IV Domingo de Adviento

Mons. Manuel Ureña     La lógica interna del Adviento hace que centremos, primero, la mirada en la segunda venida del Salvador y que, desde esa segunda venida, volvamos la mirada, después, a la primera. La clave de aquélla se encuentra en ésta. 

Realmente, así es. Pues ¿cómo podríamos mantener fija la mirada en el Cristo futuro si no obtuviéramos la fuerza necesaria para ello en el Cristo ya venido en carne? ¿Cómo podríamos sostener la esperanza en la segunda venida del Señor si no ardiéramos en deseos de salir al encuentro del Cristo ya venido en la humildad de nuestra naturaleza? Al fin y al cabo, conocemos al Cristo futuro desde el Cristo nacido bajo la ley, del seno de una mujer, y ya presente entre nosotros por la acción del Espíritu. 

Por eso, si durante la primera mitad del Adviento insiste la Iglesia en la contemplación de la segunda venida del Redentor, en la segunda mitad guía aquélla nuestras mentes y nuestros corazones a la meditación de la primera venida, haciendo especial hincapié en ésta. 

La memoria de la primera venida y la experiencia mística de ésta por medio de la fe y de la esperanza, de los sacramentos y de la caridad, encienden nuestros corazones y crean en éstos el deseo ardiente de la segunda venida del Señor. 

Pues bien, hoy, Domingo IV de Adviento, cuando la celebración litúrgica de la Navidad está ya a las puertas, la Iglesia hace que levantemos la mirada, no precisamente a Juan Bautista, ampliamente escuchado en la liturgia de la palabra de los domingos II y III de Adviento, sino a María, la Madre del Señor Jesús, la única mujer de la humanidad llena de gracia y de virtudes y, por tanto, la única mujer adecuadamente preparada para recibir al Señor. 

Juan Bautista y María son dos figuras clave del Adviento. Una y otra guardan una relación muy estrecha con la primera venida del Señor. Pero se da un gran salto cualitativo entre el Precursor del Verbo y la Madre del Verbo, a la que el cuarto domingo de Adviento dedica toda su atención. 

Juan el Bautista, el pariente cercano del Señor, hijo de Isabel y de Zacarías, es, sin duda, el más grande de los nacidos de mujer, pues Dios le concede el honor de proclamar la inminente presencia del Mesías y de señalarle después entre los hombres. Pero Juan el Bautista, aun siendo muy grande, se sitúa en la línea de los profetas veterotestamentarios que anunciaron la llegada del Mesías a la tierra. Él no es el Mesías ni el portador o transmisor del Mesías, sino solamente  aquel que ha sido enviado a preparar los caminos del Señor. El bautismo que imparte no otorga el Espíritu Santo y, por tanto, no perdona los pecados ni da la vida. Es sólo un bautismo de penitencia. Juan el Bautista, testigo de Cristo, aun siendo el mayor de los nacidos de mujer, es, desde el principio hasta el final, un pecador entre pecadores y un profeta entre profetas. 

Nada de esto ocurre con María, que representa un salto cualitativo respecto de Juan el Bautista. Ciertamente, María no es una diosa. Ella es una mujer, una persona humana venida a este mundo por generación natural, concebida en el seno pecador de su madre biológica por un acto de amor matrimonial: el amor entre un esposo y una esposa. Pero, a diferencia de lo que sucede con las demás mujeres, Dios Padre preservó a María del pecado original desde el primer momento de su concepción y la adornó de toda clase de gracias y de perfecciones para que pudiera ser la Madre del Mesías, aquella mujer ciertamente singular por la que Cristo, el Hijo de Dios, había de venir a este mundo y hacerse hombre. 

Así, pues, María no recibe simplemente la vocación de preparar los caminos del Señor. Ella es llamada por el Padre a ser la Madre misma del Hijo del Altísimo, del Hijo de Dios. Como dice el cuarto Prefacio de Adviento, en el seno virginal de la hija de Sión ha germinado aquel que nos nutre con el pan de los ángeles, y han brotado para todo el género humano la salvación y la paz. 

Preparémonos a recibir al Hijo de María la noche del 24 de diciembre. Acudamos a la Madre y pidámosle nos muestre a su Hijo, a Cristo el Señor hecho carne en su seno. Y que, por la fe y los sacramentos, de tal modo seamos interiormente regenerados y transformados, que el Hijo de María sea concebido en nuestros corazones y no sea nunca expulsado de allí por culpa de nuestros pecados. 

+ Manuel Ureña Pastor

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.