Un año de pastoral joven

Mons. Ángel Rubio    En este año que termina quiero destacar algunos de los acontecimientos más importantes que hemos vivido a lo largo de estos doce meses. Me resulta inolvidable el encuentro en Segovia con los niños que se preparan para recibir su primera comunión; acompañados de sus padres confesaban públicamente, uno por uno, ante el Santísimo Sacramento del Altar, su deseo de recibir la primera comunión. En sus ojos bien abiertos y transparentes pudimos comprobar la belleza de su inocencia bautismal.

El sacramento de la confirmación administrado a nuestros adolescentes, acompañados de sus padres y padrinos, después de un tiempo de preparación catequético, es uno de los momentos de más vida eclesial en las parroquias y arciprestazgos. A este respecto conviene recordar la confirmación de adultos en la Catedral en el día de Pentecostés precedido de un catecumenado de adultos. La novena a Nuestra Señora de la Fuencisla forma parte de los acontecimientos que anualmente congrega a una multitud de segovianos que veneran con fe y devoción a la Madre de Dios.

En el año que termina se ha dejado constancia de arte, cultura y fe con la Beatificación del papa Juan Pablo II que visitó Segovia en el año 1982. Pudimos, con motivo de su beatificación, celebrar una misa de acción de gracias en la alameda de la Fuencisla en donde a partir de este año permanece, como homenaje sentido y recuerdo de nuestra diócesis, una escultura de bronce que del nuevo beato.  Nuevamente pudimos expresar nuestro afecto al papa Juan Pablo II durante la peregrinación a Roma. Allí, en la Basílica de san Pedro, pudimos celebrar la Eucaristía sobre el altar donde reposa su cuerpo sin vida; pudimos vivir un acontecimiento de gracia, que culminó con la participación en la Audiencia General del Papa Benedicto XVI recibiendo su saludo personal a los segovianos con su Obispo y su bendición apostólica.

Verdadera “cascada de luz” en Segovia ha sido, sin duda, los llamados “Días en las diócesis” celebrados con motivo de la JMJ. Durante esos días pasaron por Segovia miles de jóvenes procedentes de más de una treintena de países de los cinco continentes, fueron acogidos en familias, colegios, parroquias y pabellones, recorrieron nuestras plazas y calles, visitaron nuestras iglesias y edificios más significativos, en la capital y en los arciprestazgos. A estos jóvenes se les ofreció la posibilidad de un encuentro vivo con la  historia y la realidad presente de la Iglesia.

La diócesis de Segovia se vio agraciada en un ejemplar intercambio de dones con el entusiasmo de quienes llegaban dispuestos a celebrar la fiesta de la fe, vivida y proclamada en la comunión de la Iglesia católica, celebrada en los sacramentos y manifestada y verificada en la fraternidad y la amistad compartida. Todo ello contagio a nuestra ciudad y pueblos de la alegría de la vida cristiana, públicamente expresada, y ayudó a los jóvenes a redescubrir, en su propia casa, la riqueza humana que supone el impagable tesoro de la fe en Cristo. La misa de envío en la Santa Iglesia Catedral ofreció un extraordinario e inolvidable don del Espíritu y un inmenso Cenáculo de gracia.

La inmensa asamblea multicolor y universal —niños, jóvenes y adultos— no cabía en el templo catedralicio. “Jamás habíamos visto cosa igual”. La JMJ en Segovia y en España ha sido una generosa siembra. Hemos de recoger sus frutos y hemos de aprovechar el impulso apostólico que de ella se deriva para proseguir con decisión y confianza la tarea de la nueva evangelización en todos los ámbitos, particularmente en la pastoral de juventud. El nuevo y vigoroso Secretariado de Juventud ha programado por la diócesis el encuentro con los jóvenes en los diversos arciprestazgos para proseguir con el estudio y apostolado del “Youcat”, regalo personal del Papa a todos los jóvenes. Hemos comprobado que la Iglesia está viva y es joven.

Es cierto que hay entre nosotros muchos jóvenes que no han sido en absoluto iniciados en la fe o que lo han sido de modo muy deficiente. No pocos se han apartado de la fe de sus padres. La tarea es grande. Urge la nueva evangelización. La Iglesia también es joven porque hay muchos, muchísimos jóvenes, que son Iglesia con toda el alma; y que lo son de manera muy cualificada: llenos de amor a Jesucristo, sin miedo a manifestarlo públicamente creyentes; llenos de entusiasmo apostólico para llevar a sus amigos y a toda la sociedad la salvación que solo se encuentra en Él; cultos y bien formados, porque han cultivado bien sus capacidades humanas; sensibles al sufrimiento material y espiritual de los hombres; liberados de los prejuicios propios del humanismo inmanentista y de la cultura de la muerte; abiertos a la diversidad de culturas y a la nueva unidad de todos los hombres en una Tierra cada vez más pequeña. La Iglesia es joven porque es de Cristo, eternamente joven.

 

+Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
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Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.