Estamos llamados a ser evangelizadores

Mons. Antonio Algora   Os invito a leer el último punto del Marco en el que se desenvuelve el Plan Diocesano de Pastoral: QUINTO, Todos los miembros de la Iglesia estamos llamados a ser evangelizadores. Como nos recuerda el concilio Vaticano II, hay en la Iglesia diversidad de ministerios, pero unidad de misión (AA2). Sacerdotes, religiosos y laicos debemos vivir nuestra peculiar vocación desde la común misión evangelizadora. «Creí por eso hablé» (2 Co 4,13). La vitalidad de la transmisión de la fe ciertamente depende de la gracia de Dios, pero también de la fidelidad a la vocación de cada uno de los miembros de la comunidad cristiana.

¿No os llama la atención que todas las personas que aparecen junto al Niño Jesús lo cuentan a los demás? El común denominador es el sencillo hecho de “ver” al Niño envuelto en pañales. Sí, ciertamente: «Creí por eso hablé». Sacerdotes, religiosos y laicos, todos estamos llamados a ser testigos de lo que “hemos visto y oído”.

Apenas queda una semana para el Día de Navidad y nuestra preparación que es este tiempo de Adviento nos ha de hacer rezar más y mejor: más tiempo y más confiadamente pedigüeños de la experiencia de su Amor entrañable. Últimos días de Adviento que nos llevan a pedir perdón en la Confesión: Hemos pecado… y nos duele haber dejado a Dios en segundo plano faltando a la vez a nuestro prójimo. Han de ser estos, días de descubrir las condiciones que se están dando en muchos de nuestros contemporáneos: ¿la soledad?, ¿el paro?, ¿la falta de los recursos mínimos para vivir con dignidad?, ¿acaso la frialdad del abandono?, ¿la sensación de no ser nadie para los otros?

Sabemos que esas fueron las condiciones en que la Virgen María dio a luz y recostó al Niño envuelto en pañales en un pesebre: ¡no hubo para ellos habitación en la posada! Pero ¡atención! No caigamos en la tentación de resolver los problemas económicos con la economía; los problemas sicológicos y de salud con la sicología y la medicina… y ¡qué bien! ya está todo resuelto. Jesucristo viene a estar con nosotros y lo que necesitamos es su Presencia, las demás “soluciones” ya se han dado en el inmediato pasado y no han resuelto casi nada si han estado hechas al margen de Dios.

“La vitalidad de la transmisión de la fe ciertamente depende de la gracia de Dios, pero también de la fidelidad a la vocación de cada uno de los miembros de la comunidad cristiana”. El Señor resucitado está con nosotros y, por eso mismo, podemos celebrar dentro de unos días su Nacimiento como acontecimiento de presente. Es Dios quien se hace “regalo”, “don”, “gracia” en el seno de la Iglesia, en la comunidad cristiana que está constituida por esas tres grandes vocaciones que son: sacerdocio, vida consagrada y seglares en medio del mundo. Por eso, preparar la Navidad es para nosotros reavivar la gracia recibida, la vocación de cada uno, pues de nuestra fidelidad a esa “llamada” del Señor ha hecho depender Dios Padre que su Hijo venga al mundo en esta Navidad del 2011.

Una fidelidad que en María, nuestra Señora, no se reduce al hecho de ser la Madre de Dios sino que es la permanente disposición a estar atenta a lo que Dios quiere de Ella tal y como nos la presenta el Evangelio de San Juan desde el comienzo: fuerza la manifestación de su Hijo como Mesías, Salvador en la boda de Caná; en la Cruz, permanece de pie, firme, en el momento de la más grande prueba de fe en la Misión salvadora del Hijo de sus entrañas. Fidelidad que “hace” la Iglesia en la espera de Pentecostés perseverando en la oración reunida con los Apóstoles. Recemos, pues, y que El Señor que viene nos haga sus testigos elocuentes.

Vuestro obispo

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

 

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.