ir hasta Belén, debemos buscar  el Niño, debemos arriesgarnos. Y para ello:

–         Nos hace falta un corazón pobre, para descubrir que tenemos necesidad de salvación.

–         Nos hace falta la fe. Sólo con los ojos de la fe reconoceremos a Jesús en el mundo de hoy, en el belén de nuestros días.

–         Nos hace falta ser contemplativo desde la vida frenética del tiempo presente. Y ser contemplativo significa darse cuenta de lo que sucede, a nuestro alrededor, escuchar y hablar por medio de la palabra.

–         Nos hace falta ser amados y nos hace falta amar.

–         Nos hace falta ser humildes para aceptar la presencia de Dios en la debilidad de un recién nacido, de un joven predicador y de un crucificado. Hoy día hace falta ser humilde para descubrir su presencia en unos signos tan humanos, como son los sacramentos, aceptar la presencia del Señor en su familia que esla Iglesiay en aquellos con los que se identifica. 

Será entonces cuando tendremos la experiencia de hallarlo y llenarnos de alegría. 

Ciertamente lo hallamos en medio de las flaquezas de nuestros hermanos cristianos, en nuestras parroquias y comunidades; lo hallamos en medio  de la sencillez de nuestros servicios pastorales, lo hallamos en medio de la paz, serenidad y silencio de la plegaria,  lo hallamos en el rostro de nuestros niños, jóvenes y mayores cuando les manifestamos nuestro amor, lo hallamos cuando nos dejamos amar por Dios; lo hallamos allá donde muy pocos buscan la felicidad: junto a los enfermos, los pobres y de cuantos necesitan una palabra de amor… Lo hallamos cuando, en los momentos más duros, sin consuelo alguno ni esperanza humana, nos dirigimos a Él y le decimos: “En vos confío”. 

La Navidades una comunicación fácil de entender, muy próxima: Dios se nos ha manifestado, María y los pastores también. Esta comunicación de Dios nos ha llegado y nos llega por medio de muchas personas. Todos tenemos nuestros ángeles mensajeros que han hecho resonarla BuenaNuevaen nuestros corazones. 

Ahora, somos nosotros tales ángeles mensajeros. Habéis de serlo vosotros padres y abuelos. No dimitáis de vuestra responsabilidad. Los catequistas también. Los jóvenes que habéis tenido la suerte de haber hallado a Jesús, habéis de comunicar –como así hicieron los pastores- vuestra experiencia, en vuestro entorno, y hacedlo siempre con alegría. Hacedlo así todos los voluntarios, todos los fieles cristianos. 

No olvidemos nunca que somos transmisores de una buena noticia, de una gran alegría, la de aquel que llevala Salvación…

Cuando hoy, o estos días, os beséis u os abracéis, o simplemente encajéis las manos, decíos, esposos, padres e hijos, familiares, cristianos de la parroquia, amigos: gracias por ayudarme a ir hasta Belén y así hallar a Jesús. ¡Hoy es Navidad!

 +Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 460 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.