Navidad y un mundo mejor

Mons. Fracisco Gil Hellín   Navidad está a la puerta. El próximo sábado celebraremos la Nochebuena. Llega, por tanto, la época más feliz del año para los niños y para quienes quieren volver a serlo. Los días en que deseamos lo mejor al pescadero, al frutero, a la cajera del supermercado, al que nos vende el periódico, al conductor del autobús, al vecino de enfrente, al portero de la finca, al que se cruza en nuestro camino al trabajo. Las fechas en que pasamos por alto los fallos involuntarios de los demás, en que echamos a la mejor parte sus intenciones, en que ayudamos un poco más en casa y, por supuesto, no se nos olvida llamar por teléfono a los padres, a los hermanos, a los amigos.

En Navidad chirrían aún más los disparos de todas las guerras, los malos tratos, las violencias verbales y físicas, el hambre de los países subdesarrollados, la muerte de los niños abortados, los matrimonios destruidos, los enfrentamientos familiares y sociales, la explotación de los más débiles. 

En Navidad el perdón se hace más fácil, los reencuentros aumentan, se redescubren la familia y la amistad. Hay un ambiente generalizado de tender puentes, de aunar voluntades, de tirar del mismo carro y en la misma dirección, de reconocer las diferencias, de no ver a los demás como adversarios, de manifestar que tenemos corazón. Diríase que Navidad pone ante nuestros ojos el horizonte de un mundo mucho más habitable y mucho más humano. Más aún, lo que es, si cabe, más importante: que ese mundo está al alcance de nuestra mano. Porque es un mundo que no está hecho de cosas supergrandes, superdifíciles y supercomplicadas, sino de cosas pequeñas, sencillas y muy concretas. 

Para construir ese nuevo edificio, en el que todos podamos vivir y vivir como hermanos, basta con que arrimemos muchos millones de ladrillos de obras pequeñas pero buenas; que aportemos las horas de nuestro trabajo diario realizadas con perfección y espíritu de servicio; que mezclemos cantidades industriales de granos de arena insignificantes pero positivos con el cemento de la mejor buena voluntad y el agua del buen humor y la sonrisa permanente; que veamos en el que trabaja a nuestro lado un compañero y un hermano. 

¡Es posible un mundo nuevo! Más aún, no es demasiado difícil construirlo. Pero es indispensable que seamos conscientes de ello y pongamos manos a la obra, redescubriendo los cimientos sobre los cuales se pueden construir las cosas grandes y duraderas: el matrimonio, la familia, la amistad, el trabajo bien hecho y con afán de servicio, el perdón, la unión que evita la uniformidad, la solidaridad, el valor inmenso de lo pequeño realizado con amor, la aceptación del otro con sus virtudes y defectos. 

La Navidad cristiana nos recuerda que este mundo no es un sueño, una quimera, una utopía. Porque la venida de Dios a la tierra ha destruido todas las barreras étnicas, culturales y sociales de los pueblos y de las personas; y, a la vez, ha hecho a todos los hombres hijos suyos y, por eso, hermanos entre sí. Si miramos con hondura el misterio de Navidad, nos encontraremos con un Dios que, siendo grande, se hace pequeño, siendo rico se hace pobre, siendo omnipotente se hace desvalido, siendo la fuente y el origen del amor mendiga un poco de amor. 

Miremos, pues, ese misterio y pidamos al Niño Jesús que cada uno seamos un poco mejores en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestro barrio, en nuestro pueblo. Que regalemos amor y comprensión a las personas con las que vivimos y trabajamos. Y que miremos con ojos nuevos al emigrante, al parado, al enfermo, a los ancianos que viven solos, a los matrimonios en dificultad. ¡Hagamos un mundo nuevo, porque es Navidad! 

+Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

 

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.