El presidente de CONFER pide que la pobreza y humildad de los religiosos irradien la «luz de Belén»

El presidente de CONFER, el P. Elías Royón, sj, ha publicado su mensaje para la Navidad de 2011. «Pobreza, humildad, debilidad, sencillez, … esta es la «luz de Belén», y en su mensaje, el P. Elías Royón anima a los religiosos y religiosas a reflejar esa luz en la Iglesia y en la sociedad.

«Sólo si nos dejamos iluminar por esa luz», continúa el mensaje, «seremos sensibles a que nuestra sociedad ha desplazado a los márgenes a aquellos que para Jesús son el centro». Por ese motivo, ser testigos de la luz de Belén supone una vidas personales y comunitarias abiertas al gozo y al compromiso de la fe; a acoger a los que más sufren los efectos materiales y morales de la crisis; a denunciar las injusticias en el reparto de sus consecuencias; a ser voz de los obligados de mil maneras, a callar, consuelo de los que viven en abandono y soledad, esperanza para los desilusionados y frustrados de tantas promesas vanas…

Reproducimos a continuación el mensaje íntegro y también puede leerse en la página web de CONFER.

Reflejar la luz de Belén.

El pueblo que caminaba a oscuras,
vio una luz intensa,
los que habitaban un país de sombras
se inundaron de luz (Is 9,1).

La gloria del Señor los envolvió en su luz (Lc 2,9).

Queridas hermanas, queridos hermanos:

Cuando estamos ya en las vísperas de la solemnidad de la Navidad, y nos disponemos a celebrar la fiesta del amor de un Dios que se hace Niño, os hago llegar por estas líneas mi deseo de que el Señor nos regale, a los religiosos y religiosas de España, unas Navidades de luz. Que se nos conceda reflejar la luz de Belén en la Iglesia y en la sociedad.

Un niño, unos pañales, un pesebre, unos pastores… estas son las señales evangélicas del camino a Jesús. Pobreza, humildad, debilidad, sencillez, … esta es la “luz de Belén”. La luz del Niño de Belén que se alarga hasta la luz de Cristo muerto y resucitado. La luz que brilla en la noche santa de la Navidad se prolonga en la luz de la solemne vigilia de Pascua. Natividad y Resurrección las dos grandes luminarias que brillan como «luz del mundo».

Una luz que no deslumbra por su espectacularidad sino que ilumina el corazón y la inteligencia en la oscuridad de tantas situaciones. La luz que pone de manifiesto la verdad y la dignidad de cada persona. La luz que señala la presencia del amor de Dios en la historia. Como consagrados somos llamados a ser reflejos de esta «la luz de Belén» en el mundo. Este es el desafío de nuestra vocación: ser buscadores de la Luz, apasionados por encontrarla para que ilumine nuestras propias vidas y puedan ser para otros señales para el camino del encuentro con Jesucristo. Del misterio de esa Luz nace la esperanza para la humanidad, la luz que brilla en la noche y desenmascara el egoísmo y la oscuridad que se esconde detrás de tantas falsas alegrías y promesas engañosas de felicidad.

Sólo si nos dejamos iluminar por la luz de Belén seremos sensibles a que nuestra sociedad ha desplazado a los márgenes a aquellos que para Jesús son el centro; a los que los ángeles anuncian en primer lugar el nacimiento del Salvador, y los hacen mensajeros de esa esperanza: «la gloria del Señor los envolvió en su luz».

Una luz que seguirá brillando si es sostenida por hombres y mujeres que se dejan iluminar por ella. La Luz se hizo ya presente en Belén; y ahora, somos nosotros, los religiosos y religiosas junto a tantos otros cristianos, los llamados a ser «testigos de esa luz», a hacer brillar esa luz con nuestras vidas personales y comunitarias en medio de la oscuridad de nuestro mundo. Vidas abiertas al gozo y al compromiso de la fe; a acoger a los que más sufren los efectos materiales y morales de la crisis; a denunciar las injusticias en el reparto de sus consecuencias; a ser voz de los obligados de mil maneras, a callar, consuelo de los que viven en abandono y soledad, esperanza para los desilusionados y frustrados de tantas promesas vanas…

Pidamos a la Virgen Madre que estas Navidades sean ocasión de profundizar en el misterio de que la Luz de Belén quiere iluminar la noche del mundo a través del reflejo de nuestra luz. Y que su presencia seguirá creciendo si nosotros, los religiosos y las religiosas, respondemos a la llamada a ser reflejos de la Luz, centinelas que aguardan la aurora para gritar la esperanza de que es de día, para anunciar, como testigos, la llegada de la Luz.

Navidad 2011.

Elías Royón, S.J.
Presidente de CONFER.

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